sábado, 11 de mayo de 2024

LOS CENTINELAS DE LA LUZ - CAPÍTULO 8

El primero de la lista

Aquella noche tenía planeado tachar varios nombres de mi lista. Había oído sobre un nuevo marinero que había conseguido amasar la suficiente fortuna para comprar un barco y contrataba arponeros para cazar monstruos marinos. A pesar de que no se manchaba las manos en la cacería se llevaba más de la mitad de la recompensa al vender la pieza que capturaban.

Miré el papel, había ya muchos nombres, la mayoría tachados con una x, las letras rojas destacaban sobre el fondo de color pergamino. Miré el último que había agregado. <<Fergus MacGregan>> leí, ese es el siguiente.


El crepúsculo se extendía cuando saqué la cabeza del agua buscando mi presa, una extraña niebla negra empezaba a cubrirlo todo, sin embargo yo ya le había echado el ojo a mi siguiente victima. El capitán huía despavorido del puerto en su barco nuevo. En la ciudad se oía más alboroto que de costumbre.

Me sumergí de nuevo en el agua y nadé rápidamente hasta alcanzar su barco, clavé mi arpón en el casco y comencé a escalar la coraza del barco. El navío se bamboleaba con el creciente oleaje, la tormenta y el viento arreció, sin embargo una extraña niebla negra lo envolvía todo y no tardo en engullir el barco. Los marineros del barco gritaban asustados y el capitán se escondió en cabina en cuanto se internó en la bruma.

<< ¿Acaso teme más a una niebla en la noche que al destripador de los puertos? >> En cuanto me viera le recordaría quien infunde terror en la noche.

Abrí la puerta de su camarote de una patada, el hombre, estaba hecho un ovillo en el suelo y lloraba de terror.

- ¡Cierra la puerta! - me gritaba asustado << ¿acaso no me temía?, ¿no sabía quien era?>>

- ¡MacGregan! - le grité observándolo con mi ojo bueno - hay un sitio para ti en el fondo del océano 

Me acerqué a el paso a paso, arrastrando mi afilada arma de hueso templado por su mesa, levantando la pintura y astillas. El hombre por fin reaccionó a mi presencia, dio un salto y se quedó atrapado contra la pared.

- ¡No, por favor! - suplicaba, el maldito hombre empezó a mojar sus pantalones aterrado

- Huelo tu miedo... - sonreí - Tenemos una deuda de sangre - continué y levanté mi arpón dispuesto a lanzárselo - ¡Dulce venganza!

Lo lancé, pero él capitán ya no estaba ahí y mi arpón se clavó en la madera de la pared. Algo había roto las ventanas y se había lanzado contra mi presa. Recogí mi arpón de un tirón. Una criatura espectral con afiladas garras había abierto en canal a mi condenado, la sabandija tenía movimientos espasmódicos en el suelo mientras se desangraba. <<¡Me han robado mi presa!>>

Enfurecido salí de la cabina, afuera los marineros luchaban contra aquellas criaturas para mantenerse con vida, pero muchos habían muerto. Con ira lancé mi arpón contra un espectro y lo arrastré hasta mis pies. Me agaché y cogiéndolo del cuello lo levanté hasta la altura de mis ojos.

- ¡Quien es vuestro amo!  - le grité furioso. La bestia espectral se encabritó y pataleaba para liberarse de mi garra. - ¡Contesta!

- Vieeegooooo - consiguió pronunciar con su voz aspera de ultratumba

Clavé mi arpón en su cara y el monstruo se deshizo como ácido hasta desaparecer. Cerré mis ojos vislumbrando mi nueva presa en su trono de huesos. Debía ir a las islas de la sombra para encontrarlo. Abrí los ojos de nuevo y caminé entre la niebla, las bestias se apartaron de mi camino sin atacarme. Me acerqué al borde de la embarcación y me zambullí de nuevo en el agitado océano, mi lista tenía un nuevo nombre apuntado e iba el primero.


La danza de las almas perdidas

Salí de mi estudio en cuanto oí las campanas de alarma provenientes del puerto. Solo había una razón por la que podían sonar. El harrowing había vuelto. Si quería que las bandas me respetaran debía volver a protegerlos de la niebla negra.

- ¡Rafen! - llamé a mi oficial -  este apareció al instante preparado para la batalla

- ¿Están listos los cañones? - pregunté inquieta, el asintió - ¿y las cajas de pólvora? ¿Cuánta munición tenemos?

- Esta todo listo Sarah, tenemos suficiente munición para aguantar un tiroteo durante dos días sin descanso.

- Devolvamos entonces a esas bestias al lugar de donde han venido.

Me reuní con mi tripulación para inspirarles valor con un pequeño discurso, subí a la tarima para que todo el mundo me viera y me oyera bien. Mi segundo se apoyó contra la pared, observando.

- Nuestros vecinos de las islas de la sombra han decidido hacernos una inoportuna visita - comencé hablando -Pero les vamos a enseñar nuestra hospitalidad igual que a las ratas del puerto - continué - ¡con un disparo en los sesos y otro en las tripas!  - grité, mis subordinados me vitorearon y se animaron - Ya nos hemos enfrentado antes a este enemigo y vencimos, esta vez no será distinto - concluí - ¡A las armas!

Bajé de la tarima con seguridad, era lo único que necesitaban ver para resistir aquella noche. Si me mantenía fuerte ellos también.

Ordené a algunos quedarse arriba, en la retaguardia, disparando con rifles con mira, ballestas y con los cañones a las órdenes de uno de mis oficiales más leales, Talis. El resto se bajó conmigo corriendo hasta el puerto.

A cañonazos de pólvora aniquilé a todos los espectros que aparecían en mi camino sin dudar. Así conseguimos avanzar hasta las barriadas, que era donde se concentraba la lucha, rápidamente y sin dejar a nadie atrás. Cuando llegamos, encontré a Illaoi luchando junto a un grupo de guerreros desconocidos, sus tentáculos golpeaban a las criaturas devolviéndolas al abismo del que habían salido.

- ¡La caballería ha llegado! - grité frenética

Nos posicionamos para la lucha y en el mar un barco salió entre la niebla, las velas negras desgarradas y con el casco partido, flotaba inexplicablemente sobre el agua. Alguien se asomó desde la proa y levantó su sable al verme, un fantasma del pasado había vuelto para castigarme.

<<Gangplank, ¡No puede ser! ¡Vi arder su barco, debería estar muerto!>>

Di unos pasos hacia atrás abrumada y desconcertada por lo que estaba viendo, me temblaba la mano. Tropecé con Rafen y este evitó que cayera al suelo, sujetó mi mano para mantenerla calmada.

- Sarah... tranquila...puedes con todo - me tranquilizó - lo mataste una vez y volverás a hacerlo - le miré más segura de mi misma y asentí más calmada - reviéntale el cráneo a ese canalla - me animó

Agradecí con mi mirada que me ayudara, si mis subordinados me veían dudar los perdería.

<<Sarah Fortune no le teme a nada>> grité a mis adentros, recobrando la seguridad en mi misma.

- ¡Pensaba que ya te había matado en tu propio barco la última vez que nos vimos! - le grité a Gangplank - ¡La mala hierba nunca muere! - gruñí - ¡A los cañones, hundid de nuevo ese barco fantasma y a ese traidor!

- ¡La ciudad volverá a ser mía! - me respondió Gangplank

- ¡Por encima de mi cadáver! - le grité furiosa y disparé una lluvia de balas con mis dos pistolas en su dirección - ¡Esta vez recuperaré tu cadáver para asegurarme de que estas bien muerto! - << y se lo daré de comer a los tiburones hasta que no queden ni los huesos >> pensé

Gangplank saltó en ese instante del barco sobre el suelo del muelle, su cuerpo y sus ojos brillaban con un halo verde fluorescente de ultratumba, sin embargo todavía parecía de carne y hueso. Se escondió detrás de la pared de una casa en ruinas evitando nuestros disparos.

- Pobre niña huérfana - saboreaba en cada palabra - ríndete ante mi y te daré una muerte rápida aquí y ahora, igual que a tus padres - rio - si no... me suplicaras que lo haga antes de que acabe contigo

De repente salió de su escondite y enseñándome su cruel sonrisa me lanzó un barril de pólvora que estalló delante de mis narices. Rafen rápido me lanzó contra el suelo alejándome de la explosión.

- ¡Rafen! - grité preocupada, mi mano derecha estaba tendido en el suelo muy malherido y sangraba mucho de un brazo

- Sarah... - gimoteó antes de desmayarse, arrastré su cuerpo hasta esconderlo detrás de una pared - ¡Devon!¡Killian!  - llamé a mis subordinados - ¡atended a Rafen y más os vale que siga vivo cuando vuelva! ¡El resto ayudad a Illaoi a expulsar esos monstruos!

Acto seguido dejé mi sombrero sobre un barril y salí por el otro lado del edificio para intentar sorprender a Gangplank por la espalda. Le vi, estaba hostigando a mi tripulación con una lluvia de balas de su pistola. salté sobre el disparando a diestro y siniestro, pero el ya no estaba ahí, las balas rebotaron sobre el empedrado.

- Mira como ha crecido la niña, ¡atacando por la espalda como una rata! - me espetó, seguí su voz pero no conseguía saber de donde provenía - ese es el camino que debías seguir para convertirte en un buen capitán como yo, que es eso de la diplomacia - continuó hablando y riendo - que pena que sea demasiado tarde para ti...

De repente alguien cogió mi trenza y dio un tirón, desestabilizándome. La mano de Gangplank rodeó mi cuello y me estampó contra la pared de un edificio, pasó su sable por mi cara apretando lo suficiente para hacerme un corte.

- Una lástima estropear una cara tan bonita...me recuerdas a Abigail - se mofó - tienes sus mismos ojos de tu madre y el pelo.... - de un tajo cortó un mechón rojo y lo acarició con sus dedos - a ti te queda mejor... tiene un color más vivo - sonrió cruel, furiosa le escupí en la cara, el con cara de asco se limpió la mejilla con su brazalete - bueno... ¿unas últimas palabras de la capitana Fortune? ¿o doy el escupitajo por válido? - sin apartarle la mirada deslicé mis dedos al interior del bolsillo de mi chaqueta

- Volveré de la muerte solo para hacer de tu vida un infierno, Gangplank - y con toda la fuerza que pude le clavé el puñal en el costado haciendo que me soltara.

Me alejé corriendo de la pared hasta donde habían caído mis pistolas, justo al borde del muelle. Recogí la primera y disparé, sin embargo Gangplank ya se había recompuesto y había disparado también. 

- Te saludaré a tu vuelta entonces - respondió

Un dolor ardiente se extendió por mi pecho. Acerqué mi mano libre al estómago, la sangre manaba rápidamente y manchó mi camisa y mi mano. De repente me flaquearon las piernas y perdí las fuerzas, caí al agua. Mi pistola se hundió rápidamente en las profundidades y un hilillo granate borboteaba de mi vientre mezclándose con el agua salada del del océano, los monstruos marinos no tardarían en acudir al olor. La sal me quemaba las entrañas, pero no tenía fuerzas ni para quejarme. Me hundía poco a poco, el agua llenaría mis pulmones.

<< Así termina mi historia, un fracaso>>

De repente la niebla negra me envolvió, sus zarcillos reptaban por mi cuerpo como serpientes, como de una pesadilla, desperté de repente. A pesar del dolor nadé hacia la superficie, no me convertiría en un espectro para toda la eternidad, en un monstruo. Alguien me ofreció su mano para salir y la agarré, pero cuando me di cuenta ya era demasiado tarde.

Un hombre con una corona me miraba desde la niebla, de un movimiento de su mano la niebla le obedeció y se metió en mi, susurraba en mi cabeza, mi alma gritó desesperada pero nadie le escuchó. Todo se volvió negro.

Salí del agua con energías renovadas, solo debía ayudarle y me concedería lo que más anhelaba, venganza, sin embargo una parte de mi se quedó relevada a un rincón, por algún motivo no sucumbía a mi control...



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