Siguiendo el latido
Cuando salí de aquel túnel, atravesé las yermas tierras corrompidas por el Vacío en Shurima hasta alcanzar el desierto de Sai Khaleek. La neblinosa manta que oscurecía el cielo de Icathia y sus alrededores desapareció, dando lugar a una noche despejada y cubierta de estrellas. Reservé mis poderes y anduve sobre la arena. Al amanecer, cuando alcancé el río Madre de Vida, lo crucé y seguí su curso hasta la frontera con Ixtal, donde se convertía en el río Serpentino. Allí, la exuberante vegetación selvática cambió radicalmente el paisaje, las copas de los árboles formaban un denso techo verde sobre mí, y el sonido de la vida silvestre llenaba el aire. Este contraste con las áridas tierras de Shurima era casi abrumador, pero no permití que la belleza de Ixtal me distrajera de mi misión.
Dentro de las cuevas, descubrí una pareja de Brackern durmiendo. Estas antiguas criaturas, parecidas a escorpiones cristalinos gigantes, poseían magia elemental de la tierra y en sus colas tenían preciadas gemas mágicas, muy valoradas por los piltoverianos para desarrollar su tecnología hextech. Aprovechando mis poderes, canalicé la energía bruta de Vacío y eliminé a ambas criaturas con un demoledor ataque explosivo. Después solo tuve que extraer las valiosas gemas de sus colas, asegurándome así de tener recursos que serían cruciales para mi misión.
Sostuve una de las gemas a la luz tenue de la cueva, observando su forma irregular y su superficie rugosa. A través de la capa de minerales y suciedad, podía ver un brillo interno, donde la luz danzaba en un caleidoscopio de colores que iban desde el azul profundo hasta el verde esmeralda y el dorado cálido. Pulsaba energía viva y potencialmente peligrosa.
<<Estas gemas me servirán para hacer dinero rápidamente>> pensé. <<Y quizás podría usarlas para mi propio beneficio...>>
Cuando la tormenta acabó, salí de la cueva y atravesé el amplio desierto, alejándome de las montañas, hasta llegar a Bel'Zhun, una pequeña ciudad costera de Shurima conquistada por Noxus. No fue difícil vender allí la primera de las gemas. Con lo que gané, compré provisiones y me embarqué en un buque camino de Piltover.
La ciudad de Piltover era una rica y tecnológica metrópoli. Cuando las puertas marítimas se abrieron y el buque atravesó las Puertas del Sol hacia el puerto, ya entrada la tarde, quedé deslumbrado por la vista. Los altos edificios de metal dorado y plateado, los techos acristalados y los ventanales azulados de los edificios resplandecían bajo la luz del sol. Al llegar a puerto, tanto el embarcadero como la ciudad eran un hervidero de actividad, descargando mercancías de todos los rincones de Runaterra, los famosos hexportales, que habían hecho prosperar aún más la ciudad, se activaban cada pocos minutos enviando y recibiendo productos.
Después de desembarcar, caminé por las calles del barrio comercial, la gente sofisticada paseaba tranquila con los brazos llenos de bolsas con sus últimas compras. Me coloqué bien la capucha de mi djellaba tapando mi frente, el estigma que llevaba ahí desde que el vacío me tocó podía asustar a los transeúntes o alertar a las autoridades locales y no tenía ganas de llamar la atención de los vigilantes. Entré en una tienda y cambié tres de las gemas que me quedaban por una gran suma de dinero a un importante ingeniero de uno de los clanes más prestigiosos de la ciudad. La transacción fue rápida, pero el ingeniero no pudo evitar advertirme:
- Estos cristales son tan valiosos como peligrosos. La energía contenida en su interior es inestable y puede causar una explosión si se manipulan incorrectamente - me dijo con un tono serio mientras examinaba una de las gemas con sus gafas con lupas de aumento
- Interesante...Lo tendré en cuenta - respondí, sin revelar mis verdaderas intenciones
- ¿Dónde las conseguiste? Los cristales brutos se ven muy raramente, y mas de este calibre. Me gustaría conseguir más para mi laboratorio - el hombre de mediana edad me miró a través de sus anteojos con expresión calculadora
- No puedo revelar mis fuentes - le sonreí - quizás cuando vuelva de mi próximo viaje le traiga alguna cosa más interesante - le contesté enigmático, con las mismas cogí la bolsa de dinero y salí de su negocio
Me guardé una última gema hex para mi uso personal, sabiendo que podría ser útil en el futuro. Con parte del dinero, compré un pasaje para viajar en zepelín hasta la capital noxiana, el Bastión Inmortal.
La travesía fue tranquila, pero la llegada a Noxus de madrugada me impactó. El Bastión Inmortal, la imponente capital del imperio, emergía de la oscuridad con una grandeza austera. La ciudad crecía a la sombra de sus enormes torres y murallas de piedra negra.
La ciudad no dormía, las calles de Noxus, aún a estas horas, rebosaban de una actividad sombría. Mientras caminaba por las silenciosas calles en busca de un lugar donde pasar la noche, vi sombras fugaces moverse en los callejones con sigilo, predadores nocturnos esperando a su próxima presa. De vez en cuando, los gritos de sorpresa de algún desafortunado resonaban brevemente antes de ser sofocados por un borboteo, seguido del sonido de pisadas apresuradas alejándose.
Me aventuré por uno de esos callejones para acortar mi camino, consciente de que estaba entrando en terreno peligroso. Los pasos detrás de mí resonaban en las paredes, y pronto supe que alguien había decidido que yo sería su próxima víctima. El ladrón, con una daga presionada contra mi cuello, me susurró al oído:
-Te llevo siguiendo desde Bel'Zhun. Te has hecho un hombre rico en poco tiempo...
-Puedo ofrecerte algo más valioso que el dinero. Puedo llevarte hasta dios - respondí, jugando con su codicia y subestimación
- ¿Eso es lo mejor que tienes? ¿Religión? Yo solo creo en un dios y es el oro. Ahora dame tu dinero y esa gema. Puedes hacerlo por las buenas y darme lo que quiero sin quejas, o - apretó un poco más la daga contra mi cuello - puedo apuñalarte y cogerlo igualmente. Tú decides cómo va a terminar la noche...
- Tengo una tercera opción - contrataqué - Únete a mí y deja que el Vacío te consuma
-¿Estás de broma? - rió - Esa fue tu última decisión
El ladrón apretó su cuchillo, pero mi escudo explotó a mi alrededor, liberándome y lanzándolo hacia atrás. Me giré hacia él, que yacía en el suelo, aturdido
- El mundo que conoces está condenado... Ahora, mortal, ¡contempla tu final! - invocando mis poderes del Vacío, inyecté en su mente visiones de muerte y destrucción, mostrando el destino inevitable que le esperaba a él y a toda la humanidad. El hombre, aterrorizado, se agarró la cabeza, intentando en vano deshacerse de las imágenes retorcidas que se agolpaban en su mente.
Creé un campo de fuerza a su alrededor, silenciando sus gritos dentro de la burbuja arcana. Luego invoqué a mi enjambre del Vacío. Una docena de criaturas surgieron del suelo y se abalanzaron sobre el desafortunado ladrón, que gritaba desesperadamente aunque nadie podía oírlo. Observé impasible cómo mis criaturas lo devoraban vivo, entregándolo al Vacío.
- El Vacío lo consumirá todo - murmuré, reafirmando mi propósito
Con el peligro inmediato eliminado, continué mi camino por Noxus. La ciudad, despierta en sus rincones oscuros, ya no retrasaría más mi misión. Al amanecer, partiría con una caravana rumbo al norte, acercándome cada vez más a mi destino final en Freljord.
Me dirigí al punto de encuentro con la caravana que partía al alba. Esta, estaba formada por mercaderes y mercenarios que se dirigían hacia las minas del norte, en las montañas Punta Hierro. Este paso alpino, estaba altamente protegido, debido a los valiosos recursos que extraían de las minas: hierro y oro. La ruta hacia las montañas era dura y el frío se intensificaba a medida que nos acercábamos, pero después de varias jornadas, las altas cumbres nevadas de Freljord ya eran visibles en el horizonte.
Finalmente, llegamos a Fuertehondo, la fortaleza que custodiaba los yacimientos, sin embargo, mi destino no se encontraba allí. Sin detenerme, seguí mi camino y crucé la frontera hacia Freljord. A pesar del frío, podía sentir el poder latente que se ocultaba bajo el hielo. Este poder me atraía, guiándome como un latido en una brújula, señalándome el camino hacia mi objetivo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario