Un nuevo amanecer
La calidez del sol acarició mis sueños hasta despertarme, y abrí los ojos lentamente, aún envuelta en un halo de cansancio. Las cortinas recogidas dejaban entrar la luz radiante del mediodía, llenando mi habitación con su resplandor. Me levanté con cuidado, sintiendo cada músculo dolorido por la batalla del día anterior, y me acerqué a la ventana. Fuera, el día se presentaba hermoso y soleado, nunca había sentido tanta felicidad por la luz diáfana que inundaba el valle.
Me senté de nuevo en la cama, perdida en mis pensamientos mientras recordaba los eventos de la noche anterior.
La noche había sido muy dura para todos. Después de la cruenta batalla, nos reunimos los supervivientes para contabilizar nuestras bajas, tachando nombres en una lista de todos los que nos habían dejado. Fue desolador ver cómo más de la mitad de los nombres eran tachados, cuando no había respuesta al nombrarlos.
Juntos, apilamos los cuerpos de nuestros camaradas caídos y, con el aliento de Shyvana, les prendimos fuego. Una alta columna de llamas se alzó hacia el cielo nocturno, iluminando la oscuridad con su resplandor. Nos quedamos en silencio, observando cómo ardían los cuerpos de nuestros amigos hasta que no quedó más que huesos y cenizas. Luego, en una procesión solemne, regresamos al camino que nos llevaría de vuelta a los barcos. Maokai nos escoltó a través del bosque retorcido y nos acompañó hasta la playa.
Nadie festejó la victoria que acabábamos de conseguir; en esa guerra, habíamos perdido mucho y no quedaban fuerzas para celebrarlo. Durante el viaje de vuelta a Aguas Estancadas, solo nos acompañaba el rumor de las olas y los quejidos de los heridos.
Al atracar en el puerto de la bahía, la ciudad seguía sumida en un silencio pesado, aún en proceso de recuperarse de los acontecimientos de la noche anterior. Nos separamos allí mismo, los soldados debían regresar a sus tierras por mar en un largo viaje y necesitaban aprovisionarse; Ryze y Shyvana los acompañarían. Nos despedimos de Illaoi, Graves y Pyke, quienes escoltaban a Miss Fortune y Gangplank, ya recuperados del control mental. Tenían asuntos importantes que atender.
Los demás centinelas también nos dividimos; cada uno debía regresar a su hogar para ayudar a restaurar lo que la niebla había destrozado. Irelia acompañaría a Karma en el viaje de vuelta a Jonia, y el resto se dispersó para retomar sus rutinas diarias.
-¡Lux, espera! - la llamé cuando se disponía a partir con los demás. La joven se giró al escucharme - Necesito que vuelvas conmigo a Demacia por el portal - le expliqué - Tu hermano me encargó encontrarte y llevarte con él. Faltaría a mi palabra si, ahora que hemos superado lo más difícil, te abandonara y te ocurriera algo.
Ella miró hacia los soldados que se alejaban hacia alguna posada, y Ryze la autorizó con su mirada. Lux lo respetaba y no haría nada sin su aprobación.
- Ellos estarán bien - la calmé - Ryze cuidará de ellos. Tu hermano te está esperando, y se preocupará más si ve que no vuelves pronto después de comprobar que hemos conseguido eliminar la niebla negra.
- Tienes razón- dijo algo avergonzada - Reunámonos con él cuanto antes
Volvimos al templo de los centinelas, donde Senna, Lucian y Gwen estaban hablando cuando nosotras llegamos.
- ¿Volveréis a Demacia ahora que nos hemos librado de la niebla negra? - pregunté a Senna.
- Nunca nos libraremos de la niebla negra - respondió su marido - Siempre acecha cuando menos te lo esperas. Además, Thresh sigue suelto. No me fío ni un pelo de que intente algo de nuevo - << lo mismo pienso yo de Pantheon >> pensé, aunque me abstuve de comentarlo y volver a discutir con Senna.
- Es cierto - añadió Senna - Aunque hayamos derrotado a Viego, aún no estamos a salvo. Después de todo, los harrowings existían antes de que el rey despertara - Me miró inquisitiva - No estaría mal que estuvieras disponible para luchar con nosotros la próxima vez que avance la niebla... y lo mismo te digo a ti, Lux, has sido de gran ayuda en nuestra misión - dijo dirigiéndose a mi acompañante.
- Sin problema - respondí decidida - Ya sabes dónde encontrarme, avisa a la academia y os buscaré.
- Yo... también acudiré - dijo Lux algo avergonzada pero con un brillo de determinación en sus ojos. No quiero que mi gente vuelva a sufrir un ataque - Senna asintió con la cabeza complacida.
Entonces nos dirigimos a la mesa transportadora y nos despedimos de ellos con un gesto, pulsando el botón del templo de Demacia nos teleportamos hasta allí. Hicimos llamar a un sirviente para que avisara a su hermano Garen, quien acudió casi al instante, a pesar de las altas horas de la noche, aún estaba uniformado. Corrió hacia su hermana y la abrazó con fuerza, luego me miró con gratitud por traerla sana y salva. Ella se quejó de que la estaba apretando demasiado y ambos rieron. Estaba tan agradecido que no me dejaron irme del castillo hasta haber descansado lo suficiente y recuperarme de mis heridas.
Me levanté y me quité del pijama que me habían prestado, observando mi reflejo en el espejo antes de vestirme. Un enorme moratón se extendía por todo mi vientre y alrededor de mi hombro. Las pociones curativas, los cuidados médicos y, sobre todo, mis propios poderes habían contribuido a regenerar mi cuerpo durante las horas de descanso, dejando solo esos moratones como testigos de la feroz batalla que habíamos librado. Acaricié mi hombro y apreté los dientes al recordar quién me había infligido esas heridas.
En el barco, Pantheon permanecía cautivo. Aunque no me permitieron ejecutarlo, al menos accedieron a mantenerlo atado. A diferencia del resto, yo lo había conocido antes y sabía que era un peligro que debía ser contenido. En sus venas fluía la sangre de un aspecto beligerante y violento, que encontraba placer en el caos y en la lucha. Desafortunadamente para mí, lo liberaron cuando llegamos a Aguasturbias; su mirada triunfante se cruzó con la mía antes de desvanecerse en la oscuridad de la noche.
- Olvídalo por ahora Diana - me dije en voz alta, respondiendo a mi reflejo en el espejo - sabes que no podrás derrotarlo sin ayuda
Terminé de vestirme y coloqué mis pertenencias en una mochila. Un transporte me esperaba afuera para llevarme de vuelta a la academia en Valoran, donde retomaría mi rutina de salvar el mundo siempre que hubiera una amenaza. << Tendré que redactar un informe sobre todo lo ocurrido... qué tedioso >>, pensé mientras salía del cuarto.
Al atravesar el pasillo, eché un vistazo al patio interior y vi a Garen y Lux sentados en un banco, compartiendo risas y conversaciones animadas. Lux estaba contándole la aventura haciendo aspavientos y gestos exagerados, imitando los ataques de los enemigos, mientras su hermano la observaba con una mezcla de asombro y diversión. Salí del castillo y al llegar a la plaza, noté que aún estaba llena de vida, aunque la mayoría de los ciudadanos ya habían regresado a sus hogares una vez que la niebla y los espectros se habían disipado. Un helicóptero me esperaba en el centro, listo para llevarme de vuelta.
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