sábado, 13 de julio de 2024

LOS OJOS DEL HIELO - CAPITULO 4

Promesas en Rakelstake


Me había prometido con Tryndamere, un hombre casi quince años mayor que yo, rudo y bruto. Claramente era una unión para aliarnos, no por amor. Ese mismo día me desposaría con él por el bien de todos los avarosanos, no, por el de todos los freljordianos, para mantener la paz y por la prosperidad de mi pueblo.

Decidimos mantener las antiguas tradiciones en la ceremonia de casamiento, por ello habíamos viajado a nuestro lugar sagrado de peregrinaje para jurar nuestros votos ante la estatua de Avarosa, en Rakelstake, el chamán de mayor rango oficiaría la boda.


Aquella unión no solo me convertiría en su esposa, si no que me haría reina de Freljord. Subimos las escaleras sin observarnos, mi vestido azul y dorado brillaba bajo los escalones de hielo, la gruesa capa cubría mis brazos y mi cuello del frío. Una vez arriba no tuve mas remedio que mirarle y afrontar mi destino. A pesar de la diferencia de edad, era un hombre atractivo, nos miramos con detenimiento. Sus ojos azules como un día despejado estaban calmados y me dedicó una sonrisa agradable, tranquilizando mis nervios. Alguien le entregó una corona plateada, que sujetó en sus manos enguantadas hasta el momento idóneo.

- Por favor, los votos - anunció el chamán - adelante - indicó a Tryndamere

Alzó su voz, profunda y potente hacia el público.

- Danos tu bendición Ildhaurg el Jabalí de Hierro, guardián del sacrificio, protege a mi esposa y a mi gente y si he de morir, que sea para proteger a los míos. Yo, Tryndamere, rey de los bárbaros y protector de mi tribu, juro honrar y defender esta unión. Juro luchar codo a codo con mi esposa para que Freljord prospere y se mantenga en paz y juro cuidarle y mantenerle a salvo a mi lado hasta que el último suspiro me abandone. Unidos, seremos invencibles. Así lo juro ante la diosa Avarosa, primera de las tres hermanas y ante todos los aquí presentes.

Cuando finalizó su juramento el oficiante me miró y me adelanté un paso hacia mi esposo para pronunciarme.

- Alabadas sean las tres hermanas, que me den fuerzas para sobrevivir, coraje para luchar y conocimiento para comprender. Yo Ashe, hija de Grena y comandante del pueblo avarosano juro unir y proteger a nuestros pueblos. Juro luchar junto a mi esposo en la batalla y juro cuidarle y mantenerle a salvo a mi lado hasta que el último suspiro me abandone. Clanes o tribus, todos seremos uno.  Así lo juro ante la diosa Avarosa, primera de las tres hermanas y ante todos los aquí presentes.

El chaman cogió la corona y me la colocó en la cabeza, después sostuvo una de nuestras manos y con un cuchillo de hielo puro hizo un corte en nuestras palmas. Acto seguido las unimos en alto, la sangre corrió por nuestras muñecas, caliente, tiñendo de escarlata las mangas de nuestras ropas. El oficiante envolvió un lazo alrededor de nuestros brazos y manos para que no pudiéramos separarlos.

- Que los dioses bendigan esta unión y que solo la muerte pueda deshacerla. Vuestro destino ahora esta sellado, besaos y brindaremos por vuestras nupcias - nos animó

Finalmente, separamos nuestras manos y con un trozo de sabana blanca limpiamos la sangre, después envolvimos la herida con ella como una venda. Ambos nos miramos con intensidad, las arrugas alrededor de sus ojos se acentuaron cuando me sonrió, tomando la iniciativa y de forma ruda, me tomó por la espalda acercándome a su cuerpo con cierta urgencia. Bajó su cabeza hasta mi altura, con sus labios casi rozando los míos y sorprendentemente se quedó esperando, pidiendo permiso con sus ojos para besarme. Parpadeé algo aturdida aún por la situación y pero accedí, asintiendo suavemente con mi cabeza y entreabriendo mis labios. Y entonces me besó, un beso que para nada se podía calificar de suave o tímido, por el contrario, Tryndamere, apretó sus labios contra los míos con fiereza y hambriento, pero le correspondí con igual pasión. Cuando nos separamos, miramos a la muchedumbre, que nos vitoreaba con júbilo, alegre por la nueva alianza.

Aquel día no solo se había sellado nuestra unión como marido y mujer, sino como aliados. Aunque no amaba a aquel hombre, había visto la furia de sus ojos desvanecerse cuando me miraba y a pesar de que no había amor todavía, estaba segura que con el tiempo, eso cambiaria. 

La ceremonia había concluido con una festiva celebración en la gran sala de la fortaleza. Risas, cánticos y brindis llenaban el aire, pero en mi mente, solo resonaba el peso del compromiso que acababa de asumir. Tryndamere y yo, nos movíamos entre la multitud, aceptando felicitaciones y brindis. A pesar de su apariencia ruda, Tryndamere era sorprendentemente cortés con todos, lo cual me causaba una extraña mezcla de alivio y inquietud.

Cuando finalmente nos retiramos a nuestros aposentos, el bullicio del festín se desvaneció tras las gruesas puertas de madera. El silencio que siguió fue denso, cargado de expectativas no dichas. El dormitorio nupcial era espacioso y cálido, una fogata ardía en el centro, llenando la habitación con un resplandor acogedor. Mi vestido ceremonial seguía brillando con reflejos dorados y azules, pero ahora se sentía más como una armadura que como un atuendo festivo.

Tryndamere se acercó al fuego, quitándose la capa y los guantes con movimientos deliberados. Sentí un nudo en el estómago al pensar en lo que vendría después. No era la primera vez que me enfrentaba a aquella situación, sin embargo, sería la primera que no lo haría por placer. Aunque el matrimonio había sido un pacto, una alianza estratégica, la realidad de la noche de bodas se sentía abrumadora. Apenas conocía a este hombre, y ahora se esperaba que compartiéramos una intimidad más profunda.

- No tienes que temerme, Ashe - dijo, sin mirarme, mientras atizaba las llamas - No haré nada que no desees

Su voz era suave, una sorprendente contradicción con su apariencia. Lo miré, sintiéndome un poco más tranquila pero aún insegura. No sabía cómo responder. El silencio se alargó, roto solo por el crepitar del fuego.

- No es miedo lo que siento - respondí finalmente, más para mí misma que para él - Es... la presión. La presión de las expectativas, de liderar bien, de no fallar. Necesito que esto salga bien.

Tryndamere se giró y me miró fijamente. Sus ojos, tan azules como el hielo, parecían escrutar mi alma. Caminó hacia mí con pasos lentos y medidos, deteniéndose a una distancia respetuosa.

- Es importante estar a la altura - dijo suavemente - Pero esta noche, intenta ser solo Ashe al igual que yo seré solo Tryndamere. No comandantes ni lideres, no reyes ni reinas. Solo dos personas, conociéndose.

Su respuesta, simple y directa, logró hacerme sentir un poco más ligera. Asentí, agradecida por su comprensión y suspiré, soltando la tensión acumulada. 

- Solo Ashe... - susurré - Esta bien...

Con un movimiento firme, me quité la corona y la coloqué con cuidado sobre una mesa cercana. Luego me deshice de la capa que me cubría, dejándola caer sobre una silla. El aire de la habitación, cálido gracias al fuego, era un contraste bienvenido con el frío exterior.

- Si vamos a estar aquí, al menos hagámoslo cómodo - dije, caminando hacia una pequeña mesa con una jarra de vino y dos copas - ¿Te apetece un poco de vino? - pregunté, rompiendo el hielo <<Yo creo que necesitaré mas de una copa... para sobrellevar esto>>, pensé

Tryndamere asintió, una leve sonrisa suavizando su expresión. Serví dos copas y le entregué una antes de sentarme en una de las sillas junto al fuego. Él tomó la copa y se sentó frente a mí, el resplandor de las llamas reflejándose en sus ojos.

- Por nuestra alianza - brindé, alzando mi copa.

- Por nuestra alianza - respondió él, chocando suavemente su copa con la mía.

Tomé un sorbo, disfrutando del afrutado sabor del vino mientras el silencio se asentaba nuevamente, aunque esta vez con una sensación menos tensa. 

Hablamos largo rato, conociéndonos el uno al otro, de nuestras responsabilidades, de nuestras esperanzas para el futuro de Freljord. Y poco a poco, la distancia entre nosotros pareció acortarse, no físicamente, sino emocionalmente. Encontré en Tryndamere a alguien que compartía mi amor por nuestro hogar, y a pesar de sus modos rudos, descubrí una sensibilidad inesperada.

- Sabes... - comenzamos a decir al unísono, luego nos detuvimos y nos reímos juntos.

- Perdón, tú primero - dijo, señalándole con un gesto de la mano

- Iba a decir que me pareces un hombre atractivo - dije con franqueza - supongo que dentro de lo malo de casarse con un desconocido he tenido suerte, el tiempo te trata bien

- No se si sentirme halagado u ofendido - respondió confuso, se acomodó en la silla, y apoyándose en el brazo de esta se acarició la barbilla - tu sinceridad me abruma

- Mejor siéntete halagado si queremos que esto funcione, llevarnos mal no hará bien a nadie, al fin y al cabo lo que buscábamos uniéndonos era la paz

El vino empezó a afectarme de más. Sentía mis mejillas acaloradas y sonrosadas por la bebida e hipé sin querer.

- Perdón... - me disculpé algo avergonzada por mis modales - hacía tiempo que no disfrutaba de unas cuantas copas de mas

Ambos nos acomodamos mejor, despojándonos de las formalidades y hablando con mayor soltura.

 - Debo admitir que te esperaba más intimidante... - dije sin filtro, levantando una ceja, estaba desinhibida - Con toda esa fama de brutales bárbaros, pensé que serías más... salvaje.

Él sonrió, sus ojos brillando con diversión.

- Oh, no te preocupes. Esa parte esta latente, por el momento soy capaz de controlarla... - dijo, inclinándose un poco hacia adelante - ¿Y tú, Ashe? ¿Tienes algún lado salvaje que deba conocer?

Lo miré con una sonrisa juguetona.

- Tal vez - dije, dejando caer el misterio en mi voz - Pero tendrás que ganártelo - le advertí señalándole con el dedo 

- Me gustan los retos... - sonrió travieso 

- En fin, creo que ya hemos tenido bastante chachara, vamos a ver si coordinamos igual de bien en la cama como en el campo de batalla

Tryndamere arqueó una ceja en respuesta, con una sonrisa traviesa.

- Practicar la coordinación nunca está de más, ¿no crees? - respondió, su voz con un tono sugerente que nos hizo reír a ambos.

Después se levantó y me ofreció una mano para ayudarme a ponerme de pie.

- ¿Podrás cambiarte sola? Estas un tanto ebria, si necesitas ayuda... - se insinuó

- Me las apañaré... - respondí divertida y le entregué mi copa, después caminé con decisión hacia el baño, esperaba que tan erguida como había pretendido

Llegué al baño y me apoyé sobre el armario del vestidor. El vino, el calor de la habitación y el rumbo de la conversación había hecho que me sintiera sofocada y necesitaba despojarme de la ropa. Por un momento noté la presión que ejercía el corsé del vestido alrededor de mi pecho y quise liberarme de la prisión de aquella armadura para respirar más libremente. Me deshice del vestido y el resto de capas hasta quedarme solo con un fino camisón de seda, tomé la jarra de agua y me enjuagué la cara para despejarme y aplacar mis nervios, sabiendo lo que tocaba ahora. Debíamos que consumar para que el matrimonio fuera valido. Salí de la habitación, Tryndamere estaba mirándome sentado desde la cama, sin perder detalle de cada curva de mi cuerpo.

- Eres preciosa Ashe - dijo, sus palabras sinceras y llenas de admiración

Me acerqué a él con paso decidido, el calor llenando el aire entre nosotros. Tryndamere se levantó y me tomó por las caderas con sus grandes manos, su tacto caliente enviaba una sensación electrizante por mi cuerpo.

Sin decir una palabra más, me arrastró hacia la cama, tumbándose y llevándome con él. Sus labios encontraron los míos en un beso apasionado y profundo, mientras sus manos recorrían mi cuerpo con un ansia controlada, pero palpable. Nos dejamos llevar por el momento, dejando que la tensión acumulada se desatara finalmente.

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