En las arenas de Shurima
Era casi la hora de comer cuando volvimos a movernos con la mesa teleportadora, en esta ocasión, al templo de la región de Shurima. Me sorprendió gratamente cuando observé la amplia estancia. Este a diferencia del resto no era angosto y austero, sino que grandes pilares de piedra arenisca de color del oro sujetaban el techo de gran altura. Este templo, además, estaba amueblado exquisitamente con armarios, cómodas, mesas y demás, todos fabricados en madera de pino negro y decorados con ornamentaciones de oro y piedras preciosas engarzadas. Tanto lujo a mi alrededor me hacía sentir como una reina. Las estatuas de piedra blanca y el monolito también tenían detalles de oro en filigranas que surcaban las curvas de las esculpidas rocas y reposaban sobre un soporte de plata maciza. Varios tapices vestían las paredes entre columna y columna, también había inscripciones talladas en las rocas de las paredes mostrando dibujos de escenas de alguna historia del lugar.- Este fue el primer templo que se construyó - comentó Senna - hace ya más de setecientos años
- Pero la niebla negra ha empezado ahora, ¿no? - pregunté confusa - ¿contra que luchaban entonces?
- No Diana, la niebla negra existe desde que Viego destruyó las Islas Bendecidas. Puede que él haya estado dormido, pero la niebla negra, cada año hace incursiones por toda Runaterra, capturando almas nuevas y condenándolas a un tormento eterno en las Islas de la Sombra, ese lugar es una prisión - me explicó - es lo que llamamos los harrowings
- En todo el tiempo que llevo trabajando para Kayle nunca he oído hablar de ello
- Supongo que se debe porque solo pasa una o dos veces al año, en fechas muy concretas y aunque puede afectar a escala mundial no siempre aparece en los mismos sitios. Quien más los sufren son los habitantes de las Islas Serpiente y principalmente de la bahía de Aguasturbias, seguramente porque son los que están mas cerca de las Islas de la Sombra. - terminó de explicar, después miró al grupo - Voy a por unas cosas de la armería, no tardaremos en irnos. No os disperséis demasiado.
Le vi alejarse junto con Vayne y Lucian, Olaf se quedó hablando con las otras chicas. Yo, como siempre, fui por libre.
Me acerqué a una sala auxiliar, anexa a la principal. Era una sala de estar, varios divanes rodeaban una mesa auxiliar y descansaban sobre una alfombra con motivos geométricos, una cómoda con un candelabro decoraba una pared lateral y la pared del fondo estaba adornada con un gran tapiz que la cubría casi por completo. Pasé la mano por la oscura mesita. Una gruesa capa de polvo y arena reposaba sobre la lisa superficie, al observar más detalladamente pude comprobar que la madera también estaba vieja, podrida y astillada en ciertas zonas y el oro estaba algo ennegrecido. El tapiz debió de ser muy bonito hacía tiempo, sin embargo, el tiempo también lo había estropeado. Los dibujos se habían borrado y perdido sus vividos colores, apenas pude distinguir as líneas del paisaje que tenía tejido. La moqueta, los sofás y la cómoda tampoco estaban en mejores condiciones <<es una lástima que se hayan estropeado.... el tiempo ha carcomido la tela y la madera..>>.
Salí de nuevo a la sala principal donde estaban las estatuas, Riven, Irelia y Olaf estaban discutiendo, comparando su fuerza. Miré hacia la salida, parte del techo se había derrumbado, sin embargo, a pesar de estar parte del templo en ruinas, seguía pareciendo majestuoso. Sin duda era el más grande y bonito de todos los templos que había visitado. De repente oí pasos a mis espaldas, eran mis compañeros que volvían de la armería.
- Salgamos de aquí, debemos llegar a la ciudad del Sol. - dijo Senna
- La capital del antiguo imperio shurimano - puntualizó Irelia
- Exactamente - le contestó Senna
- ¿No esta todo en ruinas y sepultado bajo las arenas del desierto? - intervino Riven
- Si, pero aún hay entradas para bajar al interior, los ríos todavía discurren por debajo de la ciudad
- ¿Qué buscamos esta vez? - pregunté, Senna volvió los ojos hacia mi
- Una cesta de juncos, en este fragmento esta la esencia de la fuerza y la resistencia de Isolde
Recordé lo que me había explicado Senna sobre los fragmentos, cada uno contenía una parte de su alma, un sentimiento de la vida de Isolde...la propia Senna era el fragmento de la protección, reencarnada, pero el resto estaban repartidos por toda Runaterra. Por el momento Viego ya poseía seis de los fragmentos, casi la mitad de todos lo que existían, que, por lo que me había contado Senna, eran trece.
Moví la cabeza asintiendo y el grupo siguió andando hacia la entrada del templo.
Seguí pensando en los fragmentos mientras andábamos. El primero que consiguió fue el fragmento de la nostalgia, este, estaba contenido en una vieja y desgastada caja de música. Por lo que me contó Senna, había sido un regalo de bodas para la pareja, se encontraba en las ruinas de su ciudad natal, Camavor. En Demacia robó un espejo de mano con el fragmento de la honestidad, pero con Shyvana controlada de por medio no pudieron recuperarlo. En Noxus estaba en una jarra de vino, representando la pasión de Isolde, el cual consiguieron los secuaces de Viego mientras el estaba en Demacia hostigando. El fragmento de Targon, fue en la primera misión en la que me inicié con los centinelas, sin embargo fracasamos. Allí estaba el reloj de sol, símbolo de su paciencia. En Freljord estaba el peine de marfil, que simbolizaba la confianza y lealtad. Y por último el fragmento de Jonia, allí robó la esencia de su belleza inmortal, gracia y pureza, este fragmento estaba encerrado en un pequeño accesorio para el pelo, una flor de plata. En un segundo intento más contundente, liderado por el propio Viego, absorbió el fragmento del alma del objeto con su espada y además unió a sus filas a Karma.
Llegamos. La salida era la parte más deteriorada de aquel edificio, los últimos pilares estaban derrumbados tapándola y las grandes losas del techo se habían caído. A pesar de parecer que estábamos atrapados allí, no era así. Había un estrecho camino entra las grandes piedras de arenisca y petrecita que salía al exterior. En fila de uno seguíamos a Senna que nos guiaba a través de aquel laberinto. Algo tropezó y se abalanzó sobre ella y la hizo caer sobre su marido y este sobre mi.
- ¡Pero que demonios ha sido eso! - solté una maldición al tropezar yo también en aquella cadena - ¡Ayyy, joder que daño! - al caer sobre Olaf me clavé el borde de su hacha en las costillas << mañana tendré un moratón>>, este que era bastante grande y corpulento aguantó el peso de todos.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó Irelia preocupada - ¿estáis bien?
Lucian se incorporó y ayudó a su mujer.
- Algo se ha caído sobre mi - explicó Senna
Lucian miró a su alrededor, entonces sacó una de sus pistolas y le quitó el seguro, se acercó sigilosamente a unas rocas, era un camino ciego, sin salida.
- Sal de ahí, o te vuelo los sesos - habló pausadamente, alguien se había escondiéndose detrás de la losa caída, su capa blanca se escapaba por el lado descubriéndole.
- Vale, vale tranquilo - de detrás de la piedra salió un hombre sonriendo con las manos detrás de la cabeza
Era un hombre joven, seguramente un par de años menor que yo, alto, delgado y musculoso.
- Que te hace tanta gracia - dijo Lucian acercando su pistola, con su habitual simpatía
- Nada solo que... - rápidamente cogió algo que tenía a su espalda disparó un gancho con una cuerda hacía una de las columnas que aún estaban en pie, Lucian disparó, pero el ya se había escondido de nuevo detrás de la losa esquivándola, la bala hizo soltar esquirlas de la piedra - ¡adioooos amigos! - gritó cuando de un salto se encaramó al techo, pero Olaf pegó un salto hacia el agarrándole de la pierna y tiró, obligándole a soltarse de la cuerda, en cuanto cayó sobre el lo inmovilizó.
- Que escurridizo es - dijo Olaf intentando retener a personaje entre sus fuertes brazos - se mueve más que una lagartija
- Ahora no te ríes tanto, ¿¿ehh?? - le dijo Lucian con una sonrisa burlona
- Saquémoslo fuera - anunció Senna - aquí no podemos movernos casi
La luz del sol cegó mis ojos al salir de la penumbra de aquel laberinto en ruinas, pude entonces distinguir mejor al sujeto que tenía atrapado Olaf. Su cuerpo colgaba como un muñeco de trapo en brazos de una niña, aunque en este caso la niña era un hombretón de dos metros de altura. El "muñeco" tenía la piel bronceada y su pelo negro, largo y brillante, estaba semi recogido en la parte de arriba, apartándole el pelo de la cara, aunque ahora lucía despeinado al haber intentado escaparse.- ¿Podéis soltarme ya? - se quejó el susodicho, echó la cabeza hacia atrás cansado y miraba a Olaf - prometo no escaparme - y se llevó su mano enguantada al pecho haciendo una señal en el corazón
Senna pasó la mirada de él a Olaf y le hizo una seña para que lo soltara, aún así Olaf precavido le sujetaba por el hombro, el desconocido de piel morena se arregló el pelo y se espolsó los pantalones y la capa, que estaban llenas de tierra y arena, después miro al grupo con una gran sonrisa torcida en sus labios.
- ¿Quién eres y que hacías ahí? - le inquirió Senna
- Akshan a su servicio - teatralmente se inclinó hacia delante haciendo una reverencia, su capa se deslizó dejando su pecho al descubierto - cazador, rebelde y centinela, todo en uno - se incorporó y puso los brazos en jarras - esa misma pregunta debería haceros a vosotros... estabais en mi casa, vivo ahí
Tenía una cara muy expresiva, a parte de su sonrisa pícara y la barba bien arreglada y recortada, el tal Akshan tenía una gran habilidad para mover los músculos faciales, sobre todo las cejas.
- ¿Cómo que centinela? - Lucian le miraba incrédulo
- Soy de una antigua estirpe de guerreros que luchan contra la niebla negra, mi mentora Shadya me instruyó y me enseñó para combatirla
- Sabemos perfectamente lo que son los centinelas - señaló al grupo - nosotros somos centinelas
Akshan levantó las cejas y abrió los ojos y la boca sorprendido, tenía una expresión graciosa.
- Increíble coincidencia - comentó Senna - si es así, nadie mejor que tu para guiarnos hasta la ciudad del Sol
- ¿Pensáis ir a las ruinas del imperio? El desierto que nos separa de la ciudad esta lleno de carroñeros y saqueadores de las arenas... es más, escapaba de un grupo cuando les di esquinazo entrando en el templo
- He visto como te mueves, eres ágil, rápido y sigiloso – Senna echó una rápida mirada a Olaf, seguramente recordando cómo estaba peleando para que no se escapara antes - si no fuera porque te superábamos en número y estábamos en un sitio estrecho te habrías escapado fácilmente o incluso ni te hubiéramos visto, la verdad, sigo sin comprender como no pude verte antes de chocar conmigo.
- Tengo mis truquitos – dijo con su gran sonrisa y un aire misterioso – lo que me recuerda que necesito mi arma - echó una rápida ojeada a Riven que era quien la guardaba
Senna hizo una señal a la noxiana para que le devolviera el arma, ella la había recogido antes de salir, aquel artefacto con forma de ancla de cuatro puntas y detalles dorados. Este la aceptó impaciente y se la colgó del cinturón que sujetaba también su capa, se puso la capucha de su capa blanca para protegerse de la luz.
- Bueno, entonces nos vas a ayudar, ¿no? Debemos cumplir con nuestro cometido – dijo Senna, no aceptaría una negativa del nuevo miembro
- Como resistirse a la aventura – contestó cortés, después echó un vistazo rápido a cada una de nosotras, examinándonos y asintió con la cabeza para sí – sobre todo con estas bellezas de compañía – claramente a Lucian no le gustó ese comentario, ni su actitud galante pues le miraba fijamente con el gesto fruncido, el lo notó y sonrió de medio lado
Akshan se acercó entonces a Irelia y Vayne y se colgó de sus hombros dejando su cabeza entre ambas.
- Y estas preciosidades como se llaman – dijo pasando la mirada de Irelia a Vayne y después mirando de reojo al resto – ¿a alguna le gustaría unirse a una fiesta conmigo cuando volvamos?
Vayne le dio un codazo en el costado y este se contrajo de dolor, soltándose de las chicas para abrazarse allí donde le había dado, Lucian disfrutó de ello.
- ¡Aouch! – Aulló - Que daño… Con un simple no me conformaba
- La próxima vez que me toques te clavo un virote en la entrepierna
- Grrrrr....Cuanto más difíciles más me gustan – susurró, si Vayne le había oído le estaba ignorado por completo
Irelia me miró incómoda, le gustaba tan poco como a mí como nos había mirado el nuevo << ¿Seguro que era buena idea añadir a ese elemento al grupo? Ya tenía mis dudas cuando se unió Olaf, y parecía bastante competente a pesar de mis ideas preconcebidas, pero este… ¿Qué verá Senna en él para dejarlo entrar en el grupo? >>.
- Bueno, pongámonos en movimiento antes de que me ase de calor, no se a vosotros pero a mí se me irrita la piel con facilidad – dije ajustándome un pañuelo a la cabeza para protegerme del sol, Senna asintió
- Si, dejemos las presentaciones para más tarde, tenemos prisa – miro al nuevo – ve delante, tú nos guías
Akshan se puso en cabeza, dirigiendo el camino que tomábamos a paso ligero, yo me adelanté hasta la altura de Senna para hablar con ella.
- Senna, ¿podemos hablar un momento? – ella aminoró su marcha hasta que la alcancé, Lucian giró la cabeza hacia ella, pero le indicó que continuara el ritmo
- ¿Qué ocurre Diana? – me miró inquisitiva
- ¿Estás segura que es bueno idea que se una a nosotros? ¿Y qué nos dirija el camino? – le pregunté sin dar rodeos entre leves jadeos – acabamos de conocerle y no sabemos si es de fiar, podría estar llaveándonos a un campamento de carroñeros o a una trampa de arenas movedizas
Ella respiró hondo, era difícil mantener una conversación con el ritmo frenético que llevábamos y el calor abrasador.
- Se que es peculiar, pero no me parece justa esa desconfianza. – me reprobó - Cuando te uniste a nosotros también te concedí la misma oportunidad que hoy a él y fue gracias a ti que hoy estemos aquí. Y a pesar de que desobedeciste mis órdenes sigues aquí.
Aquello me hizo pensar, << ¿estaba prejuzgando igual que hice con Olaf? >> miré a Akshan que se movía rápidamente deslizándose entre las dunas, no parecía el mismo que estaba tirando los trastos a las chicas hacía media hora. Estaba concentrado y serio.
- No me malinterpretes, no es un reproche – continuó Senna – solo es para que reflexiones
- Pero no puedes fiarte siempre de todos, al final alguien te traicionará – repliqué, ¿eso se lo estaba diciendo a ella o a mi misma? di un salto sobre la arena esquivando una roca
- Se que la vida te ha tratado mal, todo el mundo tiene un pasado y algo que queremos cambiar de él, pero no podemos dejar que ello influya en como vivimos el resto de nuestras vidas
- ¿Seguimos hablando del nuevo? – sonreí de medio lado
- Solo quiero decir que le des una oportunidad, igual que te la di yo a ti. Además conocí a su maestra, Shadya. Una vez coincidimos, era una buena centinela. Me dijo que estaba entrenando a alguien, aunque nunca conocí a su pupilo. Si ella confiaba en el, yo también. – Senna se volvió a alejar volviendo a la cabecera de la fila y dando nuestra conversación por finalizada.
<< ¿Pero no puedes saber si ese pupilo es él o un impostor? ¿No? >> pensé aun con desconfianza, me limpié las gotas de sudor que resbalaban y aceleré el paso. Sobre el horizonte del desierto se atisbaban las ruinas de una gran ciudad, un disco solar del tamaño de un helicóptero de combate brillaba semienterrado en la arena.
Akshan disminuyó el ritmo según nos acercábamos al borde de una gran roca, de allí se podía ver las ruinas de la antigua ciudad, éramos pequeños insectos comparados con la inmensidad de aquel lugar. El desierto había engullido casi por completo todo, tan solo se atisbaba el borde del gran disco solar el cual estaba casi enterrado.
La luz del sol del atardecer iluminaba el pedazo del disco solar que sobresalía, entre las enormes piedras de arenisca se veía también una entrada de la ciudad. Con sigilo, Akshan se acercó a la entrada pegado a una columna que se derrumbó hacía siglos. Antes de entrar se acuclilló y pasó la mano ligeramente por la arena, como si buscara algo.
- Toda precaución es poca – dijo cuando terminó de inspeccionar la entrada - pisad con cuidado, seguramente haya trampas de ambos bandos
Olaf gruñó a modo de protesta y Riven me miró cómplice << La verdad que ese matón de portería no parece capaz de ser sigiloso ni caminar con precaución>>. Me alejé prudencialmente de Olaf, si pisaba una trampa no quería estar cerca de él, por suerte se quedó el último, cerrando el grupo. Akshan cogió una antorcha que llevaba atada a su cinturón y haciendo chasquear dos piedras brillantes, saltaron varias chispas, que la hicieron comenzar a arder. Agradecí tener algo de luz, aunque estaba acostumbrada a utilizar mi visión nocturna como un gato, forzar la vista durante largo rato terminaba dándome jaqueca al día siguiente.
Atravesamos el túnel inicial sin complicaciones, estaba limpio de trampas, o al menos ninguna se disparó. Ante nosotros se abrió una amplia sala que se sostenía sobre grandes columnas, trozos de paredes y fragmentos hundidos e inestables de techo. Ingeniosamente, la luz del exterior se filtraba por las rendijas de las baldosas del techo en pequeños rayos de sol que se reflejaban en unos espejos y cristales estratégicamente colocados, permitiendo que la sala estuviera bien iluminada a pesar de estar enterrada. La arena también se filtraba como una gotera de agua de lluvia en algunas zonas, aunque la mayoría no se acumulaba, simplemente desaparecía bajo los socavones del terreno. Varios de nosotros miramos la estancia sorprendidos.
- Fue una gran ciudad en otros tiempos – dijo Akshan, contestando a lo que pensábamos todos
- Pero a pesar de ello, aún impresionan sus construcciones – comentó Senna
- Muchos Shurimanos aún creen que los ascendidos volverán a sus tronos para salvarlos de la miseria y volver a levantar el imperio, por eso mantienen sus ofrendas y cuidan de la ciudad siempre que pueden, aunque cada vez es más peligroso para ellos pasearse por estas ruinas – miró a Senna – Bueno, y exactamente, ¿Qué buscamos aquí? La ciudad es muy grande, pueden pasar años hasta terminar de revisar todos los sitios a fondo, para acceder a algunas zonas hay que dar un buen rodeo…
Senna se quedó un momento pensando antes de contestar, concentrada.
- Debemos ir más abajo, esta en un jardín acristalado que está pegado al rio, hay una sala al lado que parece que pertenecía a un niño pequeño, creo que hay una cuna y varios muebles roídos… buscamos una cesta de juncos
- Creo que se a que sitio te refieres, precisamente esa zona es la única donde el río es más accesible y por lo tanto donde las bandas ponen más empeño en controlar. Nos vamos a meter de lleno en la boca del lobo.
- Pues más divertido – habló Vayne, estaba tensando un virote en la cuerda de su ballesta
- He luchado contra osos y otras bestias en mitad de una tormenta helada, creo que podemos enfrentarnos a unos críos con palos - fanfarroneó Olaf
Akshan levantó un dedo como si fuera a protestar, pero cambio de opinión y no dijo nada, torció el gesto y continuó andando.
Bajamos por una escalera de caracol muy estrecha y cruzamos varias estancias a cada cual más deteriorada. Olaf, tal como predijimos al principio, pisó una trampa del suelo en una de tantas salas que cruzamos. Se disparó un virote y este por casi atravesó la cabeza de Riven, pasó rozando su oreja y se clavó en la pared, Riven clavó una mirada asesina en los fríos ojos de Olaf cuando se percató de que él había activado la trampa. Continuamos hasta que finalmente alcanzamos el rio, a aquella profundidad los espejos ya no funcionaban tan bien, al no transportar suficiente luz natural, necesitábamos alumbrar la estancia con la antorcha de Akshan. El río fluía libremente por un canal hasta desaparecer treinta metros más adelante en un sumidero de arena, el resto del paisaje estaba despejado, incluso había unas pocas plantas que sobrevivían con la poca luz que llegaba en el borde del canal. A pesar del ruido que tenía las propias aguas del río Madre de Vida, el lugar estaba aparentemente tranquilo. Demasiado tranquilo.
- Esta cerca, lo presiento…- Senna atisbó el jardín - allí - gritó y ansiosa corrió en su forma de niebla, sin esperarnos
- ¡Espera! – gritó Akshan preocupado y sorprendido a la vez, rápidamente soltó su gancho y lo disparó contra una columna para desplazarse más rápido, pero Senna fue más rápida.
Antes de que pudiera alcanzarla, en cuanto Senna cruzó el portal del invernadero, se desencadenó un mecanismo que derribó el techo tapiando la entrada al edificio. Senna se había quedado en el otro lado. Akshan lanzó de nuevo su arma y se enganchó en la pared del piso superior. Miró desde arriba. Todo había sucedido muy rápido, Lucian, alarmado corrió detrás de el y le seguimos en tropel cruzando rápidamente el río hasta el edificio en ruinas. Akshan bajó del tejado con cara de preocupación.
- ¿La has visto? ¿Dioses, por qué no me ha esperado?
- Estaba tumbada sobre el suelo entre las piedras
- ¡Tenemos que sacarla de ahí! – gritó Lucian, se acercó a la pila de rocas y comenzó a escalarla, Akshan movía la cabeza
- Cuando he llegado, han entrado dos hombre y se la han llevado dentro – Lucian nervioso volvió a bajar de la pila de ruinas y se acercó a Akshan, le cogió de sus ropas por el cuello levantándolo ligeramente del suelo
- Tu nos has traído aquí, seguro que sabías que había una trampa, no me fiado de ti en ningún momento
- Lucian, tranquilízate – intervine intentando aplacarlo – nadie obligó a Senna a salir corriendo, el intentó pararla, no le culpes de la imprudencia de tu mujer… – Lucian me miró con odio, necesitaba desatar su ira con alguien, pero no iba a dejarle que la pagara con alguien inocente – ódiame si quieres por decirte la verdad, pero él no tiene culpa de lo que haga Senna.
- Vamos a pensar cómo sacarla de allí y continuar la misión – se pronunció Irelia
- ¡Exacto! – repliqué – la vamos a ayudar, suéltale, anda vamos
Lucian finalmente soltó al nuevo y Akshan se estiró las arrugas de la tela, allí donde le había cogido.
- ¿Sabes quién puede haberla capturado o donde se la llevan? – pregunté inquisitivamente al nuevo
- Eran del clan de la Legión de las Arenas Rojas, de eso estoy seguro, todos los miembros tienen unas cicatrices en la cara en forma de X atravesándoles desde la ceja hasta el mentón y los brazos tatuados con cadenas.
- ¿Y qué más sabes de ellos? – preguntó Olaf, estaba salivando como un perro al que acababan de enseñarle un trozo de carne
- Tienen ese nombre por algo, atacan en manada y solo dejan un río de sangre sobre la arena a su paso…
- Habrá que ver si son dignos oponentes para mí – respondió Olaf ansioso – ¡vamos a por esos miserables! - grito entusiasmado
Comenzamos a escalar la montaña de piedras y losas derruidas de aquel cobertizo, no íbamos a perder tiempo en quitarlas como nos pasó en Freljord. Al alcanzar la cima, con más o menos elegancia todos los miembros del grupo nos deslizamos dentro del jardín interior.
- Quizá deberíamos mirar aquí al lado... a ver si esta la cesta… Por si acaso... – sugirió Vayne
- Pero cuidado no se activen más trampas… - advirtió Akshan
Vayne entró en la habitación contigua, desde mi posición podía ver el interior de la estancia. Efectivamente como Senna predijo, era un cuarto infantil amueblado con una cuna y otros muebles desvencijados. Vayne después de estar unos minutos rebuscando en los cajones y armarios, salió igual que entró. Con las manos vacías.
- Aquí no hay nada de valor, lo que no han saqueado lo han roto
- Era mucho pedir algo de buena suerte en una misión, ¿no? - dijo sarcásticamente Riven -¿Porqué todo se nos tiene que complicar tanto? – nadie respondió
- Movámonos entonces - Lucian no podía esperar más y entró en el edificio
Akshan le cogió del hombro, obligándole a salir.
- Espera Lucian, creo que deberíais quedaros todos aquí, será más fácil si no tengo que cuidar de otros
Antes de que Lucian protestara intervine en la conversación
- Creo que tiene razón en parte, tú estas demasiado nervioso y bueno, ser discreto no es el punto fuerte de algunos de nosotros - dije mirando hacia Olaf - tampoco creo prudente entrar solo ahí dentro sin algo de apoyo - pasé la mirada al nuevo, el resto de la compañía se acerco a nosotros
- La mitad de nosotros debería quedarse por si vienen más
- Si viene alguien tenemos ventaja - Vayne se ajustó sus gafas de sol - nadie espera una emboscada aquí
- En realidad sí - replicó Akshan - como ya he dicho es bastante común las trampas entre bandos y emboscadas por controlar el territorio, por eso debo ir solo, se moverme por aquí mejor que ninguno de vosotros.
- ¿Y que pasará si entras solo y caes en una trampa sin querer o te sorprenden y te capturan? - farfulló Irelia -Te digo lo que pasará, estaréis muertos y entonces, a la mierda el fragmento, a la mierda la misión y seguramente a la mierda el mundo, porque al fin y al cabo, Senna no es solo la líder de este grupo, es una brújula hacia los otros fragmentos. Y si no los recuperamos Viego va a conseguir enterrar todo el mundo que conocemos en una infinita bruma negra que nos convertirá en espectros para vagar eternamente como almas en pena. Sinceramente no me apetece nada esa idea - me sorprendió el discurso de Irelia, desde que la había conocido me había parecido una persona bastante tranquila, siempre en equilibrio y armonía con todo - además de todo lo anterior - dijo más calmada - esta ciudad es un laberinto, yo al menos no sabría encontrar el camino de vuelta a la superficie. Necesitas refuerzo - concluyó
Lucian relajó su cuerpo abatido, sin esa chispa de pasión y malhumor parecía que hubiera envejecido de repente. Respiró hondo.
- Basta de discusiones. Olaf, Riven, Vayne y yo nos quedaremos aquí y montaremos guardia. El resto iréis a rescatar a Senna. Si en una hora no estáis fuera y ni tampoco tenemos señales vuestras, entraré pegando disparos a lo loco, no pienso irme de aquí sin mi mujer. Ya la perdí una vez, no pienso repetir la experiencia.
- Enserio me tengo que quedar aquí? Esperar fuera es aburrido, dentro es donde está la diversión. - se quejó Olaf ansioso - voy con vosotros
- ¿Tu? ¿Estas de broma, no? - sonrió irónica Riven - ¡Eres un maldito bárbaro! - se quejó Riven - eres mas bruto que tomarse una infusión de aceite hirviendo. No digas tonterías y escóndete que no te vean si viene alguien.
La chica del pelo plateado se dirigió hacia el berseker y le empujó hacía la sala contigua que había registrado Vayne.
- No perdamos más tiempo - apuró Akshan y se metió dentro del edificio, Irelia detrás de él
- Por favor, prometedme que la sacareis de ahí
Me giré hacia él y apreté los labios.
- Haré todo lo posible por traerla de vuelta. - y entré en el edificio
Aquello era como internarse por segunda vez en una ciudad subterránea, después de recorrer un pequeño pasillo y cruzar dos salas llegamos a una terraza donde unas escaleras a izquierda y derecha nos conducirían más profundo, desde arriba de ellas podía verse todo el abismo que teníamos delante. El techo de la caverna se iluminaba levemente por las antorchas y hogueras que estaban encendidas más abajo. Aquella cueva estaba dividida por un lago subterráneo, en ambas orillas se levantaban trincheras y pequeños muros donde la gente vigilaba el otro lado. Akshan de repente se agachó y del suelo cogió un puñado de arena que tiró sobre la antorcha para apagarla.
- Es una maldita zona de guerra, hay vigías en ambos bandos - advirtió Akshan - que no os vean o darán la alarma... y tampoco se pueden dar cuenta en el otro bando, podrían aprovechar para atacarles también... esto va a ser todo un reto - sonrió para si nervioso
- ¿Qué campamento es el el que buscamos? - preguntó Irelia
- El de la derecha es el de la Legión de las Arenas Rojas
Avisté la bandera clavada sobre una de los muros. Era simple y asimétrica, una gran X negra destacaba sobre el fondo el cual estaba dividido en cuatro triángulos, a izquierda y derecha dorados, abajo de un rojo bermellón y la parte de arriba blanca. No cabía duda que eran ellos, la breve descripción que nos había dado Akshan antes estaba perfectamente representado en su bandera.
Bajamos las escaleras agachados con tan solo el brillo de nuestras armas alumbrando, la escalera terminaba en una salita, era perfecto para esconderse y trazar un plan antes de salir al campo abierto. Antes de bajar los últimos escalones Akshan paró la marcha.
- Esperadme aquí un momento - susurró, entonces se deslizó por el lado interior de la barandilla, observaba algo al final de la escalera, después con su gancho se lanzó contra la pared de enfrente y manipuló algo que colgaba de ella - ya podéis bajar.
Mi espada hizo brillar un fino hilo tenso que atravesaba el final de la escalera. Si no hubiera sido por el centinela shurimano lo habría roto al cruzar, ¿Cómo lo pudo ver el? Eso me hizo ir más alerta.
- Seguramente haya más trampas hasta esas murallas que vigilan, y por abajo igualmente no podemos ir, hay demasiado campo abierto y nos verán venir de lejos
- ehhh!, ¿Quién esta ahí? ¿Darkon, eres tu?
Los tres abrimos los ojos de repente, Irelia hizo el un gesto de silencio y subió las escaleras al piso superior. Se oyó un suave silbido y un golpe.
- Despejado - susurró desde la ventana
Irelia limpiaba la sangre de sus cuchillas con la ropa del desafortunado vigía, pensé en esconder el cadáver dentro del armario o detrás de la mesa, pero no habría servido de mucho, el charco de sangre no desaparecería. Solo esperaba que hubiéramos salido antes de que se dieran cuenta.
- ¿Y crees que por arriba podríamos podríamos ir? Fíjate en esos postes que sujetan las lámparas de aceite, llegan hasta la torre vigía dentro de las murallas ¿Aguantará nuestro peso si nos descolgamos por ahí hasta a torre?
- Podría ser, pero si se mueven las lámparas se alertaran. Iré yo primero con mi gancho hasta la torre para eliminar al centinela, creo que la cuerda llega bien hasta allí de una tirada...
Akshan salió por la ventana contigua y subió al tejado, segundos después se abalanzó sobre el vigía como una sombra, incapacitándolo. Hizo una seña para que fuéramos. De una en una nos descolgamos por la cuerda, las lámparas por suerte eran bastante pesadas y apenas oscilaban a nuestro paso. Llegamos donde Akshan sin menor contratiempo.
Una vez entramos dentro de las murallas del campamento todo fue más fácil, me sentía como un ladrón fantasma que huía de la casa donde había robado sin ser visto. Escondiéndonos detrás de las paredes, escabulléndonos dentro de las casas por la ventana, espiando desde los tejados.
- ¿Lodar sabe ya de que banda es esa chica? - preguntó un saqueador a otro cuando caminaban hacia la puerta del campamento
- No ha dicho nada, estaba interrogándola, la ha metido en el pozo. Con esas pintas que traía y tan morena parece de los saqueadores del este.
- Yo si que la haría hablar - rio el compañero - bueno, más bien la haría gritar como una perra... como lo gozaría
El otro se rio con el y siguieron su camino. Los tres nos miramos cómplices, debían de estar hablando de Senna. Debíamos encontrar donde estaba ese pozo.
Seguimos avanzando por los tejados, desde las alturas teníamos mejor visión del campamento y de la gente que patrullaba por las calles, de repente oímos los gritos de alguien.
- Que de donde vienes, ¿Quién te ha mandado aquí? - farfullaba una voz grave - vas a suplicarme que te mate antes de que termine el día
Entonces se oyeron los gritos de dolor de una mujer.
- ¡Senna! - murmuró Irelia ahogando el grito
- Viene de allí, ¡vamos! - saltamos por varias casas más hasta llegar al "el pozo", era un foso estrecho de arena con gradas en la parte de arriba. Un hombre corpulento sujetaba una antorcha y amenazaba con ella a alguien sentado en una silla.
A la velocidad de un rayo, Akshan disparó su gancho a una de las gradas y nos deslizamos por la cuerda hasta el foso, el hombre debió de oírnos caer sobre la arena, pero no le dio tiempo a decir nada, en cuando se giró me abalancé sobre el y le corté la cabeza de un tajo con mi espada. Su cabeza rodó sobre la arena tiñéndola de rojo, sus ojos de sorpresa miraban hacia arriba.
- ¡Senna!¿Estas bien? - tenía la cara gacha y sus ropas desgarradas - le desaté las cuerdas de sus muñecas y le ayudé a levantarse
- Se donde esta la cesta, tenéis que llevarme ahí - levantó su cabeza, estaba llena de heridas y cortes, debían de haberle dado una paliza, sentí la sangre hervir de rabia y odio dentro de mi
- Dioses, ¿Qué te han hecho? - Irelia se llevó la mano a la boca estaba tan impresionada como yo
- No os preocupes, sanaré, ahora vayamos arriba a por mi cañón y el fragmento y salgamos de esta maldita ciudad.
Akshan se quitó su capa y se la cedió a Senna para que se tapara un poco, ella la aceptó de buen grado. Subimos de nuevo por la cuerda.
- ¿Y bien? ¿Dónde esta?
- En la casa del jefe, me llevaron primero ahí para informarle y luego de dejar todas mis armas en una sala me mandaron al foso con ese... - no terminó la frase - la cesta estaba en una estantería del pasillo cerca de la cocina, nada más entrar. Es el fragmento, lo noté en cuanto entre en la habitación
- El jefe es mío - sentenció Akshan - tiene una deuda pendiente con mi arma... vosotras entrad y coged lo que buscáis, nos vemos aquí en diez minutos... - sin esperar respuesta lanzó el gancho al balcón del estudio del jefe de la banda y entró dentro, nosotras seguimos el plan.
Nada más entrar en la casa, la cocina estaba a la derecha, de frente un pasillo llegaba hasta las escaleras del primer piso y otras habitaciones. Vimos la cesta decorando en una estantería junta a otras baratijas, Senna corrió hacia ella y cogió el fragmento con cuidado, rápidamente lo ató a la cintura aprovechando una retazó de tela rota de su pantalón.
- Las armas las dejaron arriba - anunció Senna, acto seguido subió por la escalera en busca de sus armas
La seguimos arriba, justó cuando salía de la armería donde habían dejado su pistola y unas dagas, apareció Akshan de la otra habitación, parecía ofuscado.
- ¿Qué ha pasado? Le has... - me señalé con el pulgar el cuello de derecha a izquierda e hice una mueca sacando la lengua.
El se limitó a mover la cabeza con la misma cara de preocupación, no parecía reconocerme, como si no existiera nadie mas a su alrededor.
- Tampoco era el..., Shadya no ha... - balbuceaba sin terminar ninguna frase - cada vez hay menos en la lista, debo encontrarlos - murmuraba para sí, no parecía percatarse de que le estábamos escuchando
- ¿De que hablas? - pregunté curiosa
El entonces levantó la cabeza y se dio cuenta de donde estábamos.
- ¿Decías algo Diana? - <<¿Me está tomando el pelo?>> pensé
- Te preguntaba que murmurabas, perecías turbado
- Oh nada, cosas mías, no os preocupéis... - rió - ¿lo tenéis todo ya? dentro de nada se cumple el plazo que nos a dado tu marido para salir, a amenazado con entrar pegando tiros a diestro y siniestro
Me quedé con las ganas de saber que lo turbaba tanto, quizás en otra ocasión tuviera la oportunidad de indagar mas, por el momento como el decía debíamos salir pronto antes de que Lucian apareciera para liarla. Fue entonces cuando se oyó una explosión en el exterior que hizo retumbar los cimientos de toda la casa. Salimos afuera corriendo, las paredes de la caverna temblaban y la arena comenzó a caer en cascadas sobre nosotros.
- ¿Qué demonios ha sido eso?
- Han tirado la torre de vigilancia, va a ser difícil salir de aquí sin que se den cuenta con todo el revuelo que hay - comentó Akshan, los saqueadores salían alterados de las chabolas donde vivían listos para atacar, la mayoría se dirigían a la entrada, pero uno, a pesar de la poca luz nos vio.
- ¡Eh! ¡Vosotros! que coño hacéis ahí parados, nos están atacando - decía mientras corría hacia nosotros con su arma preparada
- Hora de irse - mascullé, entonces salté sobre el con mi escudo activo y de un tajo limpio le corté el brazo que sostenía el arma, antes de que pudiera gritar lo rematé clavándole mi espada en el pecho - corred, salgamos de aquí
Casi todo el campamento estaba ya vacío, sin embargo se oía un fuerte jaleo fuera de las murallas, corrimos hacia las puertas. El campo y la orilla del lago se habían convertido en una batalla campal, los saqueadores estaban luchando contra la otra facción defendiendo su territorio con uñas y dientes. El aire estaba impregnado del metálico olor a sangre, se atacaban mutuamente con todo lo que tenían a su alcance, rifles, espadas, cuchillos, antorchas, incluso a puñetazos. Una bala perdida se incrustó en la pared de piedra de la muralla haciendo saltar esquirlas.
- Ayyyy dioses... - murmuraba Akshan - buena se esta liando, ¿no había otro momento para iniciarse la guerra de bandas?
De repente alguien comenzó a disparar continuadamente, los disparos iluminaban el techo de la caverna como fuegos artificiales, la gente de ambos bandos se apartó de su camino asustada de poder salir herida.
- ¡Lucian! - gritó Senna
- Se ha adelantado - dije mirando mi reloj ,<<pues nada, vamos al tajo>>, dije para mis adentros adelantándome hacia la batalla
Senna abrió fuego con su arma descargando un torrente de luz, Lucian sabría donde estábamos. Acto seguido corrimos hacia él, Irelia levantó en el aire sus cuchillas preparada para lanzarlas a todo aquel que intentara impedirnos el avance, Akshan se balanceaba entre los postes de madera arrollando a los saqueadores y disparando desde el aire con su arma a todo aquel que se acercara a nosotros.
Lucian no venía solo, el resto le había seguido. Podía ver el fulgor de la espada de Riven estallar cada vez que saltaba sobre alguien, Olaf gritaba entusiasmado mientras embestía a la gente con sus hachas y los virotes de Vayne volando en todas direcciones a la velocidad de la luz.
- ¡Senna! Dioses estas bien - dijo Lucian preocupado al verle la cara magullada a su esposa, le abrazó cariñosamente ajeno a la batalla que había a nuestro alrededor
- No es momento para arrumacos - protesté - esto cada vez se pone más feo - justó en ese momento apareció Vayne pegando una voltereta mientras disparaba con su ballesta a la cabeza de un maleante que iba a atacarme por detrás
- Yo cubriré las espaldas, salgamos de aquí - gritó
Finalmente nos juntamos todos, los miembros del grupo que estaba más dispersos durante la batalla se dirigieron a donde estábamos y dejando la pelea atrás, corrimos escaleras arriba hasta salir de aquella madriguera. Fuera había más cadáveres de bandidos y saqueadores muy gravemente heridos. Lucian y el resto no habían dejado entrar a nadie mientras estuvieron fuera, realmente habían defendido la entrada como perros guardianes.
- Salgamos de la ciudad, ya no nos queda nada que hacer aquí dentro - anunció Senna
- ¿Y la cesta? - preguntó Vayne - no estaba en esta sala
- No me dio tiempo a decíroslo - entonces Senna levantó su capa raída mostrando el objeto que guardaba debajo - tenemos todo lo que hemos venido a buscar
- Vamoooos - dijo animada Riven -a que esperamos entonces
Iluminados con antorchas, deshicimos el camino hacia la superficie. En poco más de una hora habíamos atravesado las ruinas y estábamos a punto de volver a salir al árido desierto de Shurima, aunque cuando salimos los últimos rayos de sol desaparecían sobre el horizonte. El calor de las horas centrales había desaparecido sustituyéndolo por una fresca brisa.
- Deberíamos buscar un sitio para pasar la noche, estamos lejos del templo y no se si podré guiaros de vuelta - hubo una protesta general, yo me mantuve callada - Mirad lo encapotado que esta el cielo, hay luna nueva y no se ven las estrellas, es fácil perderse en el desierto si no hay referencias de donde esta el norte - comentó Akshan
Miré al cielo, confirmando lo que había dicho el shurimano, negros nubarrones se arremolinaban en la distancia tapando la puesta de sol.
- Tiene razón - me pronuncié - soy experta en guiarme con el firmamento e incluso yo tendría problemas para seguir el rumbo correcto. Mirad, a nadie le gusta dormir al raso, pero me parece mejor opción que pasar la noche vagando intentando buscar el camino, por no hablar de el calor abrasador que tendremos que aguantar de nuevo cuando se haga de días hasta que encontremos el camino de vuelta
Mi discurso consiguió convencerlos y aunque refunfuñaron algunos un poco, prefirieron la opción de pasar la noche fuera. Akshan nos condujo hasta una oquedad cercana de donde estábamos, las rocas se curvaban de forma natural formando una pequeña cueva donde cabíamos todos.
- Yo montaré la primera guardia - se ofreció Irelia
La noche pasó sin más imprevistos. Al día siguiente salimos en cuanto amaneció, las nubes aún no habían desaparecido, pero clareaba rápidamente con la salida del sol. Poco después se levantó un fuerte viento y temerosos de que se acercara una tormenta de arena, apretamos el paso.
Al llegar al templo, Lucian empezó a discutir con su mujer sobre donde debíamos ir ahora. Aun quedaban por conseguir los fragmentos de Piltover y Zaun, Ixtal y Aguas Estancadas antes de embarcarnos hacia las Islas de la Sombra.
- ¡Basta! - gritó Irelia haciendo el silencio - ¡¿Queréis dejar de discutir?!, cada segundo que perdemos aquí las hordas de Viego avanzan más, por cada paso que damos el nos lleva dos de ventaja - gritó Irelia con exasperación - En una mañana han caído las defensas de Demacia y Noxus, y antes de que terminara el día ya había conquistado Jonia y Targon, ¿Cuántos días creéis que tenemos hasta que consiga someter a todos? - nos recordó lo que todos pensábamos - ¿Decidme?
- Debemos separarnos - habló Riven - Tendremos más posibilidades de conseguir los fragmentos si tiene que dividir sus esfuerzos
- Pero que decís... ¿no os dais cuenta que soy la única que puede localizar los fragmentos?
- Tiene razón, si de nosotros depende podríamos estar una vida entera buscando que no encontraríamos nada... - comentó Riven
- Senna - le llamé - antes de que llegáramos a Shurima sabías hacia donde debíamos dirigirnos a pesar de la inmensidad de esta región. ¿A que distancia puedes localizarlos? - pregunté
- No lo se, cuanto más cerca estoy mas fuerte es la atracción y más claras mis visiones
- Las regiones que nos quedan no son tan extensas como Shurima, quizás si te teleportas puedes decirnos donde esta y luego ir con el otro grupo en busca del siguiente objeto, deberíamos intentarlo aunque sea, si no lo detectas seguimos juntos y listo.
- Supongo que podemos intentarlo ¿Y como nos dividimos?
- Como sea, pero vosotros dos vais a estar juntos - comentó Riven refiriéndose al matrimonio - claramente no estaréis centrados si os separarais - dijo echándole una mirada a Lucian, él apartó la mirada
- Tenéis razón - habló Lucian - ya perdí una vez a Senna y no lo soportaría de nuevo, pensar que esta en peligro... me nubla el juicio - se hizo un incómodo silencio hasta que Senna aclarándose la garganta tomó la voz cantante
- Bueno, pues ya me encargo yo de repartir.... Olaf e Irelia con nosotros, el resto con Diana, vamos todos primero a la bahía de Aguasturbias y en cuanto lleguemos decidiré si seguimos juntos o por separado...
Acto seguido nos dirigimos hacia el mesa-mapa y uno a uno abandonamos aquel majestuoso templo camino de la capital de las Islas Serpiente.



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