martes, 18 de noviembre de 2025

LOS OJOS DEL HIELO - CAPITULO 10

La llamada del norte

Cuando Kayle me llamó a su despacho, su expresión ya me anunciaba que no traía buenas noticias… o al menos no para mí.

- La Academia de Combate y el Instituto de Guerra nos han enviado la próxima promoción de reclutas... Irás con ellos a la Grieta del Invocador, - dijo, usando ese tono que siempre empleaba cuando presentaba una orden disfrazada de oportunidad - Necesitan disciplina. Y tú… puedes aprender a trabajar con otros.

- ¿Con los novatos? - arqueé una ceja - ¿Otra vez?

- Eres de mis mejores agentes. Serás una instructora más que competente para ellos. Tómatelo como unas vacaciones después de tu última misión - la miré desafiante; hacer de niñera no estaba entre mis aficiones - Irás, no hay más que hablar. Y esta vez, Diana… contén tus impulsos.

Suspiré. Era inútil llevarle la contraria.

- Está bien - respondí - Pero si un cadete intenta lanzarme un hechizo sin apuntar, no me hago responsable.

Creo que la oí bufar, pero salí del despacho sin mirar atrás.

domingo, 16 de noviembre de 2025

LOS OJOS DEL MIEDO - CAPÍTULO 9

Me adentré en la mente de aquel mago que avanzaba, sin saberlo, hacia mis dominios. Su presencia se hacía más nítida con cada sueño que compartíamos, cada vez estaba más cerca. Estaba convencido de que aquí encontraría la fuerza que necesitaba para su cruzada… pobre criatura. Cuando ambos despertamos de su visión, no pude evitar sonreír. Creía venir en busca de un arma para su causa, sin imaginar que será él quien acabaría sirviendo a la mía.

jueves, 13 de noviembre de 2025

LOS OJOS DEL HIELO - CAPITULO 8

Cambio de planes


SYLAS

El viento del norte ululaba entre las tiendas del campamento, cargado de la amargura de la derrota. Las llamas del fuego titilaban, débiles, reflejándose en los ojos cansados de los guerreros de la Garra Invernal. Nadie hablaba. El silencio dolía más que las heridas.

Sejuani permanecía junto a la hoguera, el rostro endurecido, la mirada fija en el horizonte helado donde Ashe se había alzado victoriosa bajo el amparo de la diosa del hielo. Su respiración era pesada; sus puños, aún tensos sobre el mango del mangual.

- No deberíamos habernos ido - murmuró, sin apartar la vista del fuego - Tendría que haber luchado hasta mi último aliento.

- Y habrías muerto - le respondí con calma - No puedes gobernar Freljord desde una tumba.

Ella me lanzó una mirada gélida.

- ¿Pretendes que me consuele con palabras de cobarde?

- Pretendo que pienses - contesté, dejando que mis cadenas se deslicen lentamente por la nieve - Tómalo como una pausa, no como una rendición. Eres una líder fuerte, pero necesitas soldados, no mártires. Cada uno de tus guerreros vale por diez avarosanos, pero Ashe te supera en número… y en aliados.

Sejuani soltó una carcajada amarga.

- ¿Y qué propones?  Ashe lleva años llenándoles la cabeza con cuentos de unidad y esperanza.

Sabía cómo hablarle. No de debilidad ni de pérdidas, sino de poder. Era el único idioma que Sejuani respetaba.

- Propongo adelantar nuestro pacto - dije, inclinándome ligeramente hacia ella - Ayúdame a liberar Demacia. Ayúdame a derribar sus muros y sacar de sus mazmorras a los magos que allí pudren sus dones. Ellos pueden ser tu ejército.

domingo, 20 de julio de 2025

LOS OJOS DEL HIELO - CAPITULO 7

Siguiendo el latido

Cuando salí de aquel túnel, atravesé las yermas tierras corrompidas por el Vacío en Shurima hasta alcanzar el desierto de Sai Khaleek. La neblinosa manta que oscurecía el cielo de Icathia y sus alrededores desapareció, dando lugar a una noche despejada y cubierta de estrellas. Reservé mis poderes y anduve sobre la arena. Al amanecer, cuando alcancé el río Madre de Vida, lo crucé y seguí su curso hasta la frontera con Ixtal, donde se convertía en el río Serpentino. Allí, la exuberante vegetación selvática cambió radicalmente el paisaje, las copas de los árboles formaban un denso techo verde sobre mí, y el sonido de la vida silvestre llenaba el aire. Este contraste con las áridas tierras de Shurima era casi abrumador, pero no permití que la belleza de Ixtal me distrajera de mi misión.

Mientras el río serpenteaba hacia las profundidades de la selva ixtaleña, me desvié en dirección a Kalduga. A medida que avanzaba, el terreno se volvía más escarpado y rocoso, no obstante, decidí cruzar el desierto de Shurima en lugar de las montañas para ahorrar tiempo, una decisión que demostró ser acertada. A pesar, de que una enorme tormenta de arena me alcanzó en los áridos y pedregosos valles, encontré resguardo en unas cuevas subterráneas hasta que terminó.

Dentro de las cuevas, descubrí una pareja de Brackern durmiendo. Estas antiguas criaturas, parecidas a escorpiones cristalinos gigantes, poseían magia elemental de la tierra y en sus colas tenían preciadas gemas mágicas, muy valoradas por los piltoverianos para desarrollar su tecnología hextech. Aprovechando mis poderes, canalicé la energía bruta de Vacío y eliminé a ambas criaturas con un demoledor ataque explosivo. Después solo tuve que extraer las valiosas gemas de sus colas, asegurándome así de tener recursos que serían cruciales para mi misión.

Sostuve una de las gemas a la luz tenue de la cueva, observando su forma irregular y su superficie rugosa. A través de la capa de minerales y suciedad, podía ver un brillo interno, donde la luz danzaba en un caleidoscopio de colores que iban desde el azul profundo hasta el verde esmeralda y el dorado cálido. Pulsaba energía viva y potencialmente peligrosa. 

domingo, 18 de mayo de 2025

LOS OJOS DEL HIELO - CAPITULO 6

El precio de la alianza


SYLAS


Estaba en un bosque de árboles de hielo, sus ramas brillaban con un resplandor etéreo. Caminaba entre ellos, guiado por una presencia invisible. De repente, el paisaje cambió: me encontré en medio de una batalla feroz. Dos ejércitos chocaban con furia, uno era liderado por una mujer con una corona y un arco de hielo; el otro, por una guerrera imponente, con un casco con cuernos y montada sobre su drüvask.

Las flechas cruzaban el aire y las armas chocaban como truenos. Permanecí inmóvil, mis pies no respondían a mis ordenes. Intenté gritar, pero ningún sonido escapó de mi garganta. Entonces las vi: tres figuras encapuchadas observaban la batalla desde la distancia. La del centro levantó una mano y la tierra comenzó a temblar, las otras dos mujeres encapuchadas cayeron en el abismo que se abrió bajo sus pies, al igual que los ejércitos. Entonces, me sonrió. Pestañeé aturdido y me sorprendí. Aquella mujer ya no me observaba desde la lejanía, sino que estaba enfrente mía. 

Aquella mujer levantó la cabeza y me miró, sin embargo, una venda cubría sus ojos. Al quitársela vi dos pozos negros donde antes hubo ojos. 

- Perdí la visión por querer dominar los secretos de la magia elemental - me confesó - pero tú... tú puedes aprenderlos sin pagar ese precio, si sabes donde buscar.

La figura se giró entonces y señaló los picos montañosos, desvaneciéndose como humo en el viento. Su voz sin embargo aún susurraba en mi oído.

- Deberás darte prisa porque el tiempo se agota. Debes encontrarlos antes de que mis hermanas regresen... antes de que el hielo se rompa y los horrores sean liberados.

Antes de que su voz se evaporara del todo, el suelo bajo mis pies se rompió y caí en un abismo sin fondo.

Desperté sobresaltado en mi tienda, con el corazón golpeando con fuerza en mi pecho. Era la tercera vez que soñaba con lo mismo, se estaba volviendo algo recurrente. Sabía que estos sueños no eran simples fantasías, pero no lograba descifrar que querían de mi... ni quien era esa mujer invidente. Sin embargo, sentía como el corazón me guiaba hacia algún lugar olvidado de Freljord. Un lugar que necesitaba encontrar.