sábado, 6 de julio de 2024

LOS OJOS DEL HIELO - CAPITULO 3

El Profeta

Caminábamos hacia Icathia, ese era el mismo camino que había recorrido decenas de veces desde que desperté. Mis pies apenas rozaban la ardiente arena, a diferencia de mis seguidores, que arrastraban cansados sus pies hacia delante. Al fin vislumbré el paso entre las montañas, a partir de cual ningún ser vivo era capaz de arraigar ni sobrevivir, Icathia aguardaba al otro lado.

- Ya estamos cerca - sentencié. - Icathia nos llama. - Mis seguidores levantaron entonces la cabeza para observar allí donde señalaba. 

Eché la vista hacia mis discípulos, la mayoría eran nómadas del desierto, almas perdidas, marginadas por la sociedad y ansiosas por encontrar un propósito. La salvación que ofrecía el Vacío era muy atrayente. Pero no siempre fui un hombre tan influyente, hubo un tiempo en el que me insultaban y me persiguieron atacándome.

Desde bien joven, tuve un don único: podía ver el futuro de las personas. En mis primeros años, perdí a mi familia y quedé solo en las calles, sobreviviendo como mejor podía en la bulliciosa ciudad de Amakra. Pronto, comprendí que mi habilidad podía ser mi salvación. Así, comencé a ganarme la vida como adivino, ofreciendo predicciones a cambio de unas pocas monedas.

Al principio, todo parecía funcionar bien. La gente acudía a mí en busca de esperanza y dirección. Mis predicciones, si bien eran parciales, generalmente traían alegría a quienes las escuchaban. 

Una vez, vi a una mujer noxiana pasear por el mercado y le ofrecí una predicción favorable.

- La voluntad por la buenaventura - dije, atrayendo su atención.

- ¿Qué ves, profeta? -me lanzó una moneda, expectante.

- Un nuevo amor aparecerá pronto en tu vida, un guerrero que llenará tu casa de lujuria y pasión.

La mujer sonrió con picardía y me lanzó otra moneda antes de seguir su camino hacia la avanzadilla noxiana en la ciudad. Otro día, vi a un comerciante shurimano contemplando unas telas en un bazar.

- Abrir tu propio negocio de seda te hará prosperar mucho - le dije, y el hombre me dejó una moneda en la mano antes de continuar. Cuando abrió su tienda y prosperó, me regaló un turbante confeccionado con sus telas como muestra de agradecimiento.

- Este año nacerá una hermosa niña - le dije a una mujer elegante que miraba con deseo a una pareja feliz con su hijo. - Ya se está gestando.

Maravillada, la mujer me abrazó y me pagó con un brazalete enjoyado. Otra vez, un joven shurimano se acercó a mí, nervioso y ansioso por ganar en un juego de azar que se celebraría en unos días.

- Dime, profeta, ¿qué números debo escoger? - me preguntó, lanzándome una moneda de plata.

Concentrándome, vi los números que lo harían ganar y se los susurré. El joven se fue emocionado, prometiéndome una gran recompensa si ganaba.

Sin embargo, mi capacidad para ver solo fragmentos del futuro pronto se volvió en mi contra. Las predicciones comenzaron a torcerse y la gente me acusó de ser un mentiroso y portador de desgracias.

El guerrero que había encontrado un nuevo amor abandonó a la mujer noxiana cuando esta quedó embarazada, porque ella le había sido infiel y él descubrió la traición. El comerciante próspero adoptó una vida de desenfreno y lujos insostenibles, y cuando un incendio provocado por un competidor envidioso redujo a cenizas su tienda, no tenía ahorros para reconstruirla y cayó en la pobreza.  La mujer que esperaba una niña murió trágicamente antes de la siguiente primavera cuando la niña, sin supervisión, se cayó por las escaleras de su casa y se golpeó al cabeza, la madre se había distraído charlando con una vecina. El joven shurimano, cegado por la avaricia, no se conformó con la primera victoria. Apostó todo lo que tenía en una segunda ronda, convencido de que la fortuna le sonreiría de nuevo. Perdió todo en un instante y me culpó por su desgracia, acusándome de darle números falsos para arruinarlo.

La ciudad se volvió contra mí. Los mismos que me habían buscado para predecir su futuro ahora me veían como una fuente de maldición. Al final, tuve que huir para salvar mi vida.

Después de escapar de mi ciudad natal, vagué durante años, recorriendo el curso del río desde los páramos del Gran Sai hasta las ruinas de la antigua Shurima. En mi aislamiento, comprendí lo insensible y corrupto del mundo y las visiones y susurros de un mundo de guerra y sufrimiento comenzaron a plagar mis pensamientos.

Finalmente, llegué a Icathia, una ciudad devastada por guerras pasadas. Allí, abrí mi mente a la desesperación y el Vacío respondió. Este habría sido el final de cualquier otra historia, sin embargo, yo perduré. Lo que yacía en la oscuridad de abajo rozó mi alma, rompiéndola y en este encuentro transformó mi ser, saturando mi mente con energías incompresibles.

Emergí de aquel lugar no solo como un hombre, sino como algo más grande. El Vacío me mostró el fin del sufrimiento humano a través de la destrucción de Runaterra y comprendí que mi verdadera vocación era acelerar el mundo hacia el olvido, difundiendo la palabra del Vacío entre la gente.

Notaron el cambio al momento, en cuanto dieron el primer paso en aquel cañón de roca. El ambiente era desolador, la arena perdió su brillo natural y se volvió gris como la ceniza. El ardiente sol, que resplandecía con fuerza unos metros atrás, ahora parecía nublado, como en un eterno eclipse solar. A partir de ese punto, comenzaba un amplio terrero devastado donde nada era capaz de sobrevivir. Lo único que aguardaba y crecía en ese lugar era el Vacío, escondido en la oscuridad. Un red de intrincados túneles subterráneos, corrompidos por el Vacío, se extendían interminablemente, plagados de cuevas y grietas que palpitaban con una energía oscura y antigua, latiendo al unísono, llamándome. Ellos no lo sabían, pero la tierra y la ceniza drenaban poco a poco su energía de mis seguidores, alimentando a los seres que habitaban abajo. Invoqué mis pequeñas criaturas del vacío, que salieron de las grietas del suelo a mi llamada y comenzaron a rodear el rebaño de discípulos como mis perros guardianes. Algunos se sorprendieron al verlos, pero ya habían visto mis poderes en acción, al menos algunos trucos. No se asustaron al verlos, sin embargo ahora, ninguno tendría ya la oportunidad de escapar. 

El aire estaba cargado de una esencia irreal, un preludio de lo sobrenatural. Los suelos temblaban ocasionalmente, provocando terremotos que abrían nuevas fallas en el lecho rocoso de Shurima. Mientras recorríamos estos paisajes torturados, las visiones febriles del Vacío se intensificaban. Cuando entramos en el túnel, mis seguidores comenzaron a creer realmente lo que les prometía. Los ríos subterráneos corrían con colores vibrantes y las flores que crecían lo hacían con perfumes increíbles y exóticos. Pero yo sabía que lo que al principio parecía un lugar de milagros y maravillas pronto se torcería en formas mortales y retorcidas, una muestra de la capacidad del Vacío para consumir y transformar todo a su paso.

Alguien tocó el agua del río maravillado por sus colores cambiantes, al rozar el agua, esta comenzó a envolverle, como una fina capa de cera, tirando suavemente de él hacia el agua, invitándolo a darse un baño. Atraído por las visiones, el hombre accedió hasta fundirse dentro de la corriente como una gota más de agua. El líquido cubrió su cabeza por completo, desapareciendo de nuestra vista.

Una anciana, fascinada por las plantas, se acercó a la pared donde crecían enredaderas, la planta comenzó a estirarse como una serpiente y caminar por su brazo hasta que ella ya no pudo moverlo, la mujer, asustada, se volvió hacia aquello que lo agarraba, pero ya estaba condenada. Una de las grandes flores estrelladas de la enredadera le atrapó la cara, como si quisiera absorberla, ahogando sus gritos. Los pétalos, se fundieron con la piel y los tallos y hojas la envolvieron aprisionándola contra la pared de la gruta, clavándose dentro de su cuerpo y alimentándose poco a poco de ella.

Varios fueron los que no aguantaron las tentaciones del Vacío antes de llegar al final del peregrinaje. Fascinados por esos fenómenos sobrenaturales caían en sus zarpas para ser consumidos, a pesar de que todos iban a correr la misma suerte. Debía asegurarme de que el resto se mantuvieran tranquilos hasta la última sala, al fin y al cabo la carne del cordero se estropea si esta asustado antes del sacrificio. Mantuve a mis discípulos hipnotizados, en un sueño mágico de visiones, evitando que despertaran ante los gritos de terror de aquellos que habían sucumbido a las tentaciones del Vacío.

Finalmente llegamos al final del túnel, el Mar Lavanda, la gran nada donde reinaba Bel'Veth, esperaba impaciente al otro lado, hambrienta de nuevos conocimientos y recuerdos. Entramos en aquella amplia gruta y subí sobre una plataforma de roca para dirigirme a mis seguidores. Comenzaba un nuevo ritual de sacrificio.

- Amigos míos, hemos llegados al final del camino. El momento ha llegado - anuncié, mi voz resonando en la caverna. - El mundo que conocéis está llegando a su fin - comencé entonces a mostrarles visiones del futuro, de sus muertes, infectando sus mentes con el miedo - El Vacío consumirá todo, y solo aquellos que se unan a él no solo sobrevivirán, sino que prosperarán en el nuevo orden que emergerá del caos.

Seguí manipulando sus mentes con las visiones del Vacío, visiones del un nuevo orden de vida, de conocimientos nuevos, los misterios de la magia y el universo al alcance de sus manos.

- Os prometí poder y transformación, pero para ello el Vacío exige sacrificio, os reclama y a través de vuestra entrega, ascenderéis. ¡No como los reyes del pasado!, incluso los Ascendidos eran mortales. ¡La mortalidad es debilidad!, vosotros en cambio, superareis las limitaciones humanas, formando parte de un todo poderoso, fuera de espacio y de tiempo.

Allí, donde los poderes otorgados por el vacío eran mas fuertes, abrí un portal para que el tránsito hacia el interior de Bel'Veth fuera más fácil.

-¡Avanzad si queréis trascender! - les grité -¡Abrazad el caos!

Mis seguidores, todavía bajo el influjo de aquel sueño mágico, comenzaron a avanzar hacia el Mar Lavanda. El primero en acercarse fue un hombre joven, sus ojos vidriosos reflejaban la luz púrpura del abismo. Sin vacilar, se sumergió en las aguas, su cuerpo disolviéndose lentamente mientras la esencia del Vacío lo consumía.

Uno a uno, los demás le siguieron, entregándose al Mar Lavanda. Pero entonces, algunos comenzaron a despertar del trance, sus ojos llenos de pánico al darse cuenta de la realidad de su destino.

- ¡No! ¡Esto no es lo que esperaba! ¡No estoy preparada! - gritó una mujer, retrocediendo. Intentó correr hacia la salida, pero los zarcillos de Bel'Veth, como tentáculos, surgieron del abismo, atrapándola. Ella luchó desesperadamente, pero fue arrastrada inexorablemente hacia las profundidades, sus gritos sofocados por la oscuridad.

-¡Inclínate ante el vacío o deja que te consuma! - le grité antes de caer dentro del abismo

Otro hombre cayó de rodillas, rogando por su vida. 

- ¡Por favor, piedad!¡Aún tengo familia!¡Nissa! - exclamó, las lágrimas corriendo por su rostro corrió hacia su esposa, que avanzaba decidida hacia el portal. Él intentó zarandearla inútilmente para despertarla, pero finalmente, los tentáculos se enroscaron alrededor de él, silenciando sus súplicas mientras era arrastrado hacia el Vacío. Los consumió sin piedad para ser entretejidos en el interminable proceso de la creación. 

- ¡Ya no hay lugar para el arrepentimiento! - les advertí - ¡No desafiéis la voluntad del destino! 

Mientras observaba a mis seguidores ser consumidos, una sensación de triunfo y satisfacción me invadió. Cada sacrificio fortalecía el Vacío, acercándonos un paso más a la destrucción y renovación de Runaterra.

La última de mis seguidores, una joven con el semblante sereno, aceptó su destino con una tranquilidad inusual. 

- Adelante mortal, presencia tu final - le animé, ella me miró con sus ojos verdes nublados de visiones - ¡El Vacío exige sacrificio!

- Seremos eternos - murmuró antes de dejarse caer en el Mar Lavanda, desapareciendo bajo la superficie púrpura.

Con el ritual completo, me giré hacia el abismo, sintiendo la presencia de Bel'Veth alrededor de mí. 

- Todo ha ido como estaba previsto - dije en voz baja, y en respuesta, sentí un pulso de energía oscura que reverberaba a través del túnel

La voz de Bel'Veth, se materializó en mi mente y me otorgó una visión: el Abismo de los Lamentos una prisión de hielo para los Vigilantes, enterrados allí hace mucho.

- Ahora estas preparado....debes liberarlos - murmuraba su voz en mi cabeza - debes abrirnos las puertas....ya sabes que no puedo salir todavía...me faltan fuerzas

- Por el Vacío - respondí

- Recuerda mantenerte alejado...los aspectos son muy poderosos - me advirtió

Incliné la cabeza en señal de entendimiento y el eco de su voz desapareció de mi mente. La gruta volvió a quedar en calma y avancé hacia la salida con decisión. 

Comprendí que la liberación de los Vigilantes era lo que permitiría que el Vacío consumiera Runaterra por completo y sabía que Bel'Veth me necesitaba para cumplir la voluntad del Vacío. Ella no podía actuar directamente en el plano terrestre de Runaterra, no desde que había sido desterrada por los Aspectos del Sol y la Luna hacía casi un año, aún estaba débil. Sin embargo, su poder y su influencia aún podían alcanzarme y guiarme desde su dimensión. Mi mente, corrompida y fortalecida por su toque, estaba lista para cumplir su voluntad. 

Como todas las otras veces, aunque entré acompañado a aquel túnel, salí solo de él. Caminé por el yermo terreno dirigiendo mis pasos hacia el norte, debía viajar a Freljord para liberar a los Vigilantes y asegurarme de mantener alejados a los aspectos de mis asuntos. 

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