Ascensión
Por dentro, el castillo era una ruina. El patio interior yacía cubierto de piedras caídas y escombros de lo que en tiempos fueron caballerizas, establos y comercios. Aunque el edificio central permanecía en pie, su estructura se alzaba imponente, con las puertas de madera carcomidas abiertas de par en par ante nosotros. Sin vacilar, cruzamos la distancia que nos separaba de ellas y nos adentramos en el castillo.
Avanzamos por los pasillos abandonados, buscando las escaleras que nos llevaran a la torre desde donde Viego dirigía la ruina. De camino, noté que la mirada de Senna se perdía en algo más allá de los muros del castillo. Estaba a punto de hablar con ella cuando el eco de una voz etérea llegó a nuestros oídos. Alguien entonaba siniestros cánticos en una sala al final del pasillo, justo hacia donde nos dirigíamos. Al llegar a su origen, nos encontramos con una escena inesperada.
En la sala, tres personas se enfrentaban entre sí. Una pareja de lo más pintoresca luchaba unida contra otro individuo. El hombre alto, jorobado y pálido sostenía una pala con la que atacaba, mientras que una joven de pelo azul con tirabuzones y vestimenta estrafalaria, blandía unas grandes tijeras como arma, tan grandes como mi propia espada. En su contra, se alzaba un espíritu, un esqueleto andante, un lich que se ocultaba tras una capa y un cetro, y que conjuraba hechizos con cánticos de ultratumba.
- ¡Uniros al coro de la muerte! - gritó, entonces una barrera de magia oscura se alzó delante de sus enemigos y a su alrededor creó un aura oscura de voces atrapadas que gritaba de dolor. La pareja comenzó a sentirse débil y moverse más lentamente, en cuanto cruzaron aquel muro mágico para atacarle. - ¿Sentis como se ralentiza el ritmo de vuestra vida? - susurró con una voz etérea y siniestra, dejando escapar una risa macabra.
- ¡¡No!! - exclamó Senna, interviniendo con un disparo de luz que los envolvió en un escudo protector temporal - ¡apártate de ellos adorador de la muerte! - el lich volvió la cabeza hacia nosotros con sorpresa al encontrarnos allí.
Lucian también se unió al ataque, disparando con sus armas de luz hacia el conjurador. El hombre jorobado hundió su pala en el suelo, haciendo que las baldosas se resquebrajaran, y de repente, un muro de no muertos emergió de la tierra, encarcelando al necromántico. La joven del pelo azul y tirabuzones, saltó sobre él con determinación, lista para asestar un golpe con sus tijeras. Pero el lich se defendió, conjuraba meteoritos con su magia oscura, obligándonos a apartarnos para evitar ser alcanzados. Entonces, alzó su gran libro en alto y apretó su cetro contra el suelo.
-¡El réquiem oscuro será lo último que oigáis! - proclamó con voz grave. Como un salmo funesto, comenzó a recitar un cántico, conjurando un poderoso hechizo - ¡Morid!
Ante el inminente peligro, activé mi escudo, preparándome para lo peor. De repente, una fuerza aplastante cayó sobre cada uno de nosotros como una avalancha. Mi escudo logró mitigar la mayor parte del golpe, pero mis compañeros sufrieron el impacto completo. Senna, no tuvo tiempo para reaccionar y no pudo activar de nuevo sus escudos.
- ¿Estáis bien? - pregunté con preocupación, mirando a mis compañeros.
- Diana, acaba con él - dijo Senna respirando con dificultad, como si algo le apretara el pecho. - Destierra a ese engendro.
Acto seguido, me lancé contra aquel esquelético ser. Con su ataque más poderoso desvanecido, estaba indefenso. Activé mis poderes lunares y, marcándolo, salté sobre él. De un tajo, arranqué su cabeza del saco de huesos que era su cuerpo. A pesar de su decapitación, seguía lanzando meteoritos mientras se desintegraba, así que activé mi escudo de nuevo y me aparté rodando. Después de unos segundos, solo quedaba un cerco de polvo y un libro cuyas páginas se deshacían. Mis compañeros comenzaron a recuperarse; estaban bien pertrechados de pócimas curativas y ungüentos para aliviar el dolor de casi cualquier herida, al menos por un tiempo. Volví a preguntar por su estado.
- No te preocupes - dijo Vayne, levantándose del suelo, ya se encontraba algo mejor.
- ¡Yorick, mira! ¡Es ella! - gritó la joven de tirabuzones a su compañero, señalando a Senna. La miré más detenidamente; su cabello azul eléctrico estaba peinado pulcramente en tirabuzones y recogido en dos coletas con grandes lazos. Sus ojos bicolor destacaban brillantes en su piel pálida, al igual que su amplia sonrisa. Vestía un vestido blanco y morado con vuelo y ribeteado, y un gran lazo decoraba la parte frontal y su cintura. Parecía como si tuviera delante una muñeca a tamaño real, vestida como una de las viejas muñecas de trapo de Syndra.
- Ya conocía a ese viejo enterrador - respondió Senna, dirigiéndose al hombre jorobado. - Hola Yorick, ¿has cambiado por fin la compañía de los muertos por gente viva? - Yorick arrugó el entrecejo en respuesta, con gesto pensativo.
- Hummm - fue su única respuesta.
- Hombre de pocas palabras - se burló Senna.
- Parece aterrador, pero en realidad es más bueno que el pan - intervino la joven risueña con exagerada felicidad. Senna la miró con más atención.
-¿Isolde...? - apretó su collar, perpleja ante la situación - de donde has sacado su...
- Gwen, encantada - respondió la joven con un gesto amistoso, extendiendo la mano hacia Senna. Aunque Senna no respondió con la misma confianza. - Ella me hizo, era mi amiga. Siempre jugábamos juntas. Su bondad y alegría me han dado vida - continuó Gwen, divertida, disipando las dudas de Senna y el resto del grupo - Ahora me enseña muchas cosas. ¿También te enseñó a hacer niebla sagrada?
- En parte, pero también he estado al otro lado de la niebla - admitió Senna
Nosotros escuchábamos la conversación atónitos. Aquella niña con lazos en el vestido tenía un fragmento de Isolde, y aún no estaba en poder de Viego. Pero, ¿realmente esa muchacha tan extravagante era una muñeca? A pesar de las circunstancias, ella hablaba con exagerada positividad y optimismo.
Después de unas rápidas presentaciones, comenzamos el ascenso por la torre. Cada uno de nosotros tenía sus propios motivos para unirse a la lucha contra Viego. Nos explicaron que habían entrado por una puerta trasera secreta que Yorick conocía, enfrentándose a innumerables espectros de la niebla en el proceso, aunque, como la mayoría de los enemigos estaban ocupados en el frente de batalla con nosotros, les resultó relativamente fácil traspasar las murallas.
- Los hilos del destino nos han unido, ¡Qué bien! - exclamaba la muñequita viviente con una sonrisa desmedida y alegría contagiosa.
-Yorick, ¿aún tienes a la dama? - preguntó Senna al enterrador, quien respondió con un gesto hacia un brillante colgante que portaba. Asintió sin decir nada más. - Nosotros somos los últimos que quedamos. Si nos arrebatan el alma... habremos perdido.
- No se lo permitiremos - intervino Lucian, tranquilizador, mientras tocaba el hombro de Senna con cariño.
Escuchaba la conversación con atención mientras subíamos una infinidad de pisos de la torre. Así me enteré de que, además de Senna, ellos dos también tenían un fragmento de la esencia de Isolde en su poder. Eran los últimos de los trece: la protección, la alegría infantil y el dolor.
Ya habíamos pasado por varias plantas, eliminando a los engendros que deambulaban por ellas. De repente, escuchamos siseos y gruñidos en el piso superior; más engendros de la niebla emergían por un portal. Apretamos nuestras armas para eliminarlos, mientras Gwen cerraba el portal con sus agujas mágicas. <<Eso nos habría venido bien afuera. Espero que Lux, Irelia y los demás estén bien...>>.
Yorick se quedó cerrando portales para que el resto pudiera avanzar. Finalmente, llegamos al último piso. Matamos a los espectros de la escalera que se abalanzaron sobre nosotros y avanzamos con cautela. La sala había quedado despejada, y al fondo unas grandes puertas se mantenían cerradas. Senna hizo una señal de silencio y nos indicó que nos escondiéramos en unas estanterías cercanas. Avanzó en silencio hacia la puerta, mientras Lucian la observaba con desaprobación; claramente, no le gustaba la idea de que Senna fuera utilizada como cebo.
Las puertas se abrieron de par en par y la figura del rey arruinado emergió de las sombras. Al ver a Senna, frunció el ceño con enfado y se lanzó hacia ella sin percatarse de nuestra presencia.
- ¡Ella me pertenece! - rugió furioso el rey arruinado, apretando el pecho de Senna con su poder mientras una esencia azul y brillante comenzaba a emanar de su pecho.
- Eres muy predecible - respondió ella con calma. Aprovechando su distracción, el resto de nosotros entramos en acción.
Graves fue el primero en atacar, lanzando una bomba de humo a los pies del rey arruinado mientras Senna se liberaba de su agarre. Acto seguido, Vayne, Lucian y Akshan abrieron fuego, tratando de derribarlo para inmovilizarlo en el suelo. Mientras tanto, Senna apuntaba hacia él con su doble cañón. Vayne clavó su mano en el suelo, impidiendo que el rey arruinado pudiera moverse con libertad y usar su espada. Yo, por mi parte, me preparé para saltar sobre él, le marqué con mi magia, lista para descargar toda mi fuerza contra el.
-¡Gwen! ¡Ahora! - gritó Senna, indicándole a la muñeca mágica que era su turno, y esta, lista con sus agujas, respondió al llamado.
La muchacha de tirabuzones lanzó sus agujas mágicas alrededor de Viego, atándolo al suelo y creando un hechizo que parecía prometer su derrota. Todos estábamos listos para asestar el golpe final. Sin embargo, Viego nos miró con ira y, con un movimiento inesperado, trasladó su espada a la otra mano con un gesto de su magia y atravesó el pecho de Gwen.
- ¡No! - gritó Senna, desesperada.
Con la caída de Gwen, la prisión que lo ataba se deshizo y Viego se liberó, reincorporándose con una expresión despiadada. En ese preciso momento, Yorick llegó desde las escaleras y, arrancándose el collar, lo estrelló contra el suelo, liberando a la dama, un espectro furioso que gritaba de dolor mientras se abalanzaba sobre Viego. Sin embargo, él la desintegró con un simple movimiento de su espada, absorbiendo su esencia. El corazón se me encogió al darme cuenta de que aquella dama era otro de los fragmentos y ahora también lo poseía. La situación se complicaba por momentos, empezaba a dudar si saldría viva esta vez.
- Mi amor por Isolde no se rinde tan fácilmente - declaró Viego con ira mientras clavaba su espada en el suelo con una fuerza inhumana. La onda expansiva resultante nos tumbó a todos como si estuviéramos siendo sacudidos por un terremoto. Los centinelas salimos despedidos, golpeándonos contra las piedras y los muebles de la sala. Viego agarró a Gwen del brazo arrastrándola como la muñeca que era y se acercó a Senna, que aún no se había recuperado del golpe.- Ta ha llegado tu hora - dijo Viego con un gruñido, apretando los dientes con furia.
Acto seguido, Viego abrió un portal y arrastró a Gwen y a Senna dentro con él.
- ¡Senna! - gritó Lucian entre jadeos, aún recuperándose del golpe - ¡¡Noooo!! ¡¡Senna!! - le gritaba desesperado a Viego, levantándose y corriendo hacia el portal tras el enemigo.
El rey se volvió hacia él con seriedad.
- No mostréis piedad - respondió Viego, y una lanza se interpuso entre nosotros y el portal, obstaculizando a Lucian. De repente, un hombre cayó sobre su escudo desde las alturas en su dirección, derribándolo. <<¡¡Pantheon de nuevo!! ¡Aquí se había escondido esa rata!>>.
Unas cadenas surgieron del portal y se engancharon al pie de Lucian, comenzando a arrastrarlo hacia la oscuridad de la niebla que lo envolvía todo, las bestias espectrales gruñían en su interior. De entre la niebla emergió un espectro, un ser aterrador, tan extraño como los otros monstruos de aquellas islas. Arrastraba más cadenas y sostenía en alto una linterna que desprendía un halo de luz verde espectral. La niebla lo rodeaba todo como una vorágine, sumiéndonos en las sombras.
- Thresh - gritó Lucian - sabía que estarías detrás de todo esto - gruñó
- Mi linterna tiene hambre, como voy a disfrutar atrapándote dentro... casi tanto como cuando tenía a tu mujer... - le contestó aquel ser, Lucian furioso comenzó a dispararle con sus pistolas, las balas de luz rebotaban en su armadura de hierro como si fuera inmune.
Yorick estampó su pala contra las cadenas para liberar a Lucian antes de que Thresh volviera a atacarlo con su guadaña.
Mientras tanto, yo salté sobre Pantheon con Vayne apoyándome desde atrás. Esta vez no dejaríamos que escapara. Vayne clavaba sus flechas certeramente en los musculosos brazos de Pantheon, obligándolo a romper su guardia para desviar los virotes de su ballesta, lo que me daba la oportunidad de lanzar rápidas estocadas y debilitarlo. Pronto tendría tantos cortes que se desangraría. No podía mantener su escudo firme contra las dos y estábamos arrinconándolo cada vez más.
A mi espalda oía los aullidos de mis compañeros mientras se enfrentaban a Thresh y a los espectros, aquel espíritu era muy antiguo y realmente difícil de derrotar.
Por el rabillo del ojo, vi cómo Akshan se colaba dentro del portal. <<¡Vamos! ¡Termina con esto!>>, pensé. Volví a atacar a Pantheon, haciéndolo tropezar con una estantería, él, rápido, intentó ensartarme con su lanza, pero mi posición ventajosa me ayudó a esquivarlo. Sin embargo, no pude asestarle otro golpe, ya que rodó hacia un lado y se incorporó de nuevo con una velocidad sobrehumana. Varios espectros se abalanzaron sobre Vayne reduciéndola. Pantheon aprovechó su situación para correr con su escudo cubriéndole para atacarme. Sin Vayne defendiendo, no sabía si sería lo suficientemente fuerte para derrotar al aspecto de la guerra, por muchas ganas que tuviera de conseguirlo.
Saltó sobre mi antes de que pudiera esquivarlo y me golpeó con su escudo en la boca del estómago, hundiéndome mi armadura y tumbándome. Escupí sangre, pero el no había terminado conmigo, aún aturdida intenté levantarme, sin embargo el me lanzó contra la pared como un juguete, tenía una fuerza descomunal. El dolor recorrió mi espalda y mi cabeza como un calambre cuando choqué contra el muro. Me quedé rota en el suelo, paralizada por el dolor. Pantheon se acercó a mí con una sonrisa macabra en el rostro, disfrutando de mi debilidad. A diferencia de mi, que perdía la fuerza en cada respiración, su vitalidad aumentaba y sus heridas comenzaban a sanar. Cerré mis ojos con resignación.
- ¡Levanta! - me ordenó, pero no tenía fuerzas para hacerlo, debía tener un derrame interno - ¡Levántate maldita puta! ¿No querías luchar conmigo?
Me dio una patada nuevamente en el estómago que hizo que me doblara de dolor, vomité bilis y sangre, podía notar mis órganos internos machacados y como las costillas rotas perforaban el pulmón. El se acuclilló hasta quedar a mi altura y me dio un puñetazo en la cara y otro y otro más. Mis músculos me ardían, veía todo rojo y borroso, lloraba frustrada por no contratacarle. Miré mi espada, estaba a pocos centímetros de mi mano, pero ni siquiera era capaz de cogerla.
- ¿Quieres tu espada? - se burló, la cogió y la puso en mi mano, la apreté como pude pero se resbaló de mi mano - no enserio, cógela, sino es demasiado fácil - siguió burlándose Pantheon, y volvió a dejarla en mi mano. Esta vez conseguí mantenerla agarrada, pero sin fuerzas para atacarle. Después, dejó su escudo en el suelo y me levantó, la batalla detrás de el era difusa, apenas podía mantenerme despierta para mirar a Pantheon - Diana, pensé que habías escarmentado la última vez que te derroté - siseó apretándome del cuello contra la pared - sin tus amigos apoyándote no eres nadie - se burlaba - Ambos somos seres celestiales, pero tu dios no puede vencer al mío. Ya era más fuerte que tú siendo solo Atreus, te superaba con creces cuando me convertí en un dios y ahora gracias a Viego, soy invencible. - me decía orgulloso - ¿De verdad creías que ibas tenías posibilidades de ganar? - se burlaba con arrogancia, aumentando mi sensación de impotencia. Fui una ilusa al pensar que podía derrotarlo.
No tenía fuerzas para responderle, mi cuerpo estaba destrozado por dentro y por fuera, ni mis poderes celestiales podían sanar tan rápido aquel desastre.
- Estas muy callada, ¿Qué te han cortado la lengua, zorra? - me abofeteó - vas a gritar tanto que vas a pedirme que te mate antes de acabar contigo - Con su mano libre me arrancó la hombrera de mi armadura, después sacó su lanza de su espalda y la cogió por la punta, apretándola contra mi hombro y dejando todo su peso sobre mi.
- ¡Ahhhhhh! ¡¡Maldito!! - grité de dolor, la lanza me estaba atravesando poco a poco mis músculos
- ¡¡Eeeso essss!! - siseó Pantheon burlón - El dulce sonido del dolor, sabía que conseguiría que comenzaras a hablar... - apretó aún más adentro en la carne.









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