viernes, 17 de mayo de 2024

LOS CENTINELAS DE LA LUZ - CAPÍTULO 9

Cazadores

Nos encontramos todos al otro lado, el templo de Ixtal se encontraba en medio de una espesa selva, la vegetación frondosa cubría la entrada del templo, allí la noche era aún mas oscura, la lluvia también embarraba el suelo. Graves apareció a nuestro lado de repente cruzando el portal, algo mareado, se apoyó sobre una silla cercana.

- ¡Madre mía! que mareo, voy a vomitar - dijo tapándose la boca

- ¿¡Que parte de  que no te podías unir a nosotros no has entendido!? - le grité en cuanto le vi, le amenacé con mi espada cuando alguien me llamó a mis espaldas 

- ¿Diana? - era una voz conocida - ¿Habéis llegado? - De una de las salas apareció Irelia, el agotamiento se hacía presente en su mirada, amplias ojeras surcaban sus ojos, de repente la vi más mayor que esa misma mañana, cuando nos separamos. Al verla tan alicaída me preocupé por ella.

- ¡Irelia! ¿Qué ha pasado?, ¿estáis bien?

- Lucian esta muy mal

- ¿Dónde esta? ¿Qué ha pasado? - repetí alarmada

Irelia pegó media vuelta y volvió por donde había venido, en la sala contigua había una cama improvisada, Senna estaba arrodillada frente a el oprimiendo con un trapo una fea herida en el vientre. el hombre se veía pálido a pesar de piel tostada. 

- Estábamos cerca de la cámara donde estaba el fragmento....vinieron al caer la noche y nos rodearon....yo tenía que proteger la retaguardia pero me alejé demasiado de el y.....le le atacaron por la espalda - su voz se quebró y comenzó a llorar lamentándose de su error, consiguió terminar la historia cuando pudo controlar sus emociones - conseguimos salir de allí y volver hasta el templo, pero ha perdido mucha sangre por el camino, está muy débil. Queríamos irnos al templo de Demacia, pero en ese estado no puede teleportarse. 

Olaf me miró serio y siguió puliendo la hoja de sus hachas con una piedra de afilar.

- Mi maestra me enseñó algunas técnicas para coser heridas y se como utilizar las plantas medicinales, Ixtal esta plagado de ellas. - se pronunció Akshan - dejadme que lo vea

Senna le hizo un hueco en el rincón donde descansaba su marido y levantó con cuidado la gasa que taponaba la herida. 

- Buscaré el botiquín, debe haber uno aquí por algún sitio - se ofreció Irelia, necesitaba sentirse útil

- Saldré un momento a por plantas, no creo que tenga que alejarme demasiado de esta cueva - propuso Akshan

- Te cubro las espaldas - dijo Olaf levantándose de un salto, miró hacia la sala principal y descubrió al ignorado Graves - ¡Ehhh! ¡Tu! ¡¿Quien coño eres?!

Graves, que aun se estaba recomponiendo del viaje se apoyó en la pared.

- Nos ha seguido desde Aguas Estancadas - respondí - es un vulgar ladrón

- ¿Y como ha cruzado? - se interesó Senna - solo los elegidos pueden, acércate

Graves andaba pesadamente y se quedó en el umbral de la puerta donde Senna le observó, sus ojos brillaron con un destello verde.

- Ven conmigo, demos un paseo, te contaré una historia - se levantó y dejó libre el hueco al lado de su esposo, me miró - Diana por favor,  asegúrate que no le sube la fiebre - después se dirigió a los chicos - vosotros salid a por esas hierbas si creéis que es factible encontrarlas

Senna y Graves salieron de la sala y se fueron andando hacia las estatuas. <<¿Le dirá de unirse a nosotros? Ya no se que pensar, siempre tengo prejuicios pero por ahora todos parecen aptos...no debería discutir las decisiones de Senna>> salí de mi ensimismamiento cuando oí a Lucian soltar un leve gemido. Le toqué la frente, estaba ardiendo, hundí la gasa en el cubo de agua para enfriarle.

Estuvimos esperando a Akshan y Olaf durante casi dos horas, ya había afilado y pulido dos veces mi arma cuando decidí que íbamos a salir a buscarles. Justo entonces, por fin aparecieron completamente embarrados, y con ellos, una criatura de aspecto hosco y feroz les seguía. A pesar de su semblante amenazador y felino, la criatura caminaba erguida.

- ¡Alto! No le ataquéis, viene conmigo - dijo rápidamente, viendo a Vayne dispuesta a disparar - viene a ayudar, es un amigo

- ¿Es el? - dijo la fiera, me miró con ferocidad con su único ojo y me enseñó sus dientes afilados para que me apartara, Senna que estaba descansando al otro lado me miró alarmada.

El vastaya estaba totalmente cubierto de pelo, una melena blanca y larga rodeaba toda su cara y la llevaba recogida con trenzas, su cola danzaba de un lado a otro a su antojo. Miré sus manos, bueno más bien sus garras, estaban afiladas como cuchillos, estaba segura de que podrían destripar a un hombre fácilmente. Iba vestido con una armadura de cuero y hueso, llevaba un parche en el ojo y su arma, una afilada cuchilla doble, colgada de su cinturón. 

Retiró la gasa con una delicadeza que creía incapaz en alguien de su especie y le inspeccionó detenidamente la herida a Lucian.

- Es bastante profunda, vosotros los humanos sois unos sacos blandos de carne, tan fáciles de desgarrar... - observó nuestras caras de incredulidad - pero puede sobrevivir si tiene la fuerza suficiente - concluyó

- Rengar, amigo mío, siempre tan considerado y amable - dijo irónicamente Akshan con una sonrisa en los labios

- ¿Acaso es mentira lo que digo? sin un arma en las manos, no tenéis nada con que defenderos - dijo Rengar con una media sonrisa, dirigió su mirada hacia Olaf que pasaba su callosa mano por el filo de una de sus hachas

- Senna, ¿puedo hablar un momento contigo? - dijo Akshan, esta se levantó con desgana

Los tres salieron unos minutos hablar fuera y después solo entró Akshan.

- Venga manos a la obra - acto seguido se dirigió al lavabo para lavarse las manos a conciencia y limpiarse el barro, volvió y fue junto a Lucian - a ver, vosotras venid, necesito que me ayudéis, tu también, Olaf. - Todos nos acercamos - tengo que suturar la herida, si tiene un momento de consciencia le va a doler y mucho... no tengo medios para evitarlo - continuó - necesito que lo mantengáis quieto por mucho que grite.

- Yo le sujetaré bien fuerte - aseguró Olaf - si no, seguro que de un sopapo le vuelvo a dejar dormido - rió Olaf 

- Puede ser, pero lo mismo también le quitas algún diente, ¿alguna voluntaria para una tarea más... digamos, hogareña? - Vayne levantó una ceja extrañada - después de coserle tengo que ponerle un cataplasma antiséptico y cicatrizante, evitará que se infecte y se curará antes, de ahí las plantas que he traído, hay que machacarlas bien para que se combinen sus propiedades.

- Me pongo a ello - se ofreció Irelia - ¿Qué tengo que hacer?

- Ve a mi zurrón y verás un vial con un liquido ámbar y unas flores moradas. Son pétalos de Silvania y lágrimas de Ardentía. Necesito que busques un mortero o algo similar donde puedas chafarlos sin que se desparramen. - Irelia asintió atenta a sus indicaciones - primero, coges los pétalos de la flor y los troceas, pero no uses lo del medio, solo los pétalos. Y los machacas bien. Cuando este hecho una pasta vas añadiendo poco a poco la savia, integrándola. Sabrás que esta preparado porque reaccionaran y se irá volviendo de color turquesa. Tráemelo entonces.

Irelia asintió a las últimas directrices y se fue con el zurrón, supongo que a la cocina o similar que hubiera en ese templo.

- Vale, ahora lo más difícil... ponedle ahí que hay más espacio y luz para maniobrar - indicó un lugar cerca de las antorchas de la entrada - preparaos - nos miró a todas, buscó en el botiquín aguja e hilo y lo esterilizó con el mechero y el alcohol. Con la habilidad de una costurera enhebró la aguja a la primera - Lucian amigo, no me odies por esto - el malherido Lucian balbuceó algo, pero debía estar delirando por que fue incompresible y Akshan procedió y le hincó la aguja en la carne, unos milímetros por debajo de la herida abierta

La siguiente media hora fue una tortura para todos, pero sobre todo para Lucian. Desde el primer momento, todos le sujetamos con firmeza y a pesar de la tensión en el ambiente, no perdimos el control y conseguimos mantenerle quieto. Senna apareció preocupada en cuanto oyó los aullidos de dolor que gritaba su marido, también Graves, curioso.

- Senna, por favor, ponle un trozo de tela a tu marido para que lo muerda - le indicó sin perder la concentración - intenta tranquilizarle

Rauda Senna arrugó su capa y se lo metió en la boca, le cogió la cabeza intentando que no la moviera tampoco, el pobre tenia todos los músculos de su cuerpo en tensión de la fuerza que hacía, casi tanto como nosotros aguantando. Tenía el cuello tan rígido por apretar los dientes que la vena parecía que le fuera a explotar, se le saltaban las lágrimas por el dolor. Senna, compasiva acercó su cara a la de Lucian y besó su frente, después apoyó su frente con la de su marido.

- Queda ya poco amor mío - le consolaba, miró a Akshan que seguía concentrado en su ardua tarea

Observé trabajar a Akshan, me sorprendía su seriedad y experiencia. Movía la aguja con delicadeza y la calidad de su trabajo era la de un cirujano experto. Todos habíamos confiado en su destreza sin conocerlo, era carismático, nos había convencido de ello desde el primero momento en que se puso al mando de esa tarea. Me sorprendió lo hábil que era << ¿Cuántas veces habrá tenido que hacerlo para que se le de tan bien? La distancia entre los puntos era idéntica y la línea casi perfecta>> observé. Su forma de ser había dado un giro radical, no tenía nada que ver en absoluto con el gamberro y rebelde Akshan que conocimos hace dos días, el cual se lo tomaba todo a humor y parecía incluso despreocupado, ahora estaba mucho más centrado y serio.

Mientras la aguja iba y venía, los minutos se volvían una eternidad para Lucian. Los músculos tensos de los que lo sosteníamos comenzaban a resentirse, pero debíamos mantenernos firmes para permitir que Akshan realizara su trabajo de la mejor manera posible. Irelia volvió de su tarea y se quedó mirando, asombrada. Finalmente, Akshan dio el último nudo, y la tensión en la habitación cedió un poco. Alzó una ceja admirando su trabajo.

- Acabé - dijo, soltando el aire que había contenido y le dio una palmadita en el hombro a Lucian - soltadle ya, que no se le van a escapar ya las tripas - sonrió burlón, había vuelto a su faceta de graciosillo, miró a Irelia - tráeme eso que se lo ponga - con cuidado se untó los dedos en aquel potingue de olor mentolado y se lo extendió a Lucian por encima de la herida, casi al instante este cerró los ojos más aliviado - te da gustito, ¡¿ehhhhh?! - rio el shurimano, acto seguido se levantó y se estiró - bien, mejor que descanse un poco antes de irnos de aquí, voy a prepararle algo para que le baje la fiebre, todavía esta ardiendo.

Imitándole me levanté y flexioné mis brazos y piernas, tanto rato en tensión hacia que me dolieran los músculos y las articulaciones, decidí seguirle ir a la cocina a tomar algo y lo encontré hablando con su amigo vastaya.

-¿Has conseguido alguna información nueva del paradero de ese bicho? - le estaba diciendo

-¿Kha'Zix? Falsas pistas, solo perder el tiempo -contestó la criatura felina

- ¿Tan importante es esa recompensa?

- Necesito cazar a esa criatura, ni siquiera es por venganza, lo del ojo no me importa, es por la diversión de perseguirla, cuanto más difícil es la presa mas satisfacción - rugió Rengar - por eso voy a cazar al rey ese que perseguís, Viego

Curiosa me acerqué a ellos, Akshan estaba calentando agua en un cazo.

- ¿Te vas a unir a nosotros? << Que grupo más variopinto somos....>>

- No, no exactamente. Tenemos el mismo objetivo, pero... yo trabajo solo. Os ayudaré si así me llevo mi trofeo, nada más, después cada cual por su lado - asentí 

- Tengo curiosidad, ¿Cómo habéis llegado a ser amigos? sois tan diferente como la noche y el día

- No tanto, algo nos une, somos cazadores. En realidad nuestra amistad viene de la competencia - rio Akshan - hice una mueca extrañada y sorprendida - no siempre he sido el sensacional centinela que soy ahora - le miré de soslayo por ese comentario tan poco modesto - si, de verdad - rio 

"Hubo un tiempo en que simplemente era un explorador chapucero que buscaba aventuras y quizás alguna reliquia para sacar un dinerillo. Viajé hasta Ixtal en busca de tesoros y una noche caminando por la frondosa selva vi un claro con una magnifica criatura pastando. Era un ciervo moteado adulto, su pelaje azul brillaba como la aurora boreal. Estaba tranquilo, era una presa fácil. Preparé mi arco con cuidado de no me escuchara pero erré el tiro y al fallar me descubrió y huyó. Entonces él apareció, saltó de la rama de un árbol furioso porque se había escapado su presa"

- ¿Ósea que los dos os peleasteis por el ciervo?

- Si más o menos, se convirtió en una competición de ver cual era mejor cazador - resumió Rengar

- Has fastidiado el final, iba a contarle como conseguí matar la presa

- ¿Querrás decir como la conseguí yo? - dijo el vastaya alzando una ceja, Akshan iba a protestar pero el agua estaba ya hirviendo - échale ya a eso la espina estelar y la raíz de Zephir, aún se tiene que enfriar - le ordenó

Teatralmente hizo un gesto militar y se puso a ello. Dentro del cazo añadió unas raíces de color naranja pálido y unos tallos verdes espinosos, no olía muy bien, seguro que sabía a rayos. 

- Sabe bien a pesar del olor - me reprendió al verme la cara de asco que estaba poniendo - además le voy a añadir unos trozos de fruta para que sea mas dulce. Un vaso de esto es mas potente que medicarlo a pastillas durante semanas... - intentó convencerme - le bajará la fiebre, le calmará el dolor y además es nutritivo, todo en uno

- Si tu lo dices... - coló el contenido en una jarra y llenó un vaso 

- En cuanto esté templado se lo llevo, no vaya a sangrar de nuevo si se lo toma caliente... 

- Yo voy a descansar un poco estoy muerta - cogí unos gajos de la fruta cortada que estaba usando Akshan y me fui de allí hacia alguna habitación con cama.

A pesar del cansancio, aquella noche hicimos guardias por si había otro ataque de Viego o la niebla se internaba dentro del templo. Me quedé sentada en la puerta mirando la negra selva, era tan frondosa que ni el cielo podía observar. A las dos horas tocaba el cambio de guardia, Senna me relevaba.

- Diana, ya puedes ir a dormir un poco - me pilló ensimismada mirando a al oscuridad, me levanté de un salto y escuché el tintineo de la campana, no me había dado cuenta que aún la llevaba encima, seguro que levantará la moral a Senna en cuanto lo sepa

- ¡Senna! se me olvidaba - saqué la campana de latón de la bolsita donde la guardaba - conseguimos el fragmento -  dije con una gran sonrisa y se lo la lancé

- Al menos una de las dos tuvo éxito... - dijo sonriendo de medio lado, después acarició el objeto - la máscara de jade obviamente la robaron, no pudimos llegar a ella, y la sombrilla antigua que estaba entre Zaun y Piltover... creo que la consiguieron al principio de los ataques, no he sentido su esencia desde el ataque a Noxus...

- ¿Qué sentimientos albergaban? -pregunté inquieta

- La máscara guardaba la dualidad de su vida, como pasó de plebeya a reina, como paso de tener un amor ciego a su marido a odiarle por lo que hizo, simplemente sus dos facetas de vida y muerte - asentí escuchándola atentamente. - La sombrilla albergaba la adaptabilidad que tenía Isolde a los cambios de su vida.

-  Ya solo queda un lugar al que ir - dije reflexivamente - ahí es donde no podemos fallar - estaba agotada y bostecé sin querer - perdón, estoy muy cansada - me disculpé

- Anda vete ya, mañana hablamos... - me di la vuelta de nuevo a la cueva donde se ubicaba el templo, de fondo oí a Senna hablar para si - ....ojala consigamos salir victoriosos....

El día siguiente descansamos hasta bien entrada la mañana, debíamos reponer todos fuerzas para lo que estaba por venir, sobre todo Lucian. Él ya tenía mejor aspecto, la fiebre había bajado y había recuperado color en las mejillas. Las plantas medicinales de Akshan habían resultado milagrosas en su recuperación. Antes de viajar hasta las Islas de la Sombra para enfrentar al rey de la ruina, debíamos aprovisionarnos. El grupo de centinelas había crecido desde que Senna y Lucian iniciaron la misión de recuperar los fragmentos, además debíamos volver a Demacia para conseguir refuerzos y hablar con Ryze.






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