En las cumbres de Freljord
La primera parada después de Targon fue Freljord. Antes de rayar el alba nos teleportamos al templo de los centinelas de esa región, este, se encontraba en una cueva helada a gran altitud en las montañas del norte, cerca de la frontera con los dominios de la Guardia de Hielo. Cuando quisimos salir de allí para buscar el fragmento, un peine de marfil, la entrada estaba totalmente bloqueada de hielo. Rocas enormes y nieve proveniente del glacial que bajaba por ese valle habían taponado la entrada. Perdimos un tiempo muy valioso para desatascar la salida y excavar un túnel hacia el exterior.
- ¡Queda poco para llegar! - anunció Senna haciéndose oír por encima de la ventisca que nos rodeaba - ¡llevamos más de la mitad del camino hecho!
Después de eso, intentamos apretar el paso animados de poder llegar antes que Viego, pues no habíamos visto ni rastro de la niebla negra aún. Cuan equivocados estábamos. En cuanto llegamos a la cima de aquel cerro, un mar de niebla negra se extendía hasta el horizonte, contrastando con el pálido color del cielo. Tan solo los picos más altos sobresalían sobre esa masa oscura. Senna bajó imprudentemente deslizándose por la nieve y esquivando los árboles hasta llegar al borde de la niebla, tocó la negra sustancia etérea que la componía con sus manos y se quedó allí parada mirándola. Poco después llegamos nosotros algo más precavidos en la bajada.
- ¿Estas bien? - le preguntó Irelia
- Ya se lo ha llevado, no noto su presencia - dijo refiriéndose al peine
- Hemos llegado demasiado tarde, ¡mierda! - farfulló Lucian - maldita nieve, si no hubiera estado tapada la entrada del templo
Senna giró su cabeza hacía el grupo.
- Habríamos llegado tarde igualmente - dijo apretando los labios - aun teníamos que atravesar un buen trozo y además peleando a través de la niebla - bajó los ojos apenada - debemos regresar y buscar el siguiente
Fue entonces cuando nos percatamos de los gritos que se oían a través de la bruma negra. Gritos feroces de gente luchando.
- Creo que hay gente luchando contra la niebla - anuncié
- Debemos ayudarlos Senna - comentó Irelia - no deben estar lejos de aquí, se oyen muy cerca
Senna apretó los labios en una fina línea y se volvió hacia la bruma internándose en ella, el resto le seguimos. Acto seguido un destello hizo desaparecer la oscuridad a nuestro alrededor iluminando el camino hacia abajo. Senna había disparado un gran haz de luz con su arma. Unos metros más abajo había un claro del bosque. Un grupo de mujeres y hombres fornidos estaban luchando con los espectros de la niebla y protegían rodeando a algunos niños y ancianos que estaban en el centro.
Rápidamente nos deslizamos por la pendiente hasta donde se encontraba aquel grupo nómada para ayudarlos. Con nuestras armas de luz, liberamos rápidamente la zona circundante de espectros, los disparos y los tajos de nuestras espadas brillaban en la niebla como como estrellas fugaces en una noche oscura. No paramos hasta que desapareció toda la bruma negra en un radio de treinta metros.
Cuando terminó la lucha, aquellos guerreros ayudaron a los heridos subiéndolos a sus grandes bestias de carga que ya estaban más calmadas, por suerte, no había que lamentar ninguna baja. Fue entonces cuando la matriarca de aquella comunidad tribal nómada se acercó a nosotros.
- Gracias por la ayuda - dijo inclinando la cabeza en agradecimiento - nunca nos hemos enfrentado a algo semejante. Soy Brenaya, la matriarca de esta tribu
La observé con detenimiento era una mujer ancha de espalda y musculosa, de mandíbula cuadrada y piel pálida. Su pelo rubio estaba recogido en varias trenzas hacia atrás, con adornos que colgaban de sus mechones. Plumas, dientes y pequeños huesos de animales decoraban su cabellera y también sus forradas ropas de piel. En torno a su cuello colgaba un collar con un cristal azulado como el hielo. Una vieja herida le surcaba el rostro desde la comisura del labio hasta la frente, quien se la hiciera le vació el ojo izquierdo, porque la mujer estaba tuerta. Su mirada azul se cruzó con la mía, su único ojo me observaba detenidamente. Bajé la mirada, incómoda de que me hubiera descubierto observándole la herida.
- Debéis salir de aquí, la niebla volverá y se expandirá. Tenéis que encontrar un sitio seguro y cerrado para que no entre. No podéis enfrentar esta amenaza - advirtió Senna

- Olaf por favor no empieces - le reprendió Brenaya
- Solo digo que puedo enfrentarme a cualquier desafío, y quiero enfrentarme a todo aquello que ponga en riesgo mi vida
<< Este pavo es un adicto de la adrenalina y el peligro>> pensé.
- Siempre igual, confundes la valentía con la temeridad. No le hagáis caso, levantaremos el campamento y nos moveremos hacia el sur.
- No se hasta donde podréis llegar - dijo Riven - esta niebla negra rodea Demacia, no se hasta donde habrá penetrado en el sur de Freljord
- Igualmente debemos bajar las montañas. El invierno en esta zona es muy duro, en cambio, las tierras del sur son mas fértiles y cálidas. Sabemos dónde ir a cobijarnos
Se volvió hacia sus familiares y miembros de aquella pequeña tribu
- ¡Levantad el campamento!, ¡nos marchamos!
- Nosotros también, debemos volver e irnos a continuar nuestra lucha
- Que las Tres Hermanas os protejan en vuestro camino
Le agradecimos el gesto con una leve inclinación de cabeza y comenzamos a subir de nuevo el trozo de montaña por el que nos habíamos deslizado.
- ¡Esperad! - gritó una voz masculina, todos nos giramos a la vez - Quiero acompañaros - anunció Olaf - lo único importante en esta vida son las batalla que ganas y tener una muerte gloriosa sería el mayor de los honores, enfrentarme a esta nueva amenaza quizás me conceda ese deseo
- ¡Oh, genial! - gritaba Brenaya detrás e el mientras apretaba las riendas de su montura de carga - Eres libre de irte cuando quieras berseker, Sejuani lo dejó claro cuando te dejó a mi cargo - dijo con cierto sarcasmo
Senna nos miró dudosa sin saber que opinar, Vayne se encogió de hombros.
- Tu eres la que manda aquí, decídelo tu - dijo la ballestera
- En realidad nos vendría bien alguien arrojado, con fuerza bruta para rechazar las hordas de espectros de la niebla. Supongo que puedes encajar en ese perfil
- Y a que esperamos, vayamos a por esos no muertos - gritó emocionado levantando sus hachas, entonces empezó a correr como un loco ladera arriba
- Es muy intensito, ¿no? - me susurró Vayne
- La palabra que buscas es temerario - puntualicé - veremos si por sus imprudencias no nos matan a todos.
- Que exagerada - hizo un aspaviento con su mano restándole importancia y se adelantó dejándome la última de la fila
Escuché como las voces de Brenaya y su grupo, que agradecían librarse del berseker, se apagaron con la distancia. Seguí al grupo subiendo la cuesta a paso acelerado, debíamos ir a por otro fragmento.

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