Siguiendo el latido
Cuando salí de aquel túnel, atravesé las yermas tierras corrompidas por el Vacío en Shurima hasta alcanzar el desierto de Sai Khaleek. La neblinosa manta que oscurecía el cielo de Icathia y sus alrededores desapareció, dando lugar a una noche despejada y cubierta de estrellas. Reservé mis poderes y anduve sobre la arena. Al amanecer, cuando alcancé el río Madre de Vida, lo crucé y seguí su curso hasta la frontera con Ixtal, donde se convertía en el río Serpentino. Allí, la exuberante vegetación selvática cambió radicalmente el paisaje, las copas de los árboles formaban un denso techo verde sobre mí, y el sonido de la vida silvestre llenaba el aire. Este contraste con las áridas tierras de Shurima era casi abrumador, pero no permití que la belleza de Ixtal me distrajera de mi misión.
Dentro de las cuevas, descubrí una pareja de Brackern durmiendo. Estas antiguas criaturas, parecidas a escorpiones cristalinos gigantes, poseían magia elemental de la tierra y en sus colas tenían preciadas gemas mágicas, muy valoradas por los piltoverianos para desarrollar su tecnología hextech. Aprovechando mis poderes, canalicé la energía bruta de Vacío y eliminé a ambas criaturas con un demoledor ataque explosivo. Después solo tuve que extraer las valiosas gemas de sus colas, asegurándome así de tener recursos que serían cruciales para mi misión.
Sostuve una de las gemas a la luz tenue de la cueva, observando su forma irregular y su superficie rugosa. A través de la capa de minerales y suciedad, podía ver un brillo interno, donde la luz danzaba en un caleidoscopio de colores que iban desde el azul profundo hasta el verde esmeralda y el dorado cálido. Pulsaba energía viva y potencialmente peligrosa.