viernes, 10 de mayo de 2024

LOS CENTINELAS DE LA LUZ - CAPÍTULO 7

Por dos monedas de oro

- Senna, concéntrate, ¿puedes percibir donde esta? - ella cerró los ojos y meditó unos instantes 

- Esta... esta en un edificio de madera, hay niebla en los alrededores, no siento vida cerca, es como si estuviera vacío todo, ni siquiera las ratas vienen aquí.

-¿Que más ves? - insistió Irelia - ¿hay alguna indicación?, ¿algo más concreto? - Senna arrugó aún más el entrecejo y apretó la mandíbula intentando indagar más

- Veo unas serpientes marinas - hizo una breve pausa - no, son solo estatuas, custodian una gran puerta 

- ¿Puedes ver que hay dentro? -pregunté inquieta

- Parece un lugar de culto, pero lo abandonaron hace tiempo, esta aquí dentro, creo... creo que se... - su ojos temblaban del esfuerzo

Todos estábamos expectantes a cada palabra que decía nuestra líder, de repente abrió los ojos 

 - ¡Ya se que es ese edificio! ¡está dentro de un templo Burhu! estoy segura. Tenéis que buscar a Illaoi, es la sacerdotisa del Kraken, la máxima expresión de la fe Burhu

- ¡Bien! - exclamé - eso es bastante preciso, no creo que nos cueste encontrar ese sitio, ¿Qué es?¿Qué forma tiene?

- Es una campana de latón, contiene la esencia de la esperanza de Isolde

- Amor, ¿ves prudente que nos separemos entonces? ¿Es viable que encuentren el fragmento sin tu ayuda? - le preguntó Lucian

- Creo que si - dijo Senna convencida - noto su presencia muy fuerte, no debe estar lejos, todavía esta en Aguasturbias

- No se hable más. Pongámonos en marcha entonces - contestó el

- Nosotros iremos a Ixtal - Senna miró hacia los que se quedaban - esperó no haber tomado una mala decisión... no hagáis que me arrepienta - entonces se volvió e hizo una seña al resto para que viajaran a Ixtal. Uno a uno vi poco desaparecían ante nuestros ojos en un destello.

Vayne, Riven y Akshan me miraban expectantes.

- Busquemos a esa sacerdotisa

Salimos del templo, un fuerte olor a salitre y pescado impregnaba las calles, Vayne olisqueó el ambiente y arrugó el entrecejo con cara de asco. Miré hacia la entrada del templo, los edificios circundantes estaban construidos principalmente en madera y mampostería, reutilizados seguramente de construcciones anteriores o incluso de los propios navíos, no había dos casas iguales en forma, el templo no tenía ningún distintivo especial que lo diferenciara del resto a excepción de la marca de la orden de los centinelas, grabada y pintada en blanco encima del marco de la puerta. En frente no había edificios, si no un amplio balcón hecho con el casco de un barco que permitía tener una amplia vista de la costa y la bahía, desde allí arriba se podía observar desde las calas escarpadas de la isla vecina hasta el puerto principal e incluso parte de los muelles del matadero.


Decidí que lo mejor era bajar hasta el puerto y preguntar allí puesto que no sabía donde podría haber otro templo burhu para preguntar. Un grupo de chiquillos se chocó con nosotros cuando corrían calle abajo jugando, siguieron su marcha sin disculparse ni echar la vista atrás.

- Tened las armas bien atadas y ojos en la espalda - les susurré cuando comenzamos el descenso hacía el puerto - aquí nadie pierde la oportunidad de robarte si puede, los turistas despreocupados son los favoritos y si se meten en barrios turbios... les quitaran algo más que su bolsa de monedas.

Las calles de Aguasturbias estaban apagadas y poco transitadas para ser un día de mercado, al bajar al puerto solo unos pocos comercios estaban abiertos al público y no era de extrañar, apenas habían llegado unos cuantos buques con viajeros de Runaterra en toda la mañana. Como las tabernas aún no habían abierto, preguntábamos por Illaoi o por alguna otra iglesia burhu a la mayoría de viandantes con los que nos cruzábamos, sin embargo, la mayoría rehusaban de contestarnos, ya sea apartándose de nuestro camino e ignorándonos, o despotricando algún insulto para que los dejáramos en paz. 

Seguimos andando hacia los muelles del matadero, allí el olor era más intenso, una mezcla entre pescado pasado y hierro oxidado invadía el ambiente. El nombre de aquel lugar era totalmente acertado, las manchas rojizas en los tablones, ese olor a óxido en el aire… Sin embargo, allí había un hervidero de actividad. Las grúas remolcaban los grandes monstruos marinos que habían cazado durante la madrugada para ser despiezados y vender al mejor postor sus valiosos fluidos, escamas, carne, espinas y huesos. Los estibadores gritaban a todo pulmón a los trabajadores para que trabajaran a mayor velocidad. Otros barcos más pequeños esperaban su turno mientras el capitán negociaba con otros más poderosos un precio por descargar la pieza en su muelle. Pasamos junto a la pieza de una gran serpiente marina, debía medir más de treinta metros de largo porque aunque la habían colgado por la mitad, parte de la cabeza y la cola descansaban sobre el suelo en u charco de sangre. Varios trabajadores estaban arrancando las duras escamas con tenazas y se quedaron mirándonos con desconfianza al pasar por su lado. 

Encontramos una taberna que acababa de abrir y decidimos pasar a preguntar dentro.  Akshan se adelantó hacia la barra. Detrás del mostrador se encontraba el dueño del bar secando unas jarras, era un hombre hosco, de mediana edad y gordo, fumaba de una pipa. Cuando levantó la vista hacia nosotros, nos miró con expresión ceñuda.

- ¿Qué os pongo?

- Cerveza de la marisma y para mis acompañantes... - Akshan nos miró invitándonos a pedir 

- Otra para mí - indiqué

- Y yo otra - dijo Riven

- Uno de Bruma Azul - dijo Vayne refiriéndose a una marca de Whisky

- No parecéis de aquí, más vale que tengáis dinero para pagarlas

Akshan sacó de su bolsillo una moneda de oro con la imagen del kraken en una de sus caras y se la enseñó al tabernero, este abrió los ojos, de la sorpresa casi se atragantó con el humo del tabaco, produciéndole un ataque de tos. <<Este chico es una caja de sorpresas...>> pensé.

- Te puedes quedar con el cambio si nos ayudas - le dijo

- ¿Que necesitáis? – contestó más amigable

El posadero rápidamente cargó las tres jarras de espumosa cerveza de barril y las deslizó por la barra hasta nosotros con maestría, después con un sonoro golpe apoyó el vaso de whisky y comenzó a servirlo.

- Estamos buscando a una sacerdotisa burhu llamada Illaoi, ¿la conoces?

- Si, le gusta frecuentar los bares, se divierte bebiendo mientras pone a prueba a la gente

- ¿A prueba? - repitió Vayne extrañada

- Es la prueba de Nagakabouros, su diosa, está siempre armando gresca, buscando gente que se enfrente a su diosa y sobreviva porque es digno. Pero la verdad, no suele encontrar voluntarios que se tengan en pie como para mantener una pelea con ella.

- ¿Qué aspecto tiene? - pregunté

- Es alta y ancha como un armario, de pelo castaño y bronceada, tiene muchos tatuajes raros y siempre lleva su ídolo burhu del cual no se separa, eso es lo que usa para poner a prueba.

Akshan le lanzó la moneda haciéndola saltar de sus dedos y el otro la cogió al vuelo animado, después ansioso cerró fuerte la mano como para evitar que se la pudieran quitar.

- Te daré otra moneda igual a esa si nos ayudas a encontrarla antes de la hora del almuerzo - le retó, y sacó la otra moneda para que viera que no mentía << ¿Cómo ha conseguido tanto dinero para reunir dos krakens de oro? desde luego una caja de sorpresas>>

- Yo, yo... - tartamudeó - vengo en un rato, no os vayáis - entró en la cocina del local y bramó llamando a alguien - ¡Mirla, ven a la barra, rápido, que tengo que irme un momento!

- ¡¿Es que me tengo que encargar yo de todo siempre?! - protestó la mujer furiosa, pero el tabernero ya había salido a la calle. Ella salió furiosa de la cocina farfullando y quejándose de todas las cosas que tenía que hacer aún.

Akshan cogió su cerveza y se fue a sentar en una de las mesas del fondo tranquilamente. El resto cogimos nuestras bebidas y le seguimos a la mesa redonda.

- No creo que Senna aprobara que nos tomáramos un descanso mientras no tengamos asegurada la campana esa – comentó Riven

- Ya, bueno supongo que deberíamos buscarla por nuestra cuenta – recapacité

- Tranquilas chicas, aquí la gente se mueve por el oro, estoy seguro que no tardará mucho en venir

- Por cierto, ¿de dónde has sacado esa fortuna para irla regalando?

- Llevo un tiempo cazando jefes de bandas, eso me reporta ciertos beneficios… - contestó el chico sin dar más detalles

No habíamos tomado el segundo sorbo a las cervezas  cuando el tabernero apareció alterado por la puerta buscándonos, su expresión se relajó al vernos y se acercó corriendo a nosotros

- Ya sé donde esta - dijo azorado - la han visto entrar en el templo de las barriadas, justo debajo del puente del carnicero, al final de la calle.

- Perfecto, lo prometido es deuda – Akshan le lanzó la otra moneda y se bebió el resto de la cerveza de un solo trago.

Terminamos nuestras bebidas a corre prisas y salimos veloces de la taberna para buscar a Illaoi. La voz del dueño se oyó de fondo invitándonos a volver cuando quisiéramos. Como dijo el posadero, poco antes de terminar la zona de muelles empezaban las chabolas de las barriadas, encima pasaba un puente de piedra y metal que se veía bastante abandonado. El templo no fue difícil de identificar, era la única construcción que no estaba en mal estado, las puertas estaban talladas con el símbolo de la cabeza de su dios, un monstruo con decenas de ojos y dientes afilados e infinidad de tentáculos a su alrededor.

Entramos en el edificio con un sonoro crujido de la pesada puerta. El interior era un pequeño anfiteatro que estaba tenuemente iluminado con velas. Al final había un altar de piedra dentro de un pequeño estanque cuadrado rodeado de velas, una mujer anciana rezaba apoyaba en el suelo de rodillas. Enfrente de todos, colgado de la pared había una gran imagen en relieve del Gran Kraken todo dorado, que brillaba  a la luz de las velas, su rostro se reflejaba distorsionado en las ondas del agua del estanque. Sus ojos observaban a todos los presentes, juzgándolos. Los feligreses rezaban a la vez que la anciana, todos le prestaban atención con sus cinco sentidos, a cada movimiento que hacía y cada palabra que pronunciaba. Nosotros nos quedamos en la entrada, cohibidos de interrumpir aquel ritual.

La anciana finalmente se levantó del agua y se adelantó hasta el borde del estanque. Era una mujer menuda, llevaba el pelo cardado con trenzas y rastas decoradas con perlas y conchas, vestía una túnica de tela color azul que contrastaba con su piel bronceada, era tan amplia que parecía que le estuviera grande. En sus brazos y pies brillaban infinidad de brazaletes y pulseras de oro con gemas aguamarina. Con autoridad y carácter, compartió unas palabras que resonaron en el anfiteatro.

- Hermanos y hermanas, en este momento de quietud, nos sumergimos en la esencia de Nagakabouros. Ante las aguas que fluyen incesantes, recordamos que la vida, como las corrientes del océano, nunca se detiene. La Madre Serpiente, demanda que demostremos nuestra valía, que nos atrevamos a desafiar y luchar por nuestros deseos. Debemos oponernos a la comodidad, una declaración de que no aceptamos el estancamiento. - respiró hondo y entonces miró a alguien entre el público - ¡Illaoi, Sacerdotisa del Kraken! Ven y pon a prueba a aquellos que desean demostrar su valía ante la Gran Madre. Que la Prueba del Espíritu revele la fuerza y la voluntad que fluyen en sus almas.

De la primera fila de asientos se levantó una mujer imponente. Aquella mujer que había convocado era alta y ancha como un armario y sostenía en su mano derecha un extraño artilugio redondo, dorado y hueco, se acercó hasta la anciana presta.

- Matriarca - dijo, he hizo una reverencia en señal de respeto. A pesar de estar arrodillada era casi de la misma estatura que la anciana, aun estando de pie, ella hizo un gesto en ademán para que se levantara, entonces se giró hacia los oyentes de la sala - Que todo aquel seguidor de la Madre Sierpe que crea ser digno de nuestra diosa se acerque para la prueba - dijo con voz profunda y resonante

Se hizo durante unos instantes el silencio, Illaoi estaba a punto de decir algo más cuando alguien de entre el publico se levantó. Una mujer de mediana edad, corpulenta y morena se acercó al centro de la sala.

- Soy digna del Gran Kraken y si mi alma miente que ve envíe a las profundidades con ella - gritó la mujer - Portadora de la Verdad ponme a prueba

Acto seguido la sacerdotisa le señaló con el ídolo dorado que portaba y lo estampó contra el suelo, era hueco y de su boca comenzó a emitir una luz verdosa que se extendió por el brazo de Illaoi haciendo brillar sus tatuajes tribales y sus ojos del mismo color, su oscuro pelo se levantó salvaje flotando en el aire. Todos nosotros mirábamos la escena como extraños, me sentía fuera de lugar, con la sensación de que no debía ver aquel ritual. El aire de la sala se volvió mas denso por segundos, como momentos antes de estallar una tormenta eléctrica. 

La esfera entonces estalló en un fogonazo de luz verde y algo golpeó en el pecho a la mujer como un látigo, esta, cayó en el acto al estanque y comenzó a convulsionarse en el suelo de la pequeña piscina salpicando de agua todo a su alrededor. Durante mas de cinco largos minutos estuvo luchando en el agua con todo el mundo expectante, finalmente cesó de moverse, la anciana ya se estaba acercando a ella cuando de repente tomó una gran bocanada de aire con urgencia, intentando coger todo el aire que pudiera. Illaoi con una gran sonrisa se acercó a la mujer para ayudarla a levantarse.

- ¡La prueba  ha sido superada! - gritó al público y todos entonces gritaron de júbilo - ¿Hay alguien más que crea ser digno? - dijo entre el alboroto y la sala volvió a enmudecer

- Yo soy digno del Gran Kraken y si mi alma miente que ve envíe a las profundidades con ella - gritó otro seguidor que se acercó hasta la sacerdotisa, este no era más que un adolescente, no tendría cumplidos los quince - Portadora de la Verdad ponme a prueba

Illaoi repitió el procedimiento de la prueba con el chico, igual que antes golpeó el suelo y surgió un estallido de luz, algo golpeó al chico tirándolo al agua y este comenzó a retorcerse. Su prueba duró poco en comparación a su predecesora. Illaoi bajó el brazo cuando este perdió brillo, no había respuesta. Negó con la cabeza mirando a la anciana.

- La prueba ha concluido - anunció, la sala se sumió en un silencio solemne. Los ojos de la anciana se posaron en la congregación, evaluando - Nagakabouros exige que no haya duda en nuestros corazones. La voluntad de la Madre Serpiente fluye a través de todas las cosas y solo cuando seguimos nuestros deseos el universo fluye hacia su destino, por esa razón no solo debemos vivir, sino también avanzar. - volvió a girarse hacia el altar - ¡Que la voluntad de Nagakabouros guíe nuestros pasos y fortalezca nuestros corazones para nunca estar perdidos ni estancarnos! - pronunció la anciana, elevando sus brazos hacia la imagen dorada del Gran Kraken. Las velas parpadearon en respuesta a sus palabras, creando una atmósfera mística. 

La estancia se llenó de murmullos y susurros cuando concluyó la ceremonia, entonces la gente comenzó a levantarse ordenadamente para salir. Nosotros, aún en la entrada, sentíamos la energía cargada en el aire se iba desvaneciendo, aquella experiencia me había dejado una impresión imborrable. Impactados aun, nos apartamos de la puerta para no molestar. Mientras el resto de la congregación iba abandonando el anfiteatro, buscamos con la mirada a aquella gran mujer a la que habían apodado como la sacerdotisa. Ella se encontraba en el centro del anfiteatro junto a la familia del fallecido y la anciana. 

- Vamos - les insté - con timidez avanzamos hacia ellos.

- Todavía no estaba listo - decía la anciana a la madre que sollozaba con su hijo en brazos -La voluntad de Nagakabouros es inescrutable, querida hermana. Tu hijo ha enfrentado las pruebas con valentía, y aunque el resultado no fue el que esperábamos, su espíritu ahora descansa en el flujo eterno de Nagakabouros - dijo la anciana con serenidad, mirando a la madre con ojos compasivos.

Nos acercamos discretamente, sintiendo el respeto que emanaba de la escena. La madre, aún con lágrimas en los ojos, asintió agradecida. La anciana se volvió hacia nosotros, reconociendo nuestra presencia.

- ¿Qué se os ha perdido aquí forasteros?¿Buscáis la guía de Nagakabouros? - preguntó con amabilidad

- No, venimos en busca de Illaoi - le respondí mirando en su dirección - buscamos a la Sacerdotisa del Kraken

- La voluntad de Nagakabouros fluye a través de mi. Si buscáis la verdad y su sabiduría os será revelada - dijo Illaoi - venid conmigo fuera a dar un paseo y hablar más tranquilamente.

Ahora que la veía más de cerca me sorprendió aún más su tamaño, estaba muy musculada, con pectorales marcados y brazos y piernas el doble de anchos que los míos, en cuanto su altura, ella casi me sacaba una cabeza, y eso que yo me consideraba más alta que la media. 

Salimos del templo burhu y paseamos dirección al puerto principal.

- ¿Y bien? ¿Qué busca de mi un grupo tan variopinto como vosotros? - nos observó detenidamente - una demaciana junto a una noxiana, un shurimano y una lunari... pensaba que estabais extintos...

- Todavía no - respondí algo molesta por el comentario, la observé detenidamente.

Aquella mujer era una guerrera, se le notaba en sus ropajes. Cubría su cuerpo con una armadura de piezas de cuero resistente sobre su pecho y caderas, aunque debajo vestía simples ropas de tela. Sus brazos también estaban protegidos con brazales de cuero revestidos de metal dorado con dibujos tribales. A pesar de ello seguí siendo femenina, luciendo con orgullo varias joyas de oro que cubrían su cuello casi por completo, así como pesados pendientes con grabados también dibujados. Su ondulada melena estaba recogida en parte detrás de la cabeza y el resto colgaba libre hasta la mitad de su espalda. - supongo que habrás oído las noticias del continente, niebla negra que se extiende por todo el territorio sin piedad

- Eso no es nuevo, pasa todos los años quien creéis que impide que avance en estas islas, desde que llegué a Aguasturbias  he duplicado los esfuerzos para alejar los harrowings de esta ciudad.

- Esta vez es diferente - saltó Akshan pausando la marcha - hay alguien que esta controlando la niebla y la esta extendiendo 

- Tengo tótems de Nagakabouros alrededor de todas las islas, la niebla no osará enfrentarse a la ira de mi diosa.

- No intentamos convencerte, protege esta ciudad como creas conveniente - intervino Vayne - pero danos la información que necesitamos para seguir nuestro camino

- Por favor - añadió Akshan

- Soy toda oídos 

- Buscamos un templo burhu con unas estatuas de serpientes en la entrada

- Conozco la ciudad como la palma de mi mano y no hay ningún templo con estatuas

- Esta abandonado - agregó Riven

Illaoi levantó los ojos intentando recordar, de repente abrió la boca, <<seguro que ha recordado algo>> pensé.

- Había un templo hace tiempo, el primero que inauguramos en la isla...esta en Puertogrís, pero ese lugar... allí es donde atacó el harrowing hace años antes de que decidiera dedicarme a proteger la isla... murió mucha gente, los abandonaron porque dicen que esta maldito, aun se oyen los lamentos de las victimas. 

- ¿Y donde esta ese lugar? - preguntó Akshan

- Al otro lado de la ciudad, el puerto principal lo trasladaron aquí desde entonces, pero...¿Qué buscáis de ese lugar, si puede saberse? - dijo Illaoi con un tono de enfado - la entrada al barrio esta prohibida

- Eso no te concierne sacerdotisa - espeté - ahora seguiremos nuestro camino, eso era todo lo que necesitábamos saber, gracias

-Todo lo que tenga que ver con la fe burhu y la niebla me concierne - gritó, entonces golpeó el suelo con su esfera dorada desatando un fogonazo de luz verdosa.

En ese instante, un tentáculo espectral emergió de la boca del ídolo, un espectro que, sin previo aviso, me azotó en el pecho con tal fuerza que me lanzó hacia atrás, golpeándome en la cabeza contra el suelo. Por un breve momento, me sentí ajena a la escena, como si fuera una mera espectadora de una película. Deseché rápidamente esa idea y recobré la conciencia; el golpe en la cabeza me hacía delirar. Tenía que escapar. Sin embargo, algo tiraba de mi ser. Miré entonces hacia atrás, una grotesca criatura con tentáculos verdosos envolvía a Illaoi, abrazándola. Ella sostenía su ídolo dorado, señalándome, la esfera brillaba intensamente, nublando mi visión.

Miré mis manos, pero mi espada no estaba. A mi alrededor había desaparecido la gente del puerto, las casas, incluso el ruido de la ciudad. Solo estaba Illaoi, aquella espantosa y enorme criatura  y yo.


- He separado el alma de tu cuerpo. Lucha por tu alma si te atreves - retumbó su voz en mi cabeza aunque sus labios permanecían inmóviles 

- ¿Que? - me sentía confusa y retrocedí, tropezando y cayendo al suelo de nuevo

- La primera lección es el movimiento, muévete o muere - continuó su voz

De repente los tentáculos se alzaron y me atacaron. Aún ralentizada, logré esquivar los primeros, rodando hasta levantarme de un salto. Entonces más brazos tentaculares surgieron tras aquella mujer intentando cazarme y corrí para alejarme de aquella criatura monstruosa, hasta que después de varios intentos, cesaron.

- Así que puedes moverte, bien... la vida es un océano, nada o te ahogarás - las palabras de Illaoi resonaban en todo mi ser - La segunda lección es la concentración, solo aquellos con visión contemplarán la verdad... prepárate...

Ante mi apareció su enorme ídolo dorado juzgándome. Sus ojos brillaban y con cada resplandor revelaban visiones de mi pasado y futuro, momentos cruciales de mi vida que me definían tal y como era ahora y que me habían conducido hasta ese preciso momento, así como cientos de imágenes de posibles futuros, todos válidos según que decisiones tomara. Todo aquello me estaba volviendo loca, era tan real, ¿Qué estaba sucediendo? Resistí mis emociones, pero no cerré los ojos a aquellas ventanas del futuro.

- La claridad da un propósito - respondió cuando las visiones desaparecieron y continuó hablando - La tercera y última lección es la verdad, ¡contempla! - retumbó su voz ensordecedora en mi cabeza

Una fuerza invisible tiró de mi, arrastrándome hacia el agua. Era poderosa, intentaba hundirme hacia las profundidades, donde esperaba Illaoi. Luché por mantenerme apartada de ella y alcanzar la superficie. Cada vez ejercía más fuerza para atraerme y sentía mi cuerpo más pesado y debilitarse por momentos, me ahogaba. Una extraña visión apreció. Arriba me esperaba mi pueblo que me tendía la mano para ayudarme, Halvard, Balder, Livia... todos aquellos que había conocido, di un último empujón y finalmente mis dedos rozaron los de Halvard y la fuerza dejó de tirar. Todo se volvió negro.

- Álzate lunari, lo has hecho bien... la dama barbuda te considera digna.

Desperté de repente, me faltaba aire en los pulmones y tomé una gran bocanada para normalizar mi respiración. Estaba tumbada en el suelo y me incorporé cansada. Mis compañeros estaban tendidos a mi alrededor, peleando con sus demonios igual que había hecho yo. 

La robusta mujer me observaba con curiosidad y le devolví la mirada. Ahora todo cobraba sentido. Su ídolo, aquella gran esfera de oro que tenía grabada la cabeza del Kraken ahora emitía una tenue luz desde el interior de sus fauces, estaba tranquilo.

- Inexplicablemente todos habéis conseguido pasar la prueba - dijo cuando el último de mis compañeros despertó del trance - si la diosa os considera dignos entonces yo también, ahora que he visto las visiones del Gran Kraken ya se cual es mi destino y el porque estáis en mi camino. Os ayudaré a entrar en el templo de Puertogrís y buscar esa campana si así expulsamos la niebla negra.

Todos nos miramos mutuamente. Se nos veía claramente afectados por la prueba, aunque nadie quiso hablar del tema ni de lo que había visto. Pero teníamos claro que con Illaoi de nuestro lado habría más posibilidades de éxito, la visiones de la prueba me habían mostrado esa posibilidad si tomaba la decisión, por ello la aceptamos en el grupo sin pensarlo. Miré a Riven que tenía la mirada perdida en el horizonte <<¿Todos ellos también habrán tenido una visión de ese futuro?>> pensé curiosa.

Con cierta urgencia nos pusimos en camino hacia el este de la ciudad, debíamos cruzar toda la isla para llegar a ese barrio maldito. Cruzamos infinidad de puentes colgantes, escaleras e incluso usamos una tirolina para bajar varios metros de altura rápidamente. Observé que según nos acercábamos más hacia Puertogrís, más abandonada y descuidada estaba la ciudad, muchos negocios estaban tapiados y las casas cerradas y saqueadas. 

- Nadie quiere vivir cerca de este lugar - anunció Illaoi - son supersticiosos y temen que la niebla vuelva a aquel lugar y reclame sus almas.

- Bueno… si jugamos bien nuestras cartas quizás no tengamos que volver a preocuparnos por la niebla negra nunca más - dijo Vayne

Continuamos caminando por una amplia calle empedrada que estaba desierta, esta estaba cortada por una reja de hierro forjado de casi diez metros de altura, detrás, un portón de madera de igual tamaño impedía ver que había más allá. Me acerqué a la verja para intentar escalarla pero tenía infinidad de pinchos en las barras para impedir que alguien cruzara.

-¿Quién va? – dijo una voz desde las alturas

En el edificio del al lado del portón se asomó alguien por la ventana.

- ¡Debemos pasar! – grité – nos urge, la vida de todos depende de ello

- Estáis locos, de que taberna os habéis escapado es muy pronto para estar borracho – rio con sorna

- Lo decimos muy en serio – replicó Riven – o subes el portón o subimos nosotros y lo hacemos

- Pssshhh venís aquí los forasteros y os creéis los reyes de la ciudad, no me asuntan vuestras amenazas – rápidamente sacó dos pistolas por la ventana y comenzó a disparar

- ¡Cuidado! – grité alerta, rápidamente nos dispersamos

- ¡Eso es! ¡Corred y huid cobardes! ¡Ahora ya no sois tan gallitos! – gritaba mientras se reía

Illaoi fue hacia la puerta para entrar al edificio y tiró la puerta de un empujón. Vayne y yo que estábamos escondidas detrás de otro edificio al otro lado vimos asomarse al vigía apurado.

- ¡Ehhh! – raudo se metió hacia dentro de la habitación

Corrimos detrás de ella y subimos las escaleras subiendo los escalones de dos en dos. El sonido de las pistolas volviendo a disparar hizo que nos diéramos más prisa.

- ¡Atrás o disparo! – aparecimos en la puerta pero Illaoi lo tenía acorralado contra la ventana. Akshan de repente apareció por la ventana y asustó al hombre tocándole el hombro, este pegó un grito e Illaoi aprovechó para pegarle un puñetazo en la cara en cuanto se dio la vuelta y le desarmamos. Mientras Vayne averiguaba cuales eran los botones para subir y abrir las puertas yo vigilaba al pistolero, el hombre, que ya se despertaba del golpe, comenzó a quejarse de dolor.

- ¡Joder! Esa zorra me ha roto la nariz - se quejó, sujetándose la nariz, Illaoi soltó una risotada

- He sido generosa contigo, he roto huesos por menos - le contestó

- ¡Ahhhhh! Fortune no me paga lo suficiente por estar aquí - Echó la cabeza hacia atrás para intentar cortar la hemorragia que estaba manchando su chaqueta y camisa - haced lo que queráis en esa ciudad fantasma… yo me largo de aquí - después de eso se levantó tambaleándose y abandonó su puesto zigzagueando hasta la puerta mientras miraba al techo haciendo pinza con sus dedos en la nariz.

- ¡Ahgg! A la mierda - Vayne impaciente pulsó todos lo botones hasta que comenzaron a oírse las poleas de la puerta

- Ya van - anunció Akshan

- Pues vámonos - Bajamos de nuevo, Riven nos esperaba a la entrada de la ciudad.

Al cruzar nos encontramos con un paisaje desolado, donde los edificios se erguían como testigos del pasado, sus fachadas marcadas por la decadencia y el paso del tiempo.

Las calles, cubiertas de un polvo grisáceo que se agitaba con cada paso, estaban abandonadas, los edificios agrietados y con madera enmohecida eran los únicos restos de una vida que alguna vez palpitó en aquel lugar. Los únicos sonidos que se escuchaban eran el eco de las pisadas resonando entre las estructuras desiertas y los susurros del viento atrapados entre las grietas de las paredes.

Seguimos a Illaoi hasta llegar al templo burhú. Las distinguidas estatuas de serpientes flanqueaban la puerta de la entrada. Estas esculturas, talladas de piedra, miraban con ojos verdes penetrantes. Sus ojos al igual que las escamas de sus serpentinos cuerpos estaban decorados con piedras de jade y oro. La piedra que las componía mostraba los estragos del tiempo, pero aún así, mantenía su elegancia en la desolación.

La iglesia, con su arquitectura burhu y detalles ornamentados, se alzaba majestuosamente en medio de la decadencia circundante. Las vidrieras rotas permitían que la luz del mediodía se filtrara en el interior, creando un juego de colores difuminados en el suelo polvoriento. El silencio reinaba, roto solo por el crujir de nuestros pasos y el viento que susurraba entre las hendiduras de las paredes.

Al entrar, el ambiente se volvía aún más denso. Sin velas que iluminaran, el interior estaba sumido en sombras, solo interrumpidas por la luz que se colaba por las ventanas. Las bancas, desgastadas y cubiertas de polvo, esperaban a fieles que ya no llenaban los pasillos. 

La atmósfera estaba impregnada de un aura misteriosa y olvidada, como si el tiempo mismo hubiera decidido detenerse en ese lugar. Éramos conscientes de la importancia de la misión, por lo que avanzábamos con cautela, Viego o sus secuaces podrían aparecer en cualquier momento para chafarnos la misión y robar el fragmento de Isolde. 

Miramos en las estanterías y altares, y entre las esculturas y fetiches que decoraban los rincones, también en el despacho trasero.

- Aquí no hay nada - se quejó Riven tirando un libro sobre la mesa del despacho y levantando una nube de polvo, Akshan tosió por ello e intentó difuminar el polvo agitando su mano.

- Lo hemos revisado todo, ¿habrán venido antes que nosotros? - preguntó Vayne

- No puede ser, no había huellas antes que nosotros, tampoco rastros de la niebla... sigamos buscando - repliqué

- Puede que sepa donde esta - comentó Illaoi - hay un acceso secreto para bajar a las ruinas del anterior templo, esta iglesia esta construida sobre una más antigua, aunque el acceso esta restringido a unos pocos, entre los que me incluyo.

- ¡Debes bajar entonces, seguro que esta allí! - dijo Akshan animado y recuperado de su ataque de tos

- Ya estoy infringiendo las normas viniendo aquí y aun más con desconocidos - iba a protestar pero ella continuó - sin embargo, la Gran Madre quiere que os ayude, ese es el destino que debo seguir. 

Respiré hondo más aliviada.

- Bajemos entonces. - anuncié

- Las ruinas están en mal estado en ciertos lugares y otras inundadas, debemos tener cuidado. Hay zonas que ni yo he explorado...

Illaoi empujó entonces una librería del despacho que escondía una puerta, ella sacó una llave vieja que guardaba colgada de su cuello y abrió la puerta. Las bisagras y la madera podrida y húmeda crujieron al moverla, era bastante pequeña y tuvimos que inclinarnos para entrar.

- Cuidado con los escalones, resbalan un poco... - después levantó el ídolo que sujetaba y se concentró hasta que la luz verde de su interior se intensificó como un farol. 

Sentía la mirada de las serpientes esculpidas de la entrada siguiéndonos mientras nos aventurábamos más profundamente en la ruinas abandonadas del antiguo templo de Puertogris.

Recorrimos los pasillos con un silencio solemne con el único sonido de nuestros pasos y respiraciones al avanzar. Rebuscábamos en todas las estancias por las que pasábamos, muchas de ellas estaban decoradas con símbolos de naturaleza acuática y elementos rituales, a veces el murmullo del agua goteando nos acompañaba creando una melodía repetitiva pero relajante.

Illaoi finalmente rompió el silencio.

- Creo que debemos buscar en la parte del templo que esta inundada, creo que es ahí donde encontraremos la campana.

- Pero... ¿es seguro? - preguntó Vayne dudando - quiero decir, ¿se puede subir y respirar o esta completamente inundado? No soy muy buena nadadora...

- No tenemos porque ir todos, será más fácil moverse cuantos menos seamos, sobre todo por los pasillos

- Iré yo contigo, Illaoi - me ofrecí - vosotros esperad aquí y vigilad por si hubiera visitas inesperadas... intentaremos tardar poco

Illaoi corrió por el siguiente pasillo hacia unas escaleras que bajaban más abajó, un estanque de agua las rodeaba. De un salto se zambulló y siguiéndola la imité. Inesperadamente el agua estaba templada, Illaoi debió notar mi sorpresa

- Esta parte de la isla conecta con las termas del volcán.

- Si..., que gusto - dije moviendo mis manos por el agua, Illaoi levantó los hombros indiferente

- Venga, vamos - me apremió

Ella buceaba delante mía, iluminando con su ídolo dorado. El agua tomaba y la piedra de las paredes hacía un extraño juego de luces y sombras con la luz titilante que emanaba de la esfera de Illaoi. Descansamos un momento en un lugar donde podías respirar antes de continuar. 

- ¿Sabremos volver después? Esto es un laberinto - le pregunté

- Conozco este lugar como la palma de mi mano. Sigamos

Hinché los pulmones de aire con una profunda respiración y me sumergí de nuevo. Buceamos hasta una amplia estancia parecida al anfiteatro donde conocimos a Illaoi, en medio, se levantaba un altar de piedra con inscripciones y custodiado con dos serpientes entrelazadas como dos guardianes, sus ojos y cuerpos brillaron cuando las iluminamos, también un objeto guardado en una caja de cristal, la campana.

Emocionada, nadé rápidamente hacia el altar casi atropellando a Illaoi al pasar por su lado, cogí la urna de cristal y con todas mis fuerzas la estampé contra una de las serpientes haciendo saltar esquirlas por doquier. Cogí al vuelo la campana de latón antes de que se hundiera y subí hasta donde estaba Illaoi, debíamos subir rápido porque me estaba quedando sin aire y había gastado muchos esfuerzos para romper la caja.

Illaoi cogió mi mano y me impulsó hacia la superficie nadando con sus poderosas piernas.

Después de la pausa para respirar conseguimos salir de allí y volver con mis compañeros.

- Lo tenemos - dije tintineando la campana - salgamos y reunámonos con Senna

Illaoi nos guio de vuelta a la superficie sin dudar del camino. Salimos de Puertogrís dejando atrás el silencio para volver a la realidad de la ciudad en plena actividad. Antes de volver al templo de los centinelas paramos en una taberna para comer algo, puesto que nos habíamos saltado la comida y estábamos famélicos. Junto con Illaoi, nos zampamos cada uno un gran cuenco de sopa de pescado fresco y brochetas de anguila. Después con la panza ya llena y con energías renovadas, nos despedimos de Illaoi y nos dirigimos al templo.

No habíamos llegado aún cuando una peculiar pareja de vendedores nos abordó, más propios de una feria ambulante que de un callejón olvidado, nos cerraron el paso.

El primero, robusto y de cejas pobladas, sostenía una escopeta de doble cañón y se cubría con un poncho desgastado de color teja. Disfrutaba fumándose un puro mientras intentaba vendernos baratijas. Su compañero, delgado y de pelo negro largo y lacio, se mesaba la barba mientras le escuchaba. Vestía una larga gabardina ribeteada de dorado, un chaleco rojo aterciopelado con motivos florales y un sombrero de cuero de tres puntas. Ambos nos miraban con perspicacia.

Este último se nos acercó a Vayne y a mi con la gracia de un charlatán experimentado.

- Señoritas, ¿os interesaría unos collares mágicos para ahuyentar la mala suerte? - ofreció el flaco del sombrero revelando la mercancía que guardaba bajo la gabardina con gesto teatral - ¿o quizás un brazalete para conquistar el corazón de ese hombre que os vuelve locas? 

Se acercó a Akshan con intención de impresionarlo.

- Eres un joven apuesto, estoy seguro que tienes a todas las mujeres que quieras rendidas a tus pies... - continuó, sacando un anillo dorado con gemas de color zafiro de su bolsillo - ¿no quieres regalarle este precioso anillo a una bella dama? Seguro que tienes alguien especial rondándote 

Akshan apartó la mano ignorándolo. 

- También adivinamos la buena fortuna - comentó el otro, y el flaco sacó del sombrero una baraja de cartas de colores, realizando trucos de manos

- No tenemos tiempo para tonterías, intentad engañar a otros con vuestras baratijas y objetos místicos  - les espeté, apretando el paso para dejarlos atrás

- ¿Queréis un boquete en el estómago? - comentó sarcásticamente el fumador. Miré hacia atrás sorprendida y confusa, solo para encontrarlo apuntándome con su trabuco mientras reía. Entonces, le dio una última calada al puro y lo escupió. El del sombrero apuntaba a la cabeza de Riven con una pistola - también tenemos de eso

- ¿Esta es vuestra estrategia de venta? - moví la cabeza - mala decisión

- ¡Nos tenemos que ganar la vida de alguna forma! - protestó el grandullón - os daremos la oportunidad de iros sin despeinaros si nos dais vuestras armas y las carteras

- No llevamos dinero encima - anuncié

- No, no, no - decía el flaco - mentir esta mal, Graves enséñales una lección 

- El guapito si lleva oro, presumió de ello en la taberna, así que soltad el dinero

- ¿No os dais cuenta de que os doblamos en número? Esto no puede acabar bien para vosotros dos

- Repito, si soltáis el dinero y las armas ahora nadie saldrá herido - dijo el tal Graves

- ¡Ahhh! Démosles una paliza a estos inútiles y vayámonos ya - gritó impaciente Riven

- Bueno, ¡basta ya de perder el tiempo! No tengo ni tiempo ni ganas de seguir discutiendo - exclamé

- Pues nosotros sí

El hombre de la escopeta lanzó una bomba de humo al suelo, cegándonos. Actué rápidamente activando mi escudo por precaución y desenvainé mi espada. Oía disparos a mi alrededor mientras rodaba por el suelo, evitando las balas y buscando la salida de aquella nube de polvo. Cuando me incorporé, de repente sentí un tirón en mi cinturón, pero al volverme, no había nada. La nube de humo se disipó finalmente, sin embargo no quedaba rastro de la pareja de ladrones.

Me notaba más ligera.

- ¡Mierda! - farfullé - ¡me han robado mi bolsa! ¡Joder!

- Si te consuela, a mi me han birlado mi cartera - se lamentó Akshan

- ¡No! ¡Joder! - pegué un puñetazo de rabia en la pared de una casa de la calle - Tenía dentro la campana, tenemos que recuperarla 

- Separémonos, no pueden haber ido muy lejos - propuso Vayne

Acto seguido nos separamos y bajé de nuevo hacia el puerto. El cielo del atardecer se oscureció aún más por momentos y las sombras de los edificios inundaron las calles, finas gotas de agua comenzaron a caer. Me aferré a mi capa y observé como la actividad de los muelles se apagaba con el ocaso. Había barcos atracados con gente conversando tranquilamente mientras algunos marineros realizaban labores de mantenimiento, la mayoría de la faena se había trasladado dentro de los mataderos donde despiezaban los monstruos, ni la marea más alta era capaz de limpiar la sangre del empedrado. 

Oí un susurro en el viento y las farolas de la calle se apagaron de golpe. El capitán detuvo su charla y aspiró el aire frio, el también debía haber presentido un cambio, sin embargo un momento después continuó hablando con su camarada. La lluvia arreció e instintivamente mi mano desenvainó mi espada, la inquietud creció en mi pecho, tenía un mal presentimiento. 

El vello de mi nuca se erizó cuando la niebla invadió las calles. La misma niebla a la que me había enfrentado los últimos días. Entonces comenzó el pánico, el capitán fue el primero en darse cuenta, se asomó desde su barco y gritó a todo pulmón.

- ¡Ha vuelto!, ¡La niebla negra a vuelto! - apurado tocó una bocina de su barco alertando a todo el que pudiera oírle. Acto seguido se dirigió a cabina y puso el motor en marcha, levantó el ancla y echó marcha atrás haciendo caer a algunos de sus empleados al agua sin importarle lo más mínimo.

Los trabajadores de los mataderos fueron los siguientes, dejaron sus labores en cuanto oyeron la alarma y salieron despavoridos a enconderse lo más lejos posible, todo el mundo se encerraba en sus casas herméticamente con la esperanza de que no les alcanzara. El terror de una larga noche se apoderaba de la ciudad.

Con mi espada preparada, degollé al primer espectro que emergió de la niebla, la hoja centelleaba en la bruma con cada tajo. Tenía que seguirla, la niebla buscaría el fragmento de Isolde como polillas a la luz. De repente, Illaoi salió de un callejón sombrío con su ídolo dorado brillando intensamente con su luz verdosa y golpeó en el suelo liberando varios tentáculos que comenzaron a enzarzarse y luchar con los espectros.

- Sois un insulto contra la vida y contra Nagakabouros - gritaba a las ánimas malignas que atacaban desde la niebla - ¡Diana! ¡¿Que haces aquí aún?!

- ¡Debemos seguirla! - le grité entre el estruendo y la confusión de los habitantes de nuestro alrededor - ¡Dos ladrones nos han robado la campana! ¡Estoy segura de que la niebla esta buscándolos!

- ¡¿Y tus amigos?! - me respondió haciéndose oír por encima del tumulto

- ¡Saben cuidarse solos, nos encontraran!

La niebla avanzaba por el muelle hacia las barriadas por debajo del puente del carnicero, luchábamos con los espectros intentando proteger a los aterrados residentes que huían en todas direcciones, pero eran demasiados y muchos sucumbieron. Ante nosotros, una mujer tirada en el suelo agonizaba sujetándose el cuello inútilmente intentando evitar que la sangre de su desgarrado cuello saliera, mientras la palidez se su cara aumentaba hasta que finalmente la fuerza y la vida se le escapaba en un último suspiro sobre su propio charco de sangre, la sangre siguió borboteando hasta mezclarse con el agua del mar de la creciente marea.

El miedo se apoderaba de la ciudad, una noche interminable se cernía sobre nosotros. Las luces centelleantes de los disparos iluminaban la bruma mientras nos dirigíamos hacia el caos de la batalla. Encontré a Graves luchando contra una bestia espectral, mientras su compañero, le cubría las espaldas lanzando cartas mágicas que seccionaban a los monstruos que se acercaban. 

- ¡Fate! - le gritó a su compañero - ¡no dejes que esos jodidos bichos se acerquen a mi! - Lanzó una carta amarilla que se incrustó en el cráneo de un espectro y este quedó petrificado, acto seguido lanzó otra roja y lo desintegró. 

En ese instante Vayne surgió de la penumbra, deshaciéndose de espectros que amenazaban a una familia. Más  adelante nubes ardientes se alzaban ante un edificio que empezó a quemarse, el calor hizo estallar los cristales y las llamas saltaron fuera rugiendo y devorando todo a su paso, ni la fuerte lluvia conseguía extinguirlo. El cielo se iluminó como si estuviéramos en el mismísimo infierno.

El resto del grupo, con Riven y Akshan, llegó hasta nosotros, sumándose a la batalla. El hombre del sombrero se separó de su compañero y, viendo que aquello le superaba, decidió huir. Con sus cartas mágicas, se teleportó hacia un lugar seguro, dejando vendido a su compañero en la niebla. 

- ¡Twisted Fate! - le gritó antes de que desapareciera - ¡maldito cabrón!¡Traidor! - se escondió detrás de una pared para recargar su arma a salvo y se volvió para seguir disparando a los espectros que le acosaban. 

Debía ayudarle o se llevarían el fragmento en cuanto lo mataran. Esquivando y matando a las bestias espectrales conseguí alcanzar a Graves.

- ¡Dame la campana! - le grité - Buscan eso, dámela y te dejarán en paz.

Graves, herido y cubriéndose detrás de unas cajas de madera para recargar su escopeta, su pierna sangrando con la carne desgarrada brillando con la luz de las llamas, escuchó mi demanda. Los gritos desesperados de un hombre siendo arrastrado al agua lo convencieron. Dio una fuerte calada a su puro y me lanzó mi bolsa. El tintineo desde su interior indicaba que era lo que buscábamos. La escondí dentro de mi pechera, sabedora de que solo podrían arrebatármela si rompían mi armadura. Y si eso sucedía, significaría que ya no la necesitaría porque estaría muerta.

Acto seguido, Graves siguió disparando a los monstruos de la niebla. Un barco emergió entre el humo y la niebla, el capitán, un hombre fornido y musculado disparó entre la bruma, su cuerpo y sus ojos brillaban con una luz espectral, la misma que había visto en Shyvana o en Pantheon.

- ¡Gangplank! - gritó sorprendido Graves al verle - no puede ser, ¡estaba muerto! 

Hacía un tiempo había oído ese nombre, un hombre déspota y cruel que gobernaba Aguas Estancadas con mano de hierro antes de que la capitana Fortune, quien ahora mandaba, le derrotara y hundiera su barco hacía unos años. Ahora ese hombre, seguramente, embaucado por las promesas del rey arruinado, Viego, dirigía sus ejércitos de espectros, enviando hordas de engendros espectrales contra nosotros para arrebatarnos el fragmento de Isolde. 

Pero la suerte se puso de nuestro lado y la caballería llegó a ayudarnos. La capitana Miss Fortune apareció en la hora más oscura para auxiliarnos.

- ¡Pensaba que ya te había matado en tu propio barco la última vez que nos vimos! - le gritó Sarah Fortune a Gangplank - ¡La mala hierba nunca muere! - gruñó - ¡A los cañones, hundid de nuevo ese barco fantasma y a ese traidor!

- ¡La ciudad volverá a ser mía! - le gritaba Gangplank

- ¡Por encima de mi cadáver! - respondió la joven capitana y disparó una lluvia de balas con sus dos pistolas en dirección de Gangplank.

- Marchaos de aquí y llevaros esa cosa - dijo Illaoi refiriéndose a la campana, mientras invocaba más tentáculos con su magia tribal, sus tatuajes y sus ojos refulgían con la magia- ¡Volveremos a liberar Aguasturbias de la niebla como las otras veces! - nos miramos un último momento antes de que nuestros caminos se separasen - ¡Por Nagakabouros, volved a las entrañas de donde habéis salido espíritus! - gritó lanzándose de nuevo contra los monstruos  en una explosión de luz verde.

Aprovechamos la lluvia de balas contra nuestros enemigos para huir de la zona de guerra hacia el templo. Las calles mojadas y oscuras estaban en completo silencio ahora que todo el mundo estaba escondido, esperando que se terminara ese infierno. Graves entró cojeando de repente en el templo poco después de nosotros, nos había seguido. Se había vendado su pierna con la tela de su poncho rojo, disimulando la sangre que emanaba de la herida, en esta ocasión no fumaba.

- ¿Aprovechando la oportunidad para escapar como un cobarde? - le preguntó Vayne al verle - dejarás morir a tus compatriotas

- No son mis compatriotas, ni siquiera son mis amigos o mi familia, aquí cada uno sobrevive como puede - protestó - además, no es muy diferente a lo que habéis hecho vosotros 

- Tenemos una batalla más importante que librar - contesté - ¿Qué quieres pirata?

- Quiero redimirme - dijo con decisión Graves - en parte es culpa mía que la ciudad este así ahora - el arrepentimiento y la culpa se hacían notar en su voz y su cara

- ¿Serás hipócrita? te sientes culpable por lo sucedido pero te importa una mierda esa gente, absurdo. Y si, por supuesto que es tu culpa - le espetó Riven - podríamos habernos ido hace horas, antes de que viniera la niebla negra, quizás se podía haber evitado su avance

- Me importa que la ciudad siga siendo como era, no se puede sacar partido en una ciudad fantasma - se explicó - ¿me aceptareis?

- ¿Para que nos dejes vendidos como a esos pobres de ahí abajo? No, gracias - le rechacé tajantemente - Vámonos - ordené al resto y tocando el templo de Ixtal con la mesa-teleportadora desaparecí de Aguasturbias.

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