En los dominios del rey
Nuestro grupo se había reducido desde que iniciamos el viaje. Aunque el equipo de centinelas permanecía intacto, los valientes soldados que nos acompañaban no habían corrido la misma suerte. Muchos de los compatriotas demacianos habían caído en combate dentro del bosque y con ellos, también se desvanecieron los ánimos. De los cien soldados iniciales, al menos un cuarto había caído, y de los sacerdotes, solo quedaban cuatro.
Una vez en la ciudad, decidimos tomar un breve respiro para recuperar fuerzas. Algunos soldados estaban heridos y necesitaban atención, aunque poco se podía hacer por ellos en ese momento. Nos dirigimos a un par de plataformas circulares de piedra, que se disponían enfrentadas, adornadas con inscripciones y con una escultura encapuchada arrodillada que sostenía una amplia copa plateada.
- Subid aquí - indicó Senna - son altares de los centinelas, nos protegerán temporalmente
El grupo se dividió, Senna subió a la primera plataforma, seguida por mí. Observé detenidamente la estatua, representaba una mujer de rostro fino y con cabello largo, que tenía los ojos cerrados. Lucian ocupó la plataforma opuesta, donde había una estatua similar pero con rasgos masculinos. Senna esperó hasta que todos estuvimos en la plataforma y luego se acercó a la copa, del cinto sacó un cuchillo y se hizo un pequeño corte en la mano, dejando caer unas gotas en aquella copa. Sus movimientos eran precisos y mecánicos, como si siguiera un ritual conocido. De repente, la sangre de la copa comenzó a arder en una intensa llama azul que iluminó los rasgos de la estatua.
- Te ayudo porque debo hacerlo... - una voz etérea y resonante proveniente de la estatua me sobresaltó
<<¡Joder! ¡Qué susto!>> Estaba tan concentrada en el ritual de Senna que cuando escuché hablar a la estatua, di un respingo, y no fui la única. La estatua entonces abrió sus ojos brillantes y huecos, a su vez, las inscripciones del suelo comenzaron a brillar y un escudo dorado empezó a formarse a nuestro alrededor. La espesa bruma que cubría el suelo escampó alrededor de la plataforma, como si le dañara acercarse, brindándonos mayor visibilidad. Enfrente, Lucian había llevado a cabo el mismo ritual y se estaba formando igualmente un escudo y retirándose la niebla.
- Incluso algo tan puro como los centinelas está corrompido en estas islas - se lamentó Senna - su alma está encarcelada aquí - dijo refiriéndose a la estatua de la mujer. Luego, se sentó en el suelo para descansar, y yo la imité
- ¿Se ha olvidado de mi?... - volvió a hablar la mujer de forma repentina, después comenzó a llorar, lamentándose de su sino, su llanto resonaba como un eco distante, sus suspiros melancólicos te atravesaban el cuerpo como una ligera brisa erizando la piel - Este lugar fue una vez tan... hermoso...
- ¿Qué le pasó? - pregunté a Senna, intrigada
- No estoy segura - respondió ella - creo que se separó de su marido cuando Viego provocó toda esta ruina... piensa que todos los que vivían en las Islas Bendecidas murieron, muchos se trasformaron en monstruos y otros simplemente permanecen como espíritus, encadenados a esta tierra, sufriendo un tormento eterno
- No hay descanso en la muerte... - la voz del espíritu volvió a resonar a través de la piedra, respondiendo a las palabras de Senna
- Su mente esta rota, atrapada en el tiempo - continuó Senna - a veces grita furiosa de repente
- ¿Pero puede atacarnos? - pregunté, pero ella negó con la cabeza - ¿en la otra plataforma, también hay un espíritu atrapado?
- Si, quizás sea su marido, también se lamenta por una mujer - después miró la cara ensombrecida de la estatua, la luz titilante de la llama proyectaba sombras inquietantes en su cara - aquí todo parece formar parte de un retorcido juego para causarte dolor de todas las formas posibles...
- ¡¡Compartirán mi tormento!! - gritó de repente la voz de la estatua, llena de ira y resentimiento, me sobresalté nuevamente
- ¡Joder! - exclamé agarrándome el pecho y respirando acelerada - nunca me acostumbraré a esto - Senna rió
Miré el escudo de nuestro alrededor, era cambiante, como una fina capa de oro líquido que se movía por una corriente.
- Los escudos no duraran mucho más, en cuanto se consuma la llama, se romperán - advirtió Senna - si quieres que te protejan durante más tiempo, tendrás que hacer un mayor sacrificio en la copa
- Es siniestro... - murmuré
- Lo se, de todas formas debemos continuar
Poco después, tal como Senna había predicho, el escudo comenzó a desvanecerse por el borde de la plataforma como agua que se escapa por un desagüe. Los lamentos de aquella mujer se apagaron a la vez que la llama, volviendo a dejar su rostro sumido en la oscuridad. La bruma volvió a conquistar las calles y a formarse a nuestro alrededor.
Reanudamos la marcha, caminábamos con cuidado de no tropezar en las calles cubiertas de niebla y atentos a cualquier amenaza que pudiera aparecer. A veces un grito desesperado hacía sobresaltar al grupo, o la visión de algún fantasma que miraba desde las ventanas de los edificios abandonados. El viento traía consigo las voces de los muertos que allí habitaban, helándonos la sangre con sus sonidos. A pesar de todo, nos mantuvimos firmes y seguimos adelante sin ser atacados por ningún espíritu. Finalmente, llegamos a las puertas de la muralla del palacio, custodiadas por dos ángeles, eran de lo pocas estructuras que se mantenía en pie intactas.

Al atravesar las puertas, se extendía ante nosotros una vasta llanura, donde en su momento hubieron exuberantes jardines. Al fondo, la figura del palacio se elevaba con la fachada medio derruida y con dos torres vigilantes a sus espaldas, aunque solo una de ellas estaba completa. Un torbellino de nubes tormentosas y niebla negra giraba alrededor de la torre, ocultando su cúspide.
Nos aventuramos por aquel terreno baldío que yacía en calma, sin siquiera el susurro del viento que nos acompañara. Nuestras pisadas apenas resonaban en el silencio opresivo que nos envolvía. Un sudor frio recorrió mi espalda y mi estomago se hizo un nudo en aquel extraño silencio imperturbable, demasiada quietud.
Cuando habíamos cruzado ya la mitad de aquel campo, un rugido atronador rompió aquella aparente calma. Un gigantesco dragón negro emergió de las ruinas del castillo, escalando con sus garras las murallas para luego alzarse en el aire con un aterrador aleteo. Sobrevoló majestuosamente el palacio antes de aterrizar frente a sus puertas, bloqueando el paso. Su tamaño rivalizaba con el del propio edificio, su alargado cuerpo se levantó y extendiendo sus inmensas alas para exhibir su poder. Cuando volvió a posarse sobre tierra firme, de su garganta exhaló una potente llamarada verde que devoró todo a su paso, elevando la temperatura hasta hacer arder nuestros pulmones al respirar.
Mis piernas flaquearon al contemplar aquella imponente criatura. << ¿Cómo vamos a enfrentarnos a eso? Es inmenso>>
La situación empeoró cuando, a nuestras espaldas, otro dragón más pequeño bloqueó nuestra salida, dejándonos atrapados sin posibilidad de escapar.
- ¡Shyvana! - exclamó Vayne sorprendida y la observé más detenidamente, nunca la había visto transformada - ¡Mierda! ¡Esa maldita dragona ha escapado! - maldijo con rabia
<<Oh Shyvana... tenías que ser más fuerte... has caído en sus garras, otra vez>>
- ¡Shyvana a escapado de Demacia! - gritó uno de los soldados al escuchar el comentario de Vayne
La noticia se propagó rápidamente, aumentando la preocupación en nuestro grupo. Los demacianos confiaban tanto en la seguridad de las estructuras y recursos de la prisión de la ciudad que nunca imaginarían que alguien pudiera escapar de ella, especialmente después de la fuga de Sylas hacía un par de años. Desde entonces, habían reforzado aún mas los turnos de vigilancia y la infraestructura.
La dragona hizo un ademán de atacarnos y los soldados levantaron sus espadas para protegerse, pero ella se rió con burla sin llegar a atacarles. Estaba esperando ordenes.
El rey arruinado aún no había terminado de enseñarnos todo su potencial, desde las puertas del castillo, surgieron figuras familiares pero irreconocibles bajo el control implacable de Viego, todos se alienaron junto al dragón.
- ¡Karma! - exclamó Irelia alarmada - por todos los dioses, realmente esta siendo controlada
- Y ahí están los hermanos noxianos, Darius y Draven - comentó Riven con desgana - genial - dijo con sarcasmo
Otro hombre con escudo, lanza y el pecho descubierto se colocó delante de una de las patas del dragón. << Pantheon>> pensé al verlo.
- Pantheon también ha acudido a la llamada del rey al parecer - susurré
La llegada del tirano oscuro marcó el inicio de una batalla que definiría nuestro destino en aquellas tierras, plagadas de sombras y secretos mortales. Desde una de las rocas flotantes que orbitaban alrededor del campo Viego apareció por un portal oscuro como la boca del lobo, con toda tranquilidad y saltó sobre el campo de batalla.
- Ay Senna...deberías haberme hecho caso cuando te advertí que te destruiría si no te apartabas de mi camino - mostró su sonrisa blanca y perfecta mientras gesticulaba con su mano libre - ahora ya es demasiado tarde para vosotros, y tú - le señaló - al final, te unirás a mi de una forma u otra - fijó sus ojos en Senna - tienes algo que es mío y antes de que termine el día, lo tendré - se aventuró
- ¡Jamás! - Senna apretó su mano alrededor de su collar, aquel que portaba desde que era una niña - No te saldrás con la tuya Viego - farfulló ella arrugando su entrecejo
- ¿A no? - dijo con burla - ¿no hay suficientes enemigos para vosotros? - con un gesto teatral mostró todos sus "aliados" que esperaban sus órdenes a sus espaldas - no me he esforzado demasiado las otras veces que nos hemos visto y eso os ha dado cierta ventaja. Ahora será más aburrido, pero así lo habéis querido...así que ya puestos... cuenta estos... - apretó su mano y del portal comenzó a salir la espesa niebla negra que tanto nos había importunado durante estos días. Viego movía su mano como un director de orquesta mueve su batuta, y la niebla se desplazaba a su antojo. Cientos de criaturas espectrales emergieron de ella y rugían impacientes por luchar, la niebla rodeaba todo a la vista - ¡saludad, muchachos! - le dijo a las criaturas y estas rugieron al unísono, su voz sonó como un trueno - miles de almas segadas durante siglos y siguen teniendo hambre... ¡pues que empiece el festín! - el rey se rió con sorna y volvió a saltar al fragmento de tierra, desapareciendo por el portal.
En ese preciso instante, los espectros se abalanzaron sobre nosotros con hambre voraz, la batalla había comenzado. Nuestras espadas y hechizos cortaban el aire con ferocidad, deshaciendo a las criaturas no-muertas que nos rodeaban. Mientras tanto, los aliados arruinados se mantenían al margen, observando en silencio desde la distancia. Las criaturas espectrales no dejaban de aparecer, cada golpe, cada corte era una lucha contra por sobrevivir, pero la fatiga comenzaba a hacer mella en nosotros. Si la batalla se alargaba demasiado... no podríamos aguantar el ritmo eternamente. Eché un rápido vistazo hacia Pantheon, se mantenía sereno como una estatua con los ojos fijos en el combate. No iba a permitir que se quedaran mirando como espectadores..

- ¡Lux! ¡Abre fuego y despeja el camino! - grité con determinación, decidida a llegar hasta esa puerta costara lo que costara.
Los demás centinelas se volvieron hacia mi al oír mi orden <<Si voy a morir igualmente, quiero llegar todo lo lejos que pueda, y si me llevo a Pantheon por delante... ¡mejor!>>, pensé, y me siguieron. Lux lanzó un rayo de luz primordial en mi dirección, haciendo que la niebla y las criaturas desaparecieran en ardientes llamas a mi paso.


El rayo alcanzó una de las patas del gran dragón que aguardaba frente a nosotros, provocando un rugido de dolor. Darius y Gangplank saltaron justo a tiempo para esquivar del potente haz de luz. El dragón, furioso, alzó el vuelo, Shyvana se preparaba para seguirle, pero alguien se lo impidió.
-¡¡No!!¡Shyvana!¡Detente! - una voz conocida traspasó el umbral de la muralla. Con su potente magia rúnica, envolvió a la dragona en una potente cárcel antes de que pudiera alzar el vuelo
-¡Ryze! - exclamé sorprendida, y no venía solo. Cientos de espectros le seguían, aunque destacaban dos en particular.
La primera, una mujer alta y esbelta, con la piel fina y traslúcida que resplandecía con un tono azulado. Vestía una armadura y casco con penacho negro, su pelo azabache se movía con libertad. Sin embargo, lo más impactante era sus lanzas atravesadas en su torso, y en su mano llevaba una lanza igualmente mortífera. El otro, un imponente guerrero que blandía una espada espectral que resplandecía como fuego verde, también portaba un gran escudo con púas.
Ryze corrió hasta Shyvana antes de que la prisión rúnica se rompiera. Debía darse prisa para liberar su mente del control de Viego. Si conseguía traerla de nuestro lado, la balanza se equilibraría. <<Quizás tengamos una posibilidad >>, pensé optimista. Mientras él luchaba por liberar la mente de Shyvana, los centinelas nos lanzamos contra los líderes controlados por Viego. Habíamos avanzado los suficiente como para que decidieran que éramos una amenaza y tomaran partido en la batalla.
Lo que ocurrió a continuación sucedió tan rápido que apenas pude concentrarme en los detalles. La primera en atacar fue Karma. La maga comenzó a conjurar un ataque tan potente que se elevó en el aire su figura levitaba mientras sus ojos brillaban con un poder descomunal.
Irelia se adelantó rápidamente hacia ella con sus cuchillas para detenerla antes de que pudiera completar el conjuro. Por suerte, logró interrumpirla, obligándola a defenderse.
Los siguientes en tomar partido fueron los brutales hermanos de Noxus. Draven arrojó sus cuchillas por el único camino despejado, levantando la tierra a su paso. Una de ellas se estrelló contra mi escudo, rompiéndose en el acto y desviando el arma hacia la niebla. Las cuchillas, abrieron profundas grietas en las tierra, de las cuales emanaba una luz ominosa y etérea que absorbía nuestra energía. Retrocedimos rápidamente para alejarnos de ellas. Su hermano Darius se lanzó hacia nosotros con su gran hacha, apuntando a Senna, pero Riven lo interceptó en el aire con su poderosa espada, manteniéndolo ocupado el tiempo suficiente para que ella escapara.
Pantheon se abalanzó sobre nosotros con un gran salto para impedirnos avanzar, mientras que la capitana Fortune aprovechaba para lanzarnos una lluvia de balas que pudimos esquivar gracias al escudo de Lux. Illaoi, entonces, estrelló su ídolo en el suelo para atrapar con sus tentáculos a Miss Fortune y así detenerla temporalmente. Pantheon me atacó, protegiendose detrás de su escudo, hostigándome con su lanza en rápidos movimientos para intentar clavármela, pero logré esquivarlo rodando hacia un lado y volví a utilizar mi escudo para protegerme. Las esferas lunares estallaron en su escudo en cuanto se adelantó de nuevo. << ¡Con ese escudo protegiéndole constantemente no podré acercarme a él! ¡Maldita sea!>>
El resto de mis compañeros luchaba contra las hordas de no-muertos, defendiendo a los soldados restantes. Rengar saltaba sobre sus presas con fiereza y rapidez. La niebla era una ventaja para él, podía ocultarse fácilmente y aparecer cuando menos lo esperábamos. Darius recibió un potente zarpazo de sus garras cuando apareció de la nada atacándolo. Graves estrenaba su nueva escopeta, liberando brillantes pulsos de luz a cañonazos contra todas las criaturas a su alrededor. Pyke e Illaoi mantenían a raya a Miss Fortune y Gangplank.
Olaf entró en cólera en mitad de la batalla, mostrando una imprudencia temeraria, pero su destreza para aniquilar a los espectros era impresionante. Al verme en apuros, saltó embravecido sobre Pantheon, derribándolo y bridándome la oportunidad que necesitaba para atacarle con todo mi poder.
Invoqué el poder de la luna y estrellé mi espada contra el suelo, enviando una onda de choque que hizo temblar la tierra y resquebrajó el suelo a mi alrededor. Pantheon sufrió el impacto como un azote en todo su cuerpo. Olaf aprovechó el momento para acabar con él de un hachazo en el pecho. Sin embargo, Pantheon se recuperó antes de lo que esperado y lo embistió con su escudo, lanzándolo hacia el abismo de la niebla.
Pantheon volvió a avanzar para arremeter contra mí de nuevo. De repente, una sombra oscureció el cielo a mi alrededor. El gran dragón protector del palacio y el otro dragón se enzarzaron en una feroz pelea sobre nuestras cabezas. Uno de ellos, el más grande, cayó hacia nosotros y salté rápidamente para evitar ser aplastada por la enorme criatura alada. Pantheon quedó en el otro lado. <<¡Lo has conseguido Ryze! Shyvana es libre de nuevo, espero que no recaiga>>.
Shyvana cayó en picado sobre el dragón que le doblaba el tamaño.
- ¡Erastin! Camavor desapareció hace una eternidad - rugió - ¡tus días como dragón real se acabaron hace tiempo!
El dragón lanzó una ardiente llamarada al aire que caldeó la atmósfera a nuestro alrededor. Shyvana, con sus garras, abrió su vientre en canal antes de que pudiera incorporarse. El dragón real aulló de dolor, pero Pyke apagó su rugido, atravesó su garganta con su arpón, saltando sobre él con determinación. Era un magnífico monstruo que matar. Vayne y Akshan, que estaban ayudando a los soldados, se unieron a la lucha en cuanto vieron caer al dragón. Con su ballesta, Vayne cegó a la bestia, esta pataleó con sus últimas fuerzas moviendo su cuerpo hacia los lados. Le ataqué en la garganta para evitar que pudiera escupir más fuego. Finalmente, Olaf emergió entre la niebla recuperado del último golpe y le cortó la cabeza con sus hachas.
Los soldados estallaron entusiasmados. Vernos terminar con aquel dragón en equipo era la descarga de adrenalina que necesitaban para perder el miedo y seguir luchando con todas sus energías.
Pero aún no podíamos descansar. Aunque Illaoi, Senna y el resto habían logrado neutralizar a varios de nuestros enemigos, no sabíamos que otras trampas nos tenía preparadas Viego dentro del castillo. Pantheon había sido el único que había podido escapar, aprovechando el alboroto del dragón caído para huir hacia el castillo. Los enemigos controlados por Viego estaban muy malheridos o inconscientes, y neutralizarlos sin matarlos había sido una tarea difícil. Debíamos ayudarles a liberarse del control, como había hecho Ryze con Shyvana.
El ejército de espectros que acompañaba a Ryze al principio continuaba luchando contra las hordas de la niebla, mientras los soldados hacían un último esfuerzo por asegurar el perímetro. Parecía que cada vez había menos criaturas, lo que nos dio un respiro para planear nuestros siguientes pasos, sin embargo, la tensión en el ambiente era palpable. Ryze se abrió paso a través de la multitud hasta llegar a nosotros.
- ¡Ryze! - lo saludé animada, dándole un efusivo saludo - ¡Has sido nuestra salvación! - El asintió agradecido, pero su mirada mostraba preocupación, un suspiro pesado escapó de sus labios. ¿Por qué no estas contento? - pregunté notando su inquietud - Ahora estamos más cerca de ganar
- Porque si el esta aquí, significa que Viego tiene todos los fragmentos que conseguimos - interrumpió Senna, saliendo entre el público con la cara seria, Ryze agachó la cabeza abatido - Contacté con Ryze en Demacia y le dejé a cargo de los fragmentos con la esperanza de que Viego solo me perseguiría a mi - se echó las manos a la cabeza - se los ha llevado, ¿me equivoco? - inquirió al archimago
- No... lo siento mucho Senna...- respondió Ryze con pesar, moviendo lentamente la cabeza - cuando Shyvana escapó, Viego vino directamente a la cámara y la destruyeron. Apareció acompañado de la dragona y una yordle poderosa que me atacó con magia de sombras. Me entretuvieron lo suficiente para que ese malnacido terminara de absorber la esencia de los objetos con su espada.
- No es culpa tuya... - murmuró Senna, dando una patada en el suelo con rabia - ¡Que tonta he sido! Todo nuestro trabajo... regalado....¡Nunca debí separarme de ellos!
- Ahora ya no importa preocuparse por eso - intervino su marido - hemos venido aquí para derrotarlo y eso es lo que vamos a hacer ahora mismo
- ¡Si! - saltó Irelia con determinación - no podemos dejar que esto nos desanime, debemos continuar y terminar la misión a cualquier precio. Runaterra se muere, no tendremos un mundo al que volver si no salimos victoriosos en esta guerra. Cada hora que pasa la ruina consume más y más a su paso, miles de almas segadas para alimentar eternamente sus filas. ¡No podemos permitirlo! - sus ojos brillaban desafiantes
- Pero los fragmentos... - comenzó a replicar Senna
- Aún tenemos una oportunidad - replicó Irelia - Mientras tu conserves una parte de Isolde, él no podrá llevar a cabo su ritual, eso puede darnos cierta ventaja - continuó hablando Irelia
- No te sigo - contestó Lucian
- Yo si - intervine - tan cerca de su objetivo, Viego estará más desesperado por completar los fragmentos y resucitar a su esposa - continué - Siempre escapa de nosotros y se esconde tras sus secuaces porque sabe que no puede ganar en un combate directo contra todos. Y no se irá sin Senna.
- ¿¡Quieres usarla de cebo!? - reprochó Lucian al darse cuenta de lo que estábamos hablando, entonces miró a Senna preocupado
Ella respiró hondo y asintió decidida.
- Esta bien. Vayamos a por ese cabrón - miró al grupo detenidamente, una chispa de esperanza se mantenía encendida - no podemos ir todos, necesito que algunos se queden aquí cubriendo la retaguardia. No sabemos si los arruinados pueden volverse de nuevo en nuestra contra, el poder de Viego sobre ellos es muy fuerte. La mitad se quedará aquí cubriendo nuestras espaldas, además no quiero ver ni una criatura cuando vuelva - sonrió más animada
Discutimos acaloradamente durante unos minutos como debíamos organizarnos, aunque no todo el mundo estaba de acuerdo, sobre todo Pyke, Rengar y Olaf que protestaron tercamente. Les emocionaba la idea de terminar con el rey arruinado ellos mismos e incluso se lo estaban rifando antes de que Senna decidiera dejarlos atrás. Conseguimos convencerlos después de una acalorada discusión en el que Senna expuso las razones por las que debían quedarse, Akshan e Irelia le apoyaron conciliadores. Al final, Lucian, Vayne, Graves, Akshan y yo acompañaríamos a Senna hasta el castillo.
- Debemos actuar rápido - advirtió Senna - ahora que casi todas sus criaturas están luchando y sus aliados están capturados, estará recluido esperando que vayamos tras el
- Eso le hace que sea aún más peligroso. No sabemos que nos tendrá preparado - previne
Después de aquella breve pausa, todos juntos volvimos a la batalla. La tensión aún era palpable, estábamos cada vez más agotados y no veíamos el momento en que se acabara la lucha, avanzábamos lentamente. El portal de la ruina seguía abierto y cada paso hacia el castillo, se veía interrumpido por el flujo constante de figuras espectrales que salían de el. Un río interminable de miles de almas condenadas, cosechadas durante siglos que ahora despertaban a las ordenes de su rey corrupto.
Nuestros esfuerzos por abrirnos paso se vieron obstaculizados por una nueva oleada de enemigos que emergían del palacio. Una horda de jinetes espectrales, montados en bestias sombrías, surgió de las sombras, liderados por una figura monstruosa que parecía una aberración de la naturaleza. Era mitad humano, mitad equino, su forma distorsionada por la fusión con su montura. Su armadura negra parecía fundirse con su piel, y blandía una alabarda tan imponente como la oscuridad que lo rodeaba.
La caballería espectral descendió sobre nosotros con ferocidad, recorrieron el campo a gran velocidad, sus jinetes portaban un aura de muerte y desolación mientras se abalanzaban hacia nuestra posición.
- ¡¡Esta noche cosecharemos vuestras vidas!! - vociferó el comandante de la caballería con su voz resonante. Su retorcida sonrisa reflejaba el deleite ante la perspectiva de la masacre- ¡¡La cacería salvaje alimentará las Islas de la Sombra!!
El embate de la nueva ofensiva fue devastador. Los jinetes arrollaron a los aliados a gran velocidad, empalándolos con sus armas, dejando un rastro de caos y destrucción a su paso. Irelia y Riven, luchando juntas, eran una fuerza imparable, con sus espadas cortaban y seccionaban miembros y cabezas de las bestias que osaban acercarse a ellas. Mientras tanto, yo me encontraba en medio del fragor de la batalla, ayudando a los soldados a combatir contra los jinetes espectrales que nos rodeaban.
En medio del caos, un aliado inesperado surgió de entre las sombras, impulsado por una fuerza invisible que lo llevaba directo hacia el líder enemigo. Al volverme, vi a la mujer espectro que nos había ayudado antes, apuntando con su lanza hacia el jefe jinete. El proyectil, que en realidad era su compañero de negra armadura, luchaba encarnizadamente contra el líder enemigo, después de haberlo derribado al caer sobre el.
- ¡En tus más oscuros sueños, Hecarim! - gritó la mujer con voz llena de ira mientras lanzaba su lanza hacia el vientre del jinete espectral - Me traicionaste, pero ahora conseguiré mi venganza
A pesar de la feroz resistencia del compañero de nuestra aliada, Hecarim logró recuperarse y embistió con furia, derribando al espectro aliado con un golpe demoledor.
- Kalista y su fiel seguidor Ledros, siempre detrás de ella como un perro faldero - a pesar de los esfuerzos de la guerrera espectral por abatirlo con sus lanzas, él levantó sus cascos blindados para aplastar a su contrincante - ¿aún piensas que tiene salvación, Ledros? ¿Qué recapacitará y tendréis una vida plena y llena de amor? - espetó Hecarim con su sonrisa mordaz cuando Ledros consiguió esquivar sus patas, sin embargo, en un rápido movimiento, le enganchó con su extensa alabarda y lo clavó contra la tierra. Ledros se debatía para quitarse aquella arma que le atravesaba el pecho - un poco tarde para eso, ¿no crees? - añadió con desdén, presionando para hundir aún más la hoja en su oponente. Luego volvió su mirada hacia la guerrera, Kalista - ¿No te cansas de nuestra eterna lucha? Nunca conseguirás acabar conmigo
- Tampoco tu a nosotros - respondió con voz etérea la guerrera, escupiendo sus palabras con furia
- Entonces asumid de una vez la esencia de las islas y uniros al rey - exclamó el líder enemigo y fijo sus ojos llameantes en nosotros - ellos no tienen opción, los destruiremos sin compasión y la legión de la Orden de Hierro encadenará sus almas a las islas de la sombra.
Con un rugido, Hecarim alzó a Ledros con su arma aún clavada en su pecho, y se lanzó a toda velocidad hacia Senna. Si ella no se apartaba, sería atravesada por el arma y aplastada por el cuerpo de Ledros. Sin embargo, Lux actuó con rapidez, envolviendo al jinete espectral en una prisión de luz para permitir que Senna y los soldados que la seguían se apartaran de su camino. En ese momento, Kalista aprovechó la distracción para activar su poder, arrancando a su amigo de las garras de Hecarim y atrayéndolo hacia ella.
Illaoi me gritó señalando las puertas del castillo, que ahora estaban desprotegidas debido a la distracción provocada por la batalla en curso. Sabíamos que era el momento de avanzar. A pesar de la intensa lucha que se desataba a nuestro alrededor, debíamos continuar nuestro camino y enfrentarnos a Viego, aunque eso significara dejar atrás a nuestros compañeros en la batalla.
El grupo se dividió como se había acordado y avanzamos decididos hacia el palacio.
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