lunes, 20 de abril de 2026

LOS OJOS DEL HIELO - CAPITULO 11

Caminos que convergen

DIANA

Seguí avanzando entre los glaciales y valles sepultados por la nieve, guiada por el poder del aspecto. Este tiraba de mí fuertemente, seguía el rumbo que me marcaba, guiándome como la aguja de una brújula, siempre apuntado al norte. 

Tras casi dos jornadas de marcha, divisé un pequeño asentamiento abandonado. Las casas se escondían tras una cascada congelada. Las gruesas estalactitas de hielo que descendían de ella atravesaban los tejados de madera de las casas colindantes. Algunas construcciones habían colapsado por completo; otras permanecían en pie, pero con puertas y ventanas arrancadas por el viento.

Me acerqué a la cabaña más próxima al camino, empujé la puerta con cuidado, esta crujió al abrirse. Estaba vacía, como esperaba, sin embargo no llevaba mucho tiempo así. Las cenizas frías de una hoguera descansaban en el suelo. Alrededor había restos de carbón, nieve removida y embarrada que alguien había pisado antes de que el frío volviera a congelarla. Sobre una mesa rota encontré unas pocas migas de pan endurecido.

Alguien había estado allí y se había marchado hacía poco, no más de tres días.

Pasé la noche en aquella cabaña. El viento silbaba a través de las grietas de la madera, y el hielo de la cascada crujía lentamente mientras avanzaba sobre la roca. Dormí poco, mi sueño se interrumpía repetidamente con cada sonido extraño, manteniéndome alerta. Cuando amaneció, retomé la marcha.

El camino descendía hasta un río que fluía lento bajo una costra de hielo. Lo seguí durante horas. El agua corría hacia el norte… igual que yo.

Tenía la sensación de seguir los pasos de alguien, no quedaban huellas en el suelo, pues el viento las debía haber borrado hacia días, sin embargo aun quedaba un rastro, una estela tenue, casi imperceptible. Magia. No era fuerte, ni reciente, pero el frío no había logrado disiparla por completo. Alguien había pasado por allí antes que yo… y avanzaba exactamente en la misma dirección.

¿Coincidencia? No lo creo.

Continué caminando, atravesando desiertos helados, lagos congelados y glaciares interminables, andando sola durante horas casi sin descanso. En aquellas tierras no había vida, ni los animales más fieros y fuertes del Freljord se atrevían a acercarse a aquel lugar inhóspito, donde nada podía crecer ni sobrevivir.


SYLAS

El viento rugía con fuerza por aquel estrecho corredor, a cada paso que daba, retrocedía dos. Las esquirlas de hielo arañaban la piel expuesta alrededor de mis ojos, allí donde no podía cubrirme. Por si eso no fuera suficiente, el camino entre aquellos picos era escarpado, lo que dificultaba aun más la ascensión, sin embargo, en todo momento tenía a la vista las estatuas custodiando la cima. 

Al ocaso, la ventisca amainó, permitiéndome llegar finalmente a la cumbre. 

Las efigies de piedra se alzaban frente a mi como soldados inmóviles, con armaduras y cascos con cuernos en forma de T y sus espadas clavadas en el suelo, todas orientadas hacia el valle y vigilando el paso por el que había venido. A su espalda, el cielo se teñía de un azul profundo, y las primeras auroras boreales comenzaban a desplegarse. Cortinas verdes, azules y púrpuras danzaban sobre mí, retorciéndose como llamas frías.


La ciudadela de la bruja del hielo se alzaba a lo lejos, una mancha oscura incrustada en la roca, mitad hierro, mitad hielo. Dos puentes la conectaban con la fortaleza de la montaña, ambos patrullados por figuras silenciosas con armaduras de acero negras y cascos idénticos a los de las estatuas. No sabía exactamente qué eran, pero no eran simples soldados. Eso lo veía claro.

- Mejor evitar vuestra compañía… - murmuré.


Debía encontrar otra vía de acceso. Lo que sea que estaba buscando se encontraba en esa fortaleza.

Entonces lo vi: el abismo.

Un corte inmenso en la tierra, profundo, tan profundo que no era capaz de ver el final de este. El frío que ascendía desde sus entrañas cortaba el aliento. En las paredes verticales, enormes estacas de hierro sobresalían en todas direcciones.

<< Podría utilizarlas para descender>> pensé.

Me deslicé hacia una cornisa lateral, usando las cadenas para afianzarme. Bajé unos metros, siguiendo el borde, hasta que un puente medio oculto emergió entre las sombras.

Era una aberración. Los arcos estaban retorcidos formando zarcillos, como si algo hubiera intentado salir de la piedra que los formaba y hubiese quedado atrapado a medio camino. Entre las grietas, huesos incrustados; en otros tramos, parecía que el hierro, la roca y los restos humanos se hubieran derretido juntos antes de solidificarse en formas grotescas, imposibles.


No podía ni imaginar qué había provocado algo así… pero fuera lo que fuese, no quería encontrarme con ello.

Aun así, el puente era mi única opción viable.

No parecía muy estable, así que avancé con cautela. Cada paso hacía crujir la escarcha, y el eco de mis pisadas se perdía en el vacío. Un tropiezo y acabaría cayendo en un abismo del que no habría regreso.

Entonces los escuché.

Sollozos. 

Muy débiles, los ecos de sus voces provenientes del fondo del abismo resonaban en las paredes.

La piel se me erizó. No tenía ni idea de qué había pasado allí, pero fuera lo que fuese… no había acabado bien.

Al fin llegué al otro extremo, solo para descubrir que el puente estaba partido. Un tramo entero se había desplomado hacia la oscuridad. Al otro lado, solo quedaban restos de aquellos zarcillos petrificados asomando desde el vacío.

- Genial. - resoplé - Exactamente el tipo de lugar al que me gusta meterme.

No sabia que hacer, el abismo no era una opción. Demasiado hondo para descenderlo, este debía llegar hasta las entrañas de la misma Runaterra y aquellos zarcillos... me inspiraban menos seguridad que el propio puente que acababa de cruzar. Y subir significaba enfrentarme a todos aquellos guardias. Me consideraba poderoso, pero no estúpido, sabía donde estaban mis límites, eran demasiados para mi solo...

Me concentré, sopesando las opciones cuando escuché un crujido a mis espaldas. Me giré de inmediato, alzando las cadenas para atacar.

Un hombre vestido con ropas del sur flotaba a pocos centímetros del suelo. Su capa púrpura oscilaba con el viento, y el brillo violeta de sus ojos atravesaba la penumbra del puente.

- Tú también lo has escuchado.


DIANA

El rastro mágico seguía delante de mí, como una sombra invisible. Finalmente ascendí por un estrecho paso entre dos gigantescos glaciares. El viento rugía entre las paredes de hielo, pero la llamada en mi mente era cada vez más intensa.

Dos estatuas colosales custodiaban el paso por el que había ascendido. Guerreros de piedra con armaduras pesadas y cascos coronados por cuernos. Sus espadas descansaban clavadas en el suelo y miraban vigilantes el valle. Más allá de ellas se alzaba una fortaleza.

Hielo y hierro. Una ciudadela incrustada en la montaña, oscura como una cicatriz en la roca. No esperaba encontrar una construcción de tales dimensiones en un lugar tan remoto incluso para el Freljord. Dos enormes puentes atravesaban un gran y oscuro abismo hasta llegar a ella, en la entrada se elevaban dos torres negras rematadas en cristal, emitían un brillo azulado hacia el cielo gris.

Me detuve un momento observando el lugar. El puente era tan inmenso como la grieta que atravesaba, pero parecía sólido. Lo que realmente me inquietó fue otra cosa. El silencio. No había nadie custodiando aquel lugar, salvo las estatuas del paso. Ni guardias, ni voces, ni señales de vida. Ni siquiera una planta se atrevía a brotar entre las piedras. Era como una ciudad fantasma.

Decidida, aún así avancé, la llamada en mi mente provenía de allí. Un recuerdo que no era mío me indicaba que debía continuar, fragmentos de sueños y ecos de otros portadores del Aspecto.

Crucé el puente con paso firme, el viento soplaba con fuerza sobre el abismo, pero no aparté la mirada de la ciudadela. Algo en mi interior tiraba de mí con cada paso.

Cuando alcancé las puertas de la fortaleza, lo comprendí demasiado tarde. Sombras se movieron a mí alrededor. Una veintena de figuras emergió de la oscuridad que rodeaba la entrada. Armaduras negras. En cuestión de segundos me rodearon, sin embargo no desenvainé mi arma.

Podía sentir el poder que emanaba de aquellos guerreros. No eran simples soldados. Y aunque lo hubieran sido, eran demasiados. Apreté los dedos alrededor de la empuñadura de mi hoz lunar… pero no la levanté. Si aquella presencia me había guiado hasta allí, no tenía sentido resistirme ahora.

-          Entiendo - murmuré.

Bajé la mano lentamente. Los soldados no dijeron una sola palabra. Se limitaron a escoltarme a través de las puertas de la ciudadela, hacia los corredores oscuros que se abrían en el interior de la montaña. Hacia el corazón de la fortaleza.

martes, 18 de noviembre de 2025

LOS OJOS DEL HIELO - CAPITULO 10

La llamada del norte

Cuando Kayle me llamó a su despacho, su expresión ya me anunciaba que no traía buenas noticias… o al menos no para mí.

- La Academia de Combate y el Instituto de Guerra nos han enviado la próxima promoción de reclutas... Irás con ellos a la Grieta del Invocador, - dijo, usando ese tono que siempre empleaba cuando presentaba una orden disfrazada de oportunidad - Necesitan disciplina. Y tú… puedes aprender a trabajar con otros.

- ¿Con los novatos? - arqueé una ceja - ¿Otra vez?

- Eres de mis mejores agentes. Serás una instructora más que competente para ellos. Tómatelo como unas vacaciones después de tu última misión - la miré desafiante; hacer de niñera no estaba entre mis aficiones - Irás, no hay más que hablar. Y esta vez, Diana… contén tus impulsos.

Suspiré. Era inútil llevarle la contraria.

- Está bien - respondí - Pero si un cadete intenta lanzarme un hechizo sin apuntar, no me hago responsable.

Creo que la oí bufar, pero salí del despacho sin mirar atrás.

domingo, 16 de noviembre de 2025

LOS OJOS DEL MIEDO - CAPÍTULO 9

Me adentré en la mente de aquel mago que avanzaba, sin saberlo, hacia mis dominios. Su presencia se hacía más nítida con cada sueño que compartíamos, cada vez estaba más cerca. Estaba convencido de que aquí encontraría la fuerza que necesitaba para su cruzada… pobre criatura. Cuando ambos despertamos de su visión, no pude evitar sonreír. Creía venir en busca de un arma para su causa, sin imaginar que será él quien acabaría sirviendo a la mía.

jueves, 13 de noviembre de 2025

LOS OJOS DEL HIELO - CAPITULO 8

Cambio de planes


SYLAS

El viento del norte ululaba entre las tiendas del campamento, cargado de la amargura de la derrota. Las llamas del fuego titilaban, débiles, reflejándose en los ojos cansados de los guerreros de la Garra Invernal. Nadie hablaba. El silencio dolía más que las heridas.

Sejuani permanecía junto a la hoguera, el rostro endurecido, la mirada fija en el horizonte helado donde Ashe se había alzado victoriosa bajo el amparo de la diosa del hielo. Su respiración era pesada; sus puños, aún tensos sobre el mango del mangual.

- No deberíamos habernos ido - murmuró, sin apartar la vista del fuego - Tendría que haber luchado hasta mi último aliento.

- Y habrías muerto - le respondí con calma - No puedes gobernar Freljord desde una tumba.

Ella me lanzó una mirada gélida.

- ¿Pretendes que me consuele con palabras de cobarde?

- Pretendo que pienses - contesté, dejando que mis cadenas se deslicen lentamente por la nieve - Tómalo como una pausa, no como una rendición. Eres una líder fuerte, pero necesitas soldados, no mártires. Cada uno de tus guerreros vale por diez avarosanos, pero Ashe te supera en número… y en aliados.

Sejuani soltó una carcajada amarga.

- ¿Y qué propones?  Ashe lleva años llenándoles la cabeza con cuentos de unidad y esperanza.

Sabía cómo hablarle. No de debilidad ni de pérdidas, sino de poder. Era el único idioma que Sejuani respetaba.

- Propongo adelantar nuestro pacto - dije, inclinándome ligeramente hacia ella - Ayúdame a liberar Demacia. Ayúdame a derribar sus muros y sacar de sus mazmorras a los magos que allí pudren sus dones. Ellos pueden ser tu ejército.

domingo, 20 de julio de 2025

LOS OJOS DEL HIELO - CAPITULO 7

Siguiendo el latido

Cuando salí de aquel túnel, atravesé las yermas tierras corrompidas por el Vacío en Shurima hasta alcanzar el desierto de Sai Khaleek. La neblinosa manta que oscurecía el cielo de Icathia y sus alrededores desapareció, dando lugar a una noche despejada y cubierta de estrellas. Reservé mis poderes y anduve sobre la arena. Al amanecer, cuando alcancé el río Madre de Vida, lo crucé y seguí su curso hasta la frontera con Ixtal, donde se convertía en el río Serpentino. Allí, la exuberante vegetación selvática cambió radicalmente el paisaje, las copas de los árboles formaban un denso techo verde sobre mí, y el sonido de la vida silvestre llenaba el aire. Este contraste con las áridas tierras de Shurima era casi abrumador, pero no permití que la belleza de Ixtal me distrajera de mi misión.

Mientras el río serpenteaba hacia las profundidades de la selva ixtaleña, me desvié en dirección a Kalduga. A medida que avanzaba, el terreno se volvía más escarpado y rocoso, no obstante, decidí cruzar el desierto de Shurima en lugar de las montañas para ahorrar tiempo, una decisión que demostró ser acertada. A pesar, de que una enorme tormenta de arena me alcanzó en los áridos y pedregosos valles, encontré resguardo en unas cuevas subterráneas hasta que terminó.

Dentro de las cuevas, descubrí una pareja de Brackern durmiendo. Estas antiguas criaturas, parecidas a escorpiones cristalinos gigantes, poseían magia elemental de la tierra y en sus colas tenían preciadas gemas mágicas, muy valoradas por los piltoverianos para desarrollar su tecnología hextech. Aprovechando mis poderes, canalicé la energía bruta de Vacío y eliminé a ambas criaturas con un demoledor ataque explosivo. Después solo tuve que extraer las valiosas gemas de sus colas, asegurándome así de tener recursos que serían cruciales para mi misión.

Sostuve una de las gemas a la luz tenue de la cueva, observando su forma irregular y su superficie rugosa. A través de la capa de minerales y suciedad, podía ver un brillo interno, donde la luz danzaba en un caleidoscopio de colores que iban desde el azul profundo hasta el verde esmeralda y el dorado cálido. Pulsaba energía viva y potencialmente peligrosa. 

domingo, 18 de mayo de 2025

LOS OJOS DEL HIELO - CAPITULO 6

El precio de la alianza


SYLAS


Estaba en un bosque de árboles de hielo, sus ramas brillaban con un resplandor etéreo. Caminaba entre ellos, guiado por una presencia invisible. De repente, el paisaje cambió: me encontré en medio de una batalla feroz. Dos ejércitos chocaban con furia, uno era liderado por una mujer con una corona y un arco de hielo; el otro, por una guerrera imponente, con un casco con cuernos y montada sobre su drüvask.

Las flechas cruzaban el aire y las armas chocaban como truenos. Permanecí inmóvil, mis pies no respondían a mis ordenes. Intenté gritar, pero ningún sonido escapó de mi garganta. Entonces las vi: tres figuras encapuchadas observaban la batalla desde la distancia. La del centro levantó una mano y la tierra comenzó a temblar, las otras dos mujeres encapuchadas cayeron en el abismo que se abrió bajo sus pies, al igual que los ejércitos. Entonces, me sonrió. Pestañeé aturdido y me sorprendí. Aquella mujer ya no me observaba desde la lejanía, sino que estaba enfrente mía. 

Aquella mujer levantó la cabeza y me miró, sin embargo, una venda cubría sus ojos. Al quitársela vi dos pozos negros donde antes hubo ojos. 

- Perdí la visión por querer dominar los secretos de la magia elemental - me confesó - pero tú... tú puedes aprenderlos sin pagar ese precio, si sabes donde buscar.

La figura se giró entonces y señaló los picos montañosos, desvaneciéndose como humo en el viento. Su voz sin embargo aún susurraba en mi oído.

- Deberás darte prisa porque el tiempo se agota. Debes encontrarlos antes de que mis hermanas regresen... antes de que el hielo se rompa y los horrores sean liberados.

Antes de que su voz se evaporara del todo, el suelo bajo mis pies se rompió y caí en un abismo sin fondo.

Desperté sobresaltado en mi tienda, con el corazón golpeando con fuerza en mi pecho. Era la tercera vez que soñaba con lo mismo, se estaba volviendo algo recurrente. Sabía que estos sueños no eran simples fantasías, pero no lograba descifrar que querían de mi... ni quien era esa mujer invidente. Sin embargo, sentía como el corazón me guiaba hacia algún lugar olvidado de Freljord. Un lugar que necesitaba encontrar.

sábado, 7 de septiembre de 2024

LOS OJOS DEL HIELO - CAPITULO 5

Vísperas de Conflicto


Los festejos se alargaron durante las siguientes semanas a nuestro casamiento, la gente estaba feliz y nos aseguramos de tener una buena caza y bebida todas las noches para seguir celebrando la unión. Sin embargo algo en mi corazón me decía que no debía relajarme, me alejé de la fiesta y subí a mis aposentos. Me asomé al balcón oteando el horizonte. Entorné los ojos, intentando mirar mas allá de las montañas, sin embargo, por buena vista que tuviera, no era capaz de encontrar aquello que me inquietaba.

- Querida, ¿Qué haces aquí sola? - dijo una voz seductora a mi espalda - La fiesta esta abajo, te están buscando para brindar...- Tryndamere acercándose a mi, besó mi cuello con cariño y me rodeó la cintura con sus brazos, su calor era como una burbuja ante el gélido frío invernal de Freljord.

En las últimas semanas habíamos estado muy unidos y veía como estaba naciendo la chispa del amor entre nosotros. Sin embargo, mi inquietud me mantenía tensa y rígida esa noche y mi esposo notó el cambio en mi postura.

- ¿Qué pasa Ashe?, puedes contarme lo que sea, ahora somos uno, ¿recuerdas? - acaricié mi mano pensativa, recorrí con mis yemas las piel irregular de la herida, mi palma estaba curada, sin embargo, aquella cicatriz permanecería para siempre.

- Siento algo en el pecho que no me deja tranquila - dije aún mirando hacia las montañas - soy la líder de un pueblo cada día mas grande y a veces me siento incapaz de seguir adelante por protegerlo - me giré hacia el, sus ojos azules y calmados me miraban con ternura, enterré mi cara en su pecho y dejé que me abrazara - Cada vez hay mas incursiones de la Garra Invernal contra nuestro pueblo, aquellos que viven nómadas son vulnerables y que ellos estén desprotegidos me hace vulnerable a mi.

El rozó mi mejilla con dulzura.

- Ay Ashe, tu siempre has sido fuerte, a tu corta edad y mira lo que has conseguido, y además ahora estamos juntos, tanto mi tribu como yo defenderemos a todo el pueblo avarosano con el mismo coraje que si fuera un miembro de la familia

- Tryndamere, no son solo avarosanos, son todos los freljordianos. - dije separándome de el - Sejuani se obceca en buscar entre nosotros las diferencias que nos separan, cuando en realidad, hay mas semejanzas que nos acercan. Todos tenemos la misma sangre y venimos de los mismos ancestros....siempre he sido franca con mis intenciones, quiero unir a todos bajo una misma bandera, por desgracia, por ahora eso significa liderar un ejercito y enviarlo a una guerra contra sus hermanos.

- Somos muchos más, al final venceremos y se unirán a nosotros - intentó animarme

- En una guerra nunca hay ganadores Trynda. Si llevo al pueblo avarosano a una guerra, seré la única responsable de las muertes y la sangre que allí se derrame. Soy su comandante porque nadie mas esta dispuesto a hacer lo necesario para liderar este pueblo. Pero sabes que significa eso? sabes que es liderar? - el no respondió a mi pregunta - liderar es mentir, es aconsejar precaución cuando sientes euforia, es transmitir esperanza cuando no la hay. Ahora mismo me siento así, que miento a mi pueblo con conseguir la paz y siento que algo me mantiene alerta aun cuando debería divertirme.

- No niego que haya una amenaza cerca, pero este lugar esta muy bien protegido, hay centinelas por todas partes vigilando, si ocurre algo seremos nos primeros en enterarnos - me cogió la mano y tiró de mi hacia el interior de la fortaleza - deja que cargue yo con parte de ese peso y así puedas divertirte un rato, anda, vamos, tu público espera - sonreí de medio lado sin ganas y me dejé llevar al calor del hogar.

Sin embargo, aquella noche comenzó aquello que tanto temía. Una guerra.