El bosque retorcido
Ni con todo el oro del mundo se podría convencer a los marineros más temerarios de Aguas Estancadas para que entraran en las Islas de la Sombra, ellos las evitaban a toda costa, y con razón. Las historias susurradas en los muelles hablaban de la maldición que allí se extendió hace ya muchos años, de fantasmas atrapados y de criaturas aberrantes que merodeaban entre las sombras de las rocas afiladas, esperando con hambre insaciable a los incautos que se aventuraban demasiado cerca de sus dominios. Y atentando contra la razón que nos decía que nos volviéramos, que íbamos hacía una muerte más que segura, ignoramos a nuestros pensamientos y nos adentramos en aquel lugar maldito.
El ambiente estaba cargado, el bochorno de la bruma hacía difícil respirar. Miré aquel yermo paisaje con atención, se me erizó la piel y en la boca del estómago sentí una terrible repulsión. Fue entonces cuando entendí que la muerte era otro mundo y yo estaba a sus puertas.
Era desolador, inmensos bosques, tiempo atrás rebosantes de vida, ahora estaban muertos. Los troncos marchitos de los árboles, permanecían a duras penas en pie, como grotescas marionetas de esqueletos, con sus ramas retorcidas en el aire como garras, sin hojas que las cubrieran. El terreno, estaba lleno de grandes agujeros, pozos sin fondo donde sólo se veía una inmensa oscuridad, la bruma, traicionera, los cubría como un manto de césped, engañando a los ojos. Un paso en falso y podías caer. Los trozos, arrancados de la tierra, flotaban dispersos y se movían con una órbita irregular, a veces chocando con otros, lo que provocaba terremotos y desprendimientos. Al fondo, en la lejanía, se podía contemplar la ciudad y el palacio de Helia, o más bien lo que hace mil años fue un gran palacio. Ahora solo se podían vislumbrar las ruinas de la fachada y una de las torres, que todavía aguantaba en pie, la niebla se arremolinaba a su alrededor como una vorágine, atraída por algo de su interior.
- ¡Mira la torre Senna! - le llamé la atención - debe de estar ahí, seguro que desde allí controla y vigila todo este maldito reino - ella asintió pesadamente y apretó el paso
- Debemos llegar cuanto antes, esta peor que la última vez.
Sin duda, Senna se debía referirse a cuando estaba atrapada en las islas. En el camino, recordé la historia que ella me había contado cuando la conocí.
Comenzó a llover, la tierra desprovista de plantas se llenó rápidamente de charcos y se embarró el suelo. Todos, en silencio, continuamos andando por un sendero como en una procesión, evitando acercarnos a los gigantes hoyos. Tan solo nos acompañaba el chapoteo del fango y el ulular del viento, que se mezclaba con los lamentos de las almas perdidas, cuyos ecos resonaban entre los sombríos acantilados.
Dejamos atrás los acantilados y los árboles marchitos de la costa y comenzamos a internarnos en otro bioma, una oscura selva se extendía ante nosotros, llena de vegetación espinosa y árboles retorcidos.
- Debemos cruzar - anunció Senna, alanzado la voz - es el acceso más rápido hacia el castillo.
El camino se estrechaba en algunos tramos de forma que solo podíamos ir en fila de uno para que las retorcidas ramas no se engancharan ni nos arañásemos. Los soldados encendieron antorchas, pues allí dentro era aún más oscuro. De repente las ramas sobre nosotros comenzaron a moverse, aunque aparentemente no parecía ser el viento la causa. Un hombre gritó asustado por algo que creía haber visto en las sombras, entonces otro soldado empezó a gritar de dolor, desesperado.
- ¡Sandrien! - gritó Lux, ella, que era la más próxima al soldado, corrió a socorrerle y yo la seguí.
Algo ácido había caído sobre la armadura del soldado y la estaba deshaciendo, había llegado hasta el pecho y comenzaba a perforarle la carne, quemándole, él gritaba desesperado. Miré hacia arriba << ¿¿de donde ha caído eso??>>, busqué su origen pero no vi nada. Lux rápidamente envolvió al hombre en un escudo para minimizar el daño, pero aquel ácido seguía reaccionando y perforando su cuerpo, el escudo desapareció casi al instante y ella desesperada por ayudar a su compatriota intentó conjurar otro. Senna apareció preocupada por los alaridos.
- ¡¡Ahhhhh!!¡Es insufrible!¡Quitádmelo!¡¡Ahhhhh!!¡Quitádmelo!¡No lo soporto! - berreaba el soldado
- ¡Apartaos! - gritó alarmada - ¡Dejadme pasar!
Senna se acercó al soldado para inspeccionar la herida entre los lamentos del hombre.
- ¡Es veneno de acimántula! No lo toquéis o os quemareis, ¡es muy corrosivo! - el hombre se tiró al suelo y se contorsionaba del dolor que sufría, lloraba, Senna lo miraba con pesar - ¡Todo el mundo, escuchadme! ¡Apartaros de los claros!, ¡Estamos en el terreno de caza de acimántula! ¡Están entre los árboles! ¡Debemos buscar un sitio a resguardo cuanto antes!
Todo el mundo alarmado miró hacia las copas. Volví a alzar la mirada, sobre nosotros se sostenía una gran criatura arácnida que se camuflaba con las ramas del boque, tan grande como los propios árboles. Sus quelíceros supuraban un icor verde y miraba hacia abajo con sus muchos ojos en posición de ataque.
-¡Corred! - grité - ¡Alejaos de él! - cogí de la mano a Lux y la aparté rápidamente del soldado moribundo.
Justo a tiempo. La araña, que ya había sido descubierta soltó un chorro de aquel ácido desde su abdomen sobre la cara del hombre derritiéndola como la cera de una vela, la carne burbujeaba y había llegado al cráneo. Los aullidos del soldado se intensificaron momentáneamente y segundos más tarde cesaron por completo. Lux tenia la cara descompuesta por la imagen que acababa de presenciar.
- ¡Vámonos! ¡No se puede hacer nada por el! - le grité tirando de ella hacía unas ruinas del bosque.
Otro soldado que corría en la misma dirección que nosotros sufrió otro ataque, aunque la araña había errado el disparo contra el suelo, las gotas de icor le salpicaron por todo el cuerpo, desesperado intentó limpiarse el ácido de la cara con sus manos agravando la quemadura y extendiéndola. El hombre, ya ciego y con la cara desfigurada, tropezó y cayó de bruces contra el suelo. Nos alejamos de él antes de ver como moría.
Cuando encontramos un refugio cerrado y seguro de esos bichos observé a Lux, la muchacha estaba apoyada contra la pared echa un ovillo y sollozaba con la cara escondida entre sus brazos. Me levanté y me agaché junto a ella para intentar consolarla, pero cambié de opinión y me senté junto a ella, en silencio. Ella era demaciana y se había criado junto a esa gente, seguramente conocía a bastantes.
<<Es demasiado joven para presenciar esto, yo no pude evitarlo, pero ella...>> pensaba.
Al final la joven maga dejó de llorar.
- Debemos matar a esa cosa o nos irá cazando uno a uno, no podemos escondernos eternamente - dijo decidida aún con las lágrimas recorriéndole el rostro.
- No sabemos si hay mas. - repliqué - este es su territorio, estamos en desventaja.
- ¿Y dejar que siga matándonos? Quiero vengarme
- Escucha Lux - <<no me puedo creer que vaya a decir esto>> - la venganza no lo es todo, hay que saber elegir las batallas y saber cuando hay que participar en ellas. Si veo la oportunidad seré la primera en lanzarme contra ese bicho y rajarlo por la mitad, pero ahora mismo nuestra prioridad es salir de aquí cuanto antes y encontrar al resto para ir a por Viego. Todos sabían lo que conllevaba venir aquí.
Miré con dureza a la chica y ella me sostuvo la mirada, pero finalmente miró hacia otro lado y se limpió las mejillas.
- ¡Vamos! - dije ofreciendo mi mano para que se levantara - busquemos al resto.
Salimos del escondite atentas a las copas de los árboles por si aparecían más acimántulas y registré rápidamente a mi alrededor buscando el resto. A unos treinta metros de nuestra posición había un edificio alto que parecía estar a resguardo, corrimos hacia allí en busca de nuestros compañeros. Senna, Riven, Irelia y unos cuantos más estaban escondidos allí. Uno de los sanadores intentaba ayudar a un hombre que le había salpicado el corrosivo veneno en un brazo.
- ¡Senna!¡Irelia! - les llamé cuando llegamos al refugio - ¿sabéis donde esta el resto? - pregunté preocupada
- Corrieron en dirección contraria a nosotros - dijo Riven que salía de entre la muchedumbre - no se si estarán buscándonos también
- Debemos buscar unas cámaras subterráneas, Lucian sabe de su existencia e intentará encontrarlas para reunirse conmigo. Todo el subsuelo esta excavado y lleno de túneles.
- ¿Y son seguros? - dijo Riven algo inquieta
- No, hay gusanos gigantes y otros tipos de arañas excavadoras... pero lo prefiero a las acimántulas
- ¿Este edificio no tiene entrada a los túneles? - intervine
- No hemos visto, suelen estar en campo abierto, pero es fácil reconocerlos, son unos montículos grises, cuando el cieno se seca tiene ese color - miró hacía fuera que aún llovía ligeramente - aunque ahora este mojado siguen siendo de un color distinto al del suelo del bosque - me tranquilizó
Senna se acercó entonces al borde del edificio con cuidado y levantó la cabeza para mirar el cielo en busca de enemigos. Luego oteó a su alrededor en busca de la entrada a aquellas cámaras.
- Veo una no muy lejos de aquí - algunos de los soldados y nosotras nos acercamos para reconocerlo. A unos cincuenta metros, tal como había dicho ella se elevaba un montículo color ceniza, de unos tres metros de altura con la forma de un cono, parecido a un hormiguero - parece despejado - miró al resto - ¡Escuchad! A mi orden quiero que todo el mundo salga de aquí corriendo y me siga, vamos a entrar en los túneles del bosque - miró a la muchedumbre esperando que se levantaran y estuvieran listos - ¡¡Ahora!!
A la señal, Senna comenzó a correr en dirección a aquel montículo y todos la seguimos de cerca. De un salto se deslizó por el túnel. Dentro iluminó el camino con un haz de luz gracias a la habilidad de su cañón.
Con rapidez todos se metieron dentro para quedarse a cubierto de posibles ataques de las arañas ácidas. Aquellos pasillos era amplios, de casi tres metros de altura, a pesar de ello nos mantuvimos bastante unidos por si acaso.
- Romped todos los huevos que veáis en nuestro camino antes de que puedan nacer las crías - advirtió -son voraces cuando salen del huevo, y pueden devorar a un hombre en pocos minutos sin problemas.
Riven dio un respingo ante aquel comentario y en cuanto vio uno lo machacó con todas sus fuerzas a pisotones.
- No temo a casi nada, ni siquiera creo que tenga miedo a la muerte pero con las arañas no puedo... me dan un asco - comentó - con todas esas patas peludas y las telarañas pegajosas... - le dio un escalofrío quitándose esa imagen de la cabeza y apretó el paso alejándose de mi
Vi otro de aquellos sedosos huevos, tan grandes como mi mano y lo atravesé con mi arma, derramando su contenido y haciendo que aquel arácnido non nato se contorsionara en el suelo con la hoja de mi espada clavada en el tórax, apreté más contra el suelo hasta que dejó de moverse antes de sacarla.
Algunas de las galerías eran gigantescos nidos de arañas, llenos de huevos y pegajosas telarañas. Con las antorchas que nos quedaban quemamos las telarañas para abrir paso, se prendían efímeramente y se convertían en cenizas tan rápido como un suspiro. Varias arañas del tamaño de mi mano corretearon por las paredes en la misma dirección de nuestro avance, hasta que las vio Riven y las aplastó con su espada blandiéndola como un bate.
Del final de aquella gruta apareció una gigantesca tarántula, tan alta como el techo del túnel y de color púrpura, clavó sus ocho ojos en Riven, que limpiaba los restos de las crías de su espada.
- Dioses, que asco... - aguantó una arcada cuando retiró con la mano una pata que se había quedado pegada a la hoja.
- Creo que hemos hecho enfadar a la madre, estamos matando sus retoños... - la araña levantó su abdomen furiosa casi como si hubiera entendido lo que acababa de decir y disparó una pegajosa red de seda en dirección a Riven
- ¡Cuidado! - le grité abalanzándome sobre ella, la telaraña se quedó enredada en las rocas del suelo
Entonces aquella enorme tarántula levantó sus patas en posición de ataque y comenzó a correr hacia nosotros. Los soldados que estaban delante alzaron sus escudos y espadas para protegerse de sus ataques. Irelia, entonces, rápidamente lanzó sus cuchillas al aire y de un movimiento las mandó hacia las patas de la araña, seccionando sus extremidades y haciéndola tropezar. El resto era coser y cantar, esquivando sus quelíceros, Riven y yo, de un salto, nos montamos encima de aquella bestia como si de un dormun se tratara, intentando mantener el equilibrio hasta que le clavamos nuestras respectivas armas, Riven en su cabeza y yo en el abdomen, seccionándolo hasta partirlo en dos. La criatura se desplomó en el suelo.
Los soldados vitorearon nuestra pequeña muestra de habilidad dando aplausos y silbidos, engordando así nuestro ego. Siempre agradecía que reconocieran mis hazañas, aunque Kayle me lo había cuestionado siempre, replicando que tan solo era mi deber y no debía regodearme en los aplausos.
- Espero no ver más arañas en mucho tiempo... - me comentó Riven en un susurro
- Si salimos de aquí quizá así sea... - le reproché
Seguimos avanzando por aquellas grutas un poco perdidos, encontrándonos en mas de una ocasión con un pasillo sin salida y debiendo retroceder sobre nuestros pasos hasta la anterior intersección o dándonos cuenta que habíamos pasado por un túnel circular. El pelotón comenzaba a desesperarse después de la primera hora, pero por fortuna oímos gritos al final del túnel y corrimos hacia ellos, debían de ser parte del equipo de Lucian. Senna contuvo la respiración al oír los ruidos y apretó el paso para llegar antes.
Al llegar vimos a Lucian y otros centinelas junto con un grupo de unos veinte soldados pelear contra una criatura humanoide que se interponía entre ellos y lo que parecía otra salida de los túneles.
Aquella criatura era grotesca y bella a la vez. Un híbrido, mitad mujer y mitad araña, se movía rápidamente por las paredes con la elegancia de un gato gracias a las protuberancias de su espalda, con las que se agarraba a la tierra. Su cuerpo joven y curvilíneo era hermoso y seductor, tapado pobremente por unas atrevidas y pegadas prendas de cuero negro y rojo. Sus ojos inyectados en sangre miraban con agudeza a todo el que le atacaba.De un movimiento de su mano, lanzó una telaraña que inmovilizó a un hombre, varios corrieron a socorrerle para sacarlo de allí antes de que se asfixiara, pero tuvieron que huir cuando una araña bulbosa corrió hacia ellos y explotó en un acto suicida, dispersando veneno a su alrededor, el soldado atrapado dejo de agitarse. Con otro movimiento, la mujer aracnoide agarró con sus garras a un soldado desprevenido y le levantó con la misma facilidad que una pluma inmovilizándolo con sus patas le quitó la hombrera y le mordió con tanta fuerza que le arrancó un pedazo de carne. El hombre gritó de dolor y esta lo dejó caer, dejando que el veneno neurotóxico actuara.
- Vilemaw me agradecerá tantas ofrendas nuevas - rió la criatura con su voz rasgada - ¡no podréis con la reina de las arañas! - con sus protuberancias cogió al hombre al que había mordido, que respiraba cada vez más lentamente y se lo llevó hacia arriba, seguramente a su guarida.
Lucian intentó dispararla con sus pistolas, pero no quería darle al desafortunado soldado que raptaba. Volvió segundos más tardes para seguir con su cacería, Lucian comenzó a dispararle en cuanto la vio, pero tuvo que parar en cuanto se escondió detrás de un grupo de hombres que luchaba con sus crías, no quería herir a sus compañeros y además se movía demasiado rápido. Rápidamente nos unimos a él y el resto en la batalla para salir de las cámaras cuanto antes. Al vernos llegar, la criatura sacó los afilados dientes y gruñó. Con un agudo grito, cientos de arañas acudieron a ella y comenzaron a atacar a todo el mundo para ayudarla.
<<Si llama a los refuerzos es que se puede matar>> pensé optimista.
Rengar desgarraba todo arácnido que se acercaba a un radio de dos metros de su posición, Olaf hacía lo propio con sus hachas y Akshan ayudaba a los soldados atrapados en redes. Irelia lanzó sus cuchillas contra ella, pero la criatura las apartó de un manotazo con sus extremidades adicionales, era fuerte y poderosa. Lux entonces lanzó su varita y conjuró una cárcel de luz su alrededor, la retuvo el tiempo suficiente para que me lanzara contra ella. Con mi escudo activado y reforzado por el de Lux, apreté mi espada para clavarle mi kopesh en su vientre. Ella no pudo escapar de la cárcel de luz a tiempo, pero sus protuberancias se arquearon hacía delante protegiéndola como una armadura y me repelió con tanta fuerza que salí despedida contra la pared de la caverna.
El hechizo de Lux perdió fuerza y se liberó, dispuesta a seguir con su masacre. Levantó sus manos para lanzarme una de sus telarañas cuando inesperadamente unas raíces aparecieron del suelo y las paredes y la sujetaron de pies y manos.
- ¡Rápido! Salid no podrá sujetarla durante mucho tiempo - gritó una voz conocida desde fuera de la cueva. Todos comenzamos a salir, aún estaba aturdida, Olaf me levantó con la misma facilidad que si cogiera una piedra del suelo y tiró de mi hacía la salida. Lucian, Akshan y Rengar aprovecharon la oportunidad para atacarla e intentar terminar con ella. Rengar lanzó sus boleadoras para capturarla durante más tiempo y Akshan con su gancho comenzó a enrollarla como un hilo en un ovillo. Lucian disparó con precisión a su cabeza y Rengar se lanzó a por su presa.
Pero la criatura, viéndose superada en número y rodeada de enemigos, se metamorfoseó en una gran araña justo a tiempo para escapar. Con sus afiladas patas cortó todas la ataduras y rápidamente huyó por el agujero del techo.
- ¡Mierda!¡Joder! Malditas islas llenas de monstruos - farfullaba Lucian al salir de la cueva.
Fuera esperaban Illaoi, Pike, Vayne y Graves junto a más de los soldados y sacerdotes. También los acompañaba una extraña criatura, destacaba entre toda la pútrida vegetación de alrededor porque era un árbol que aún conservaba un vivido color verde en sus hojas, estaba vivo.
- Dioses... Eres un antárbol - anunció Lux sorprendida, caminó hasta el para verlo mas de cerca, yo también me fijé en él, lo miré con recelo - pensaba que erais solo personajes ficticios de los cuentos de los niños...
- Cuidado con lo que dices niña, soy tan real como esa araña de la que habéis escapado, e igual de peligroso
Yo también había oído hablar de ellos, eran espíritus de la naturaleza, muchos de ellos vengativos, que cobraban vida, convertidos en arboles o gólems allí donde había habido algún atentado contra la naturaleza, luchaban furiosamente protegiéndola y no descansaban de nuevo hasta haber restaurado el equilibrio natural. Sabía que muchos de ellos habían vivido durante muchos años, pero en la actualidad los creía extintos, solo formando parte de los cuentos y mitos para asustar a los niños.
- Perdón... - se disculpó arrepentida - es que siempre quise conocer uno - se acercó más a el curiosa y tocó la corteza de su brazo, una fuerte coraza de duramen, el ser apartó el brazo incomodo
- No hagáis que me arrepienta de ayudaros
- Él es Maokai - anunció Vayne - sobrevivió al cataclismo mágico de la Ruina
- ¿Como? - preguntó curiosa la muchacha demaciana
- Mi savia guarda las últimas gotas de las las aguas de la vida, las mismas por las que se extiende esta Ruina. Mis raíces que llegaron hasta el mismísimo lago absorbieron todo lo que pudieron antes de la catástrofe, sobrevivo gracias a ello - dijo pausadamente - ¡Pero las islas florecerán de nuevo! - gritó con pasión con su raposa voz - Esa es la razón de que os ayude. Cuando destruyáis al Rey arruinado devolveré la savia a sus aguas y este lugar recuperará la belleza de antaño, seguiré luchando hasta que todo se restaure - Quería creer en ello, pues significaría que el viaje a aquel lugar tendría éxito - ahora debéis salir de aquí, esa criatura antinatural volverá para la revancha, vive solo para servir a su dios arácnido. ¡Vamos, seguidme os enseñaré la salida del bosque!
Por fin vimos el final de aquel retorcido laberinto de ramas y espinas, cortamos las zarzas para movernos con facilidad. Ante nosotros se abría el paisaje de una ciudad en ruinas, con altas estatuas de guardianes custodiándola a la que solo se podía acceder por puentes, desgraciadamente todos estaban derruidos.

- Yo sostendré ambos extremos, ¡Vamos, cruzad! el antárbol hundió su brazo en el suelo haciendo crecer gruesas raíces que se unieron al otro extremo de las ruinas , completando el puente. Raudos cruzamos por encima, aquel espíritu se quedo en el otro extremo, vigilando.



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