sábado, 8 de junio de 2024

LOS CENTINELAS DE LA LUZ - CAPÍTULO 16

El precio de la victoria

Grité de dolor, Pantheon apretaba cada vez más su lanza contra mi hombro, casi atravesándome de lado a lado. Pero aquel dolor punzante me dio la energía suficiente para enfrentarme a él, como si hubieran apretado un botón que activara una descarga eléctrica por todo mi cuerpo. Apenas podía moverme con la lanza clavada, pero apreté con fuerza mi espada y le ataqué. Logré propinarle un buen corte en la pierna que hizo que me soltara, entonces activé mi escudo, expulsándolo y lanzándolo varios metros hacia atrás. Caí al suelo nuevamente y traté de quitarme la lanza, pero había gastado todas mis fuerzas en atacar a Pantheon. Comenzaba a sentir un hormigueo en mi brazo herido, los músculos desgarrados ya casi no me permitían moverlo.

Pantheon me miró con ira y avanzó hacia mí con furia, sin embargo, un grito resonó en la sala desde el portal. Instantes después, mi enemigo cayó al suelo aturdido y la niebla comenzó a escapar de él con tanta fuerza que lo elevó en el aire. Los espectros se desintegraron y la niebla se disipó en el aire. Eso solo podía significar una cosa: Habíamos ganado, Akshan había logrado lo imposible.

Pantheon había quedado inconsciente desde que había sido liberado del control de Viego. Miré hacia el resto de mis compañeros, y Vayne me devolvió la mirada, acudió en mi ayuda ofreciéndome uno de sus viales de salud para regenerar mis heridas más rápido. En cuanto a Thresh, se había quedado solo. Viéndose superado en número y con la derrota del rey, lanzó su guadaña por la ventana y saltó tras ella, huyendo. Lucian le persiguió con sus pistolas en mano, pero su furia se desvaneció al ver a su mujer sana y salva. Gwen, Akshan y Senna atravesaron el portal juntos, victoriosos. 


Lucian soltó sus pistolas de la emoción y corrió hacia su esposa.

- Pensé que te había perdido - le susurró, aliviado, abrazándola con fuerza. Senna le devolvió el abrazo con la misma firmeza.

Con ayuda de Vayne me saqué la lanza y avancé hacia mis compañeros para celebrar la victoria. Debíamos volver abajo para ver que había sido del resto de centinelas y soldados demacianos. Eché la vista atrás hacia el portal donde Viego permanecería encerrado, este se fue cerrando hasta desaparecer por completo, dejando solo una visión dolor, terror y agonía en los ojos del rey derrotado.


Nos fuimos con cierta urgencia para buscar al resto de centinelas y camaradas. Al salir del castillo vimos el resultado de la batalla, cuerpos repartidos por todo el campo, sangre mezclada por la ceniza del suelo y a pesar de todo, había alivio en sus rostros, pues habíamos conseguido nuestro propósito. Aunque los jinetes habían sido implacables, los soldados y los centinelas que se habían quedado atrás habían resistido valientemente. La encarnizada lucha había causado numerosas bajas en nuestro bando, sin embargo, con la ayuda de Kalista y su ejército espectral habían expulsado a Hecarim y toda su caballería, aunque, la guerrera y su segundo, Ledros, habían caído también en el ataque. Desgraciadamente, tanto aliados, como enemigos, estaban condenados a renacer en aquellas islas eternamente, era parte de la maldición. Aunque hubiéramos derrotado a Viego, las Islas de la Sombra seguirían estando malditas para todo aquel que las habitaba.

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