viernes, 24 de mayo de 2024

LOS CENTINELAS DE LA LUZ - CAPÍTULO 11

Un océano sombrío

Nuestro barco, aunque era el más pequeño de los tres, estaba tan bien equipado para defenderse y atacar como los galeones demacianos. Servía tanto para perseguir y cazar los feroces monstruos marinos como para contratacar a otros barcos enemigos. Un silencio tenso nos envolvió una vez nos internamos en la niebla negra, pero los agudos chillidos de los espectros nos advirtieron de la batalla que se avecinaba. Los no-muertos emergieron por doquier, invadiendo la cubierta del pesquero. Apreté mi khopesh con firmeza y me lancé a por los primeras bestias que aparecieron, destruyéndolas con cada tajo. Senna, Lucian y Akshan me ayudaron a despejar la cubierta. Miré hacia los galeones demacianos, apenas podía distinguir los fogonazos y estallidos efímeros de luz en medio de la oscura bruma, como relámpagos en una tormenta eléctrica.

- ¡Akshan ven aquí! - gritó Illaoi - relévame 
- ¡Pero yo no se manejar esto! - respondió, refiriéndose al timón
- ¡Solo intenta mantener el rumbo recto y no choques con los otros barcos! - Akshan iba a replicar, pero Illaoi continuó - ¡en el agua soy mas poderosa que en tierra firme, debo ayudarlos!

Akshan inseguro tomó el timón del barco. En una embate del oleaje, el barco viró bruscamente, casi chocando contra el barco de la derecha. Sorprendidos por el repentino movimiento, uno de los soldados se desestabilizó y casi cayó por la borda. Rápidamente, Lux lo encerró en una cárcel de luz mágica para evitar que cayera al agua.

- ¡Cuidado! - gritó Lux, asustada, y luego entró rápidamente a la cabina de mando con Akshan para ayudarlo a mantener el rumbo - ¡Tienes que sujetarlo con fuerza para controlarlo, si no, volcaremos!

Entre los dos enderezaron el barco y ayudamos al soldado que se sujetaba a duras penas de la barandilla de de la cubierta. Illaoi entonces comenzó su ritual burhu, con su ídolo dorado en alto, se imbuyó de poder, haciendo brillar toda su piel y sus ojos. Entonces, elevó su mano libre despacio y del mar surgieron infinidad de tentáculos que rodeaban los barcos vecinos, ayudándoles a derrotar a los espectros. Pero más no-muertos seguían apareciendo, los pocos soldados que nos acompañaban nos ayudaban disparando a los espectros con sus ballestas y atravesarlos con todo tipo de afiladas armas. 

De repente un enorme pez sobrevoló el barco. Algo saltó de su lomo y aterrizó en la cubierta antes de que el monstruo marino se zambullera de nuevo en el agua. Era un hombre de tez morena, se incorporó prudente, cubriendo su rostro con un pañuelo rojo con un dibujo de grandes fauces dentadas. Levantó la cabeza y observó a la tripulación, vestía una capa roída sujeta con una grandes mandíbulas de hueso. Su mirada se cruzó con la mía, uno de sus ojos brillaba intensamente con un halo espectral. Su mano sostenía un arpón de hueso listo para atacar si era preciso. Illaoi estalló furiosa al verle.

- ¡Otro no muerto! - gritó - ¡tu alma esta estancada!, ¡Nagakabouros terminará pronto contigo y te llevará al fondo de las profundidades con ella! - el desconocido saltó a una lado reaccionando rápidamente, pero los tentáculos lo alcanzaron igualmente. Ahora debía enfrentarse a la prueba de fe de Illaoi, lo mismo a lo que algunos de nosotros nos enfrentamos cuando la conocimos.

Aquel ser comenzó a pelear con enemigos de su imaginación y tras unos pocos minutos, se derrumbó en el suelo. Satisfecha, Illaoi se acercó a él con intención de tirar el cadáver por la borda. Sin embargo, aquel extraño despertó. Había superando la prueba.

- ¡No puede ser!, ¿un no muerto siendo digno de mi diosa?  - susurró extrañada, Illaoi dejó de atacarlo y retrocedió atónita
- Nuestros caminos van de la mano por un tiempo - replicó el extraño con una voz rasgada y perturbadora - estoy buscando al mismo monstruo que vosotros- continuó - ¡ese rey arruinado se enfrentará al rey de los ahogados! 

Con un movimiento rápido, levantó su arpón y lo clavó en el pecho de un espectro que se materializó a su lado. Luego, con otro gesto rápido, degolló a otro más. Illaoi, aún sin palabras y con dudas, regresó a su tarea purgando con su ídolo, ya que los espectros no cesaban de aparecer. Finalmente, entre Lux y Akshan, lograron mantener el rumbo y la velocidad del barco constante y sin más sobresaltos. 

A medida que nos acercábamos a las islas, más espectros aparecían, Lux dejó a Akshan solo al timón cuando vio que lo tenía bajo control y salió a ayudarnos. Con con ayuda de su varita invocó anomalías luminosas por todo el suelo de la cubierta, ralentizando a los no-muertos y facilitando que el resto los destruyéramos. Cuando me vi rodeada de aquellas bestias infrahumanas, activé mi escudo haciéndolos estallar a mi alrededor, sin embargo, seguían siendo muchos. Lux intervino, lanzó su varita como un bumerán en mi dirección, creando una barrera prismática protectora lo suficientemente potente como para resistir los golpes hasta que pudiera aniquilar a todos los espectros. Además, utilizó sus cárceles de luz para inmovilizar a los enemigos, muchos de los cuales se desintegraban al instante, quemados por su luz. Cuando la situación se volvió abrumadora, la joven maga concentró todo su poder hasta estallar en un halo de luz primordial, invocando un rayo que desintegró la niebla negra y todos los espectros que nos rodeaba. La ayuda de Lux fue decisiva para llegar sanos y salvos a las Islas de la Sombra.

<<Gracias por convencerla Ryze, solo espero que pueda volver a reunirse con su hermano y no la hayamos condenado a muerte anticipadamente>> pensé.

Senna también lanzó su haz de luz en la dirección a uno de los galeones, ayudando a los soldados y centinelas y despejando el camino en el que se movían. Por fin vislumbramos nuestro destino: Helia, la isla principal de las Islas de la Sombra, antigua capital de las Islas Bendecidas. Se alzaba ante nosotros con sus peñascos flotantes y su palacio, envuelta en una ominosa bruma cubría todo el valle. El cielo, cubierto de oscuros nubarrones, envolvía a todas las islas manteniéndolas en un eterno anochecer.


La niebla se disipó de repente cuando nos acercábamos a la costa, con cuidado, esquivamos las ruinas que sobresalían del agua, así como los restos de barcos hundidos, toda la costa era un cementerio. Fuimos los primeros en llegar a tierra. El barco de Olaf, Riven y Rengar fue el segundo en llegar. Todos nos reunimos en la playa, pero el último de los barcos apareció repentinamente cerca de los escarpados acantilados. Cuando la niebla se levantó, ya era demasiado tarde.

Preocupados, observamos como el barco en el que se encontraban Vayne, Graves e Irelia naufragaba. No pudieron ver la costa a tiempo antes de que la bruma se levantara y chocaron contra las rocas que rodeaban la bahía. Rápidamente, el capitán reaccionó y viraron bruscamente para evitar el choque directo contra los acantilados, pero no pudieron evitar los escollos que sobresalían del agua. Las rocas partieron el casco, haciendo una gran grieta por la que comenzó a entrar agua rápidamente. El barco se hundía. Los tripulantes comenzaron a escapar desordenadamente en los botes salvavidas o saltando al agua, manteniéndose a flote con los restos del casco. Por suerte, no estaban separados más de ciento cincuenta metros de nuestra ubicación, y poco a poco todos pudieron salir del agua por su propio pie.

- ¿Están todos bien? - preguntó Lux preocupada, contando los náufragos con la mirada - ¿falta alguien? 

- Creo que estamos todos señorita Crownguard - dijo un joven recluta que se escurría la ropa. Había perdido una de las hombreras. Lux terminó de hacer el recuento y se sintió más tranquila 

Afortunadamente no tuvimos que lamentar ninguna baja todavía. Por el momento, todos seguíamos vivos. Ahora, la verdadera prueba comenzaba: llegar hasta el Rey de la Ruina, vencerlo y vivir para contarlo.

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