martes, 26 de septiembre de 2023

LOS CENTINELAS DE LA LUZ - CAPITULO 1

Sombras sobre Demacia

Habían transcurrido meses de aparente calma. No habíamos recibido encargos importantes, estábamos ocupados aplacando revueltas en nuestras fronteras. La academia era una institución independiente de cualquier reino, no intervenía en las guerras entre naciones, clanes o religiones. Nuestro objetivo era proteger Runaterra de todo aquello que amenazara nuestro mundo. En Valoran, tanto la academia como el estado, permanecían como territorio neutral, especialmente para Demacia y Noxus, debido a que nos encontrábamos en medio de ambas naciones. No interveníamos en su conflicto, a menos que fuera por un bien mayor.

El final del verano se acercaba junto con las primeras lluvias que bañaban los campos del norte y los vientos que levantaban tormentas en Shurima. En Freljord, el breve periodo cálido había desaparecido, y las tormentas de nieve amenazaban con avanzar desde el horizonte.

El último día del verano marcó el fin de la paz. Las palabras de Kayle me dejaron sin aliento. 

Durante la soleada mañana, la capital demaciana fue la primera en caer víctima de la niebla negra. Esta densa niebla envolvió la ciudad de la luz en el crepúsculo, arrebatando las almas de miles de personas inocentes. Solo la intervención de unos pocos habían logrado contenerla, aunque no sabían por cuánto tiempo. Shyvana, una medio dragona que había estado protegiendo a los demacianos como parte de la guardia del Rey Jarvan IV, se había vuelto contra sus aliados. Con su aliento ardiente y poderosas garras, había destruido y matado a todo aquel que se interponía en su camino. De alguna forma, durante la batalla consiguieron tumbarla y en cuanto recuperó su forma humana la encadenaron y la encerraron.


El relato de Kayle acabó.

- Diana, la capital de Demacia ha sido solo el principio. Esa niebla se esta expandiendo, en cuestión de horas ha invadido todo el valle y ya se esta acercando a las fronteras de Meraplata Alta. No tardará en traspasar a Freljord si continua así. - Kayle se sentó pesadamente en su silla abrumada por las malas noticias - Hace apenas media hora recibí avisos tanto de la academia de Navori en Jonia como del Bastión Inmortal en Noxus. Esta ocurriendo también allí. Gente que enloquece y se vuelve en contra de sus amigos, maridos, esposas y familias. Es como si algo tomara el control sobre ellos y los poseyera. Y esa niebla que te drena la vida.... 

- ¿No es el vacío de nuevo?

- No lo creo, es distinto, son espectros Diana. No sé qué es ni de dónde ha salido, pero debemos detenerlo antes de que consuma todo.

- ¿Qué puedo hacer? - el aspecto Lunari nunca me había mostrado algo semejante, era una nueva amenaza

- Debes hablar con esa dragona, esta encarcelada. Interrógala, debemos averiguar quien la envió y porqué.

- Partiré inmediatamente hacia Demacia.

- Te llevarán en el helicóptero, no hay tiempo que perder, además el camino por tierra es peligroso con esa cosa envolviendo toda la ciudad, solo esta despejada la Gran Plaza y el interior de los edificios cercanos al Palacio, así como el propio palacio.

Salí del despacho de Kayle con paso firme y acelerado, dirigiéndome al helipuerto de la ciudadela, el sol de la tarde comenzaba a descender. No me entretuve en coger provisiones ni mudas. Partimos y en una hora y poco llegamos a la capital. La plaza estaba abarrotada de gente que se apiñaba asustada lo mas cerca posible de las puertas del palacio. Una bruma negra, con destellos de un verde brillante se movía lentamente alrededor de la plaza y los edificios. Había guardias alrededor de toda la plaza, alerta a lo que pudiera surgir de la niebla. Con tanta gente no podíamos aterrizar, así que me descolgué por una escalera hasta el obelisco central y con una cuerda me deslicé con cuidado hasta el suelo, con mi espada a la espalda.

Unos guardias me cerraron el paso cuando intenté entrar a palacio.

- Vengo de la academia, no impidáis el paso a quién intenta ayudaros. Tengo una misión que cumplir, me esperan dentro y el tiempo apremia.

- Espera un momento, no nos han informado, no debemos dejar entrar a nadie ahora mismo, debemos proteger al rey.

- Pues id a informaros, pensaba que Kayle había dejado bien claras las ordenes - dije molesta

- ¿Kayle?

Al oír ese nombre, uno de ellos entró raudo en la fortaleza y al momento salió corriendo avisando de que pasara.

- Gracias

Dentro me aguardaba Tianna Crownguard, la mariscal del rey.

- Acompáñame - me ordenó, la seguí unos pasos por detrás de ella

Cruzamos un largo pasillo y terminamos bajando por una escalera de caracol qué conducía a las mazmorras y cárcel de Demacia, golpes y gritos resonaban como un eco al final del túnel, me sorprendió ver que las celdas estaban abarrotadas de gente, <<¿Por qué estarían allí? no parecían criminales. ¡Hay niños! >>

- Tenemos hambre, ¡por favor! - gritó un hombre delgado que se acercó a los barrotes

- ¡Silencio escoria! - gritó uno de los soldados que custodiaban la estancia

Me mordí la lengua y agaché la cabeza. No dije ningún comentario al respecto, la academia no se inmiscuía en asuntos de estado. La situación era muy incómoda.

- Shyvana esta encerrada aquí, no atiende a razones. No la hemos ejecutado porque dicen que solo esta poseída, aunque se merece correr esa suerte después de lo que ha hecho - sus gritos de rabia se oían a través de las puertas - la magia nunca nos ha traído nada bueno - dijo en un susurro - en fin, Kayle asegura que obtendrás respuestas, de lo contrario, no habrías venido - miró a los soldados - abrid - ordenó con su voz clara y firme - esperaré fuera, tómate el tiempo que necesites

Entré y las puertas se cerraron tras de mí. Caminé por el oscuro pasillo lentamente, buscando la celda correcta, se oían golpes al final. Los ojos de los prisioneros se posaban en mi siguiendo mis movimientos meticulosamente, finalmente encontré la que buscaba. Una enorme mazmorra abovedada con varias capas de dura y gruesa petricita pura, además de una doble puerta de hierro forjado. La prisionera, una mujer musculosa y de piel morada, estaba encadenada con cadenas de petricita y metal, la encontré golpeando la puerta interna de su celda una y otra vez con la fuerza bruta de su cuerpo. Aquella mazmorra era enorme en comparación al tamaño de la muchacha. Sus ojos ardían con un fulgor verde, y una marca del mismo color coronaba su frente. Un signo triangular estaba marcado en su pecho, justo encima de su corazón, como si se lo hubieran arrancado.

- ¡Shyvana! - mi voz resonó en la alta bóveda - ¡Shyvana! - repetí

- ¡Déjame en paz! La ruina llegará a todos los rincones de este mundo y me libraré de estas cadenas 

- Dicen que aún estas ahí dentro, ¿Quién te controla?

- Nadie me controla, ninguno tiene la fuerza para domar a esta dragona - siseó

- Me han asegurado que siempre has cuidado de estas tierras y eras muy cercana al rey, ¿Qué ha pasado entonces?

- Nunca me han querido. Salvé a su rey, los protegí, y aún así siempre han desconfiado de mí. El rey arruinado me dará lo que quiero.

- Has matado gente inocente, niños, ancianos, ¿Cómo quieres que confíen en ti ahora?, ¿Qué te a prometido ese rey?

- ¡Ahhhh! - Shyvana se arrodilló en el suelo y se dobló hacia delante lamentándose.- Amor, me querrán

- ¿Cómo van a quererte si mueren?

Alzó la cabeza sollozando, sujetándose la cabeza como si tuviera una terrible jaqueca.

- ¡Nooooo!. Déjame en paz  - lloraba - ¡Me obligó a quemarlos!, no puedo con él. Tiene una voluntad mayor, mas fuerte que la mía - se levantó de golpe y corrió hacia los barrotes asustándome por el repentino golpe - más te vale morir antes de que el te atrape - rio, era como si una doble personalidad se apoderara de otra - hay cosas peor que la muerte, huye mientras puedas si quieres, pero terminarás uniéndote a el... por las buenas... o por las malas - una gran sonrisa que destilaba falsedad se extendió en su rostro escamoso.

- ¿Eso has hecho tu? ¿Huir? La poderosa dragona reducida a un montón de cenizas en una esquina, ¿tan débil eres después de todo? - buscaba provocarla

- Soy fuerte, con mi aliento puedo quemar esta ciudad hasta que no queden ni las piedras

- Estoy segura de ello, hazlo si quieres, pero no lo hagas por que el te lo diga, si eres tan fuerte sácalo de tu mente y no dejes que te controle - golpeé los barrotes con furia - ¿eres Shyvana la gran dragona o no? - le grité siguiendo su juego

Cayó de rodillas y se volvió a sujetar las sienes, tapándose los oídos como si intentara no oír nada o callar todas las voces de su alrededor.

-¡Cállate! - gritaba, apretó los ojos fuertemente lamentándose

Movía la cabeza espasmódicamente y murmuraba algo inaudible. La marca de su frente parpadeó unos instantes.

- ¡Ahhhhhhhhh! - gritó Shyvana

Cuando abrió los ojos, habían perdido el brillo espectral, lucían normales. La marca en su frente y en su pecho comenzó a desvanecerse.

- Se ha ido - me miró - me he liberado...gracias, dioses gracias

Sin embargo la alegría de aquel logro se le difuminó tan rápido como el destello de un relámpago en una noche de tormenta, sus ojos se bañaron en lágrimas y se derrumbó contra la pared llorando. ¿Estaría recordando todo lo que había pasado hacía unas horas?

- Soy un monstruo...

- Shyvana, no tengo ninguna autoridad para juzgar tus actos...pero necesito que me cuentes todo lo que ha pasado y todo lo que sepas de ese rey arruinado y esta niebla... diré lo que pueda a tu favor para ayudarte - ella asintió con la mirada cansada

Me explicó que ese rey se llamaba Viego y que entró en ella en un momento de duda, cuando algunos aldeanos la miraron con desconfianza al descender de las murallas del castillo. Desde el conflicto con Sylas, estos incómodos eventos con los lugareños se habían vuelto más frecuentes. Recordaba con horror todo lo que había hecho la mañana anterior, no podía olvidar las caras de esa gente. No supo decirme quienes habían detenido la niebla, ni conocía sus nombres, pero sus armas de luz le debilitaron lo suficiente como para perder su forma de dragón y casi liberarse de Viego, aunque no lo suficiente... 

- Viego es muy poderoso. Su voluntad es muy superior. Se aprovecha de nuestras debilidades para embaucarte y para cuando te has dado cuenta ya no puedes escapar de su hechizo... - susurró con gran pesar

Hizo una pausa antes de continuar, su mirada estaba perdida en el pasado.

- Los soldados que me enfrentaron... eran un hombre y una mujer de tez oscura. Pero ella... parecía humana, aunque había algo en sus ojos que me resultaba sobrenatural. Como si... - sus palabras se quebraron por un instante y movió la cabeza negando - olvídalo, no he dicho nada, estoy desvariando

Cuando le pregunté sobre Viego y la niebla negra, sin embargo, no pudo decirme mucho más, solo que el podía controlarla y que estaba buscando algo en la ciudad... aunque tenía la sensación de que ya lo había encontrado.

Le agradecí la ayuda y le recordé que intentaría ayudarla.

Salí de esa celda decidida a buscar respuestas en otro lugar, quizás en Jonia o Noxus. Crucé a paso veloz las mazmorras e hice caso omiso a la llamada de Tianna que se volvía hacia mi en cuanto salí. Ya le mandaría un mensaje más tarde a Kayle para ver si se podía ayudar a Shyvana, si alguien podía interceder por ella, era Kayle.

Estaba a punto de salir de nuevo a la plaza cuando vi algo brillar en uno de los patios interiores. La lluvia había comenzado, pero el sol de la tarde seguía luchando por asomarse entre las nubes. Cuando me acerqué volví a ver el destello, era un trozo de baldosa con grabados dorados. Investigué la zona, me aproximé a uno de los arbustos que rodeaban el jardín, cuando metí el pie en un hoyo y caí de bruces contra el suelo.

Dolorida saqué la pierna del agujero, al levantarme pude observar que el trozo de baldosa que había visto completaba ese hoyo. Curiosa, retiré el resto de la pesada losa de mármol y con mi espada bien sujeta me deslicé dentro.

Cuando bajé estaba a oscuras, apenas se iluminaba el camino con la luz que entraba por el hueco de la baldosa, usé el tenue fulgor de mi kopesh para guiarme por aquel túnel. Después de cinco minutos de recorrer aquel largo túnel vi la luz al final del camino. Ante mi se abría una amplia estancia con majestuosas estatuas, estaban situadas en círculo rodeando un monolito central, todo esculpido en una impoluta piedra blanca. Varias antorchas estaban encendidas iluminando la estancia, aunque no había nadie allí, al fondo, un gran ventanal abierto en la roca mostraba el abierto paisaje de los dominios de Demacia, o eso debería poder vislumbrarse, ya que la espesa niebla negra cubría todo el fondo del valle y las orillas de la costa de la bahía.

Inspeccioné las estatuas, eran todas parecidas pero cada una llevaba un arma distinta, me sorprendió ver una que tenía una arma curva parecida a la mía. 

En uno de los lados encontré una curiosa mesa de piedra blanca como el resto de esculturas, tenia tallada en relieve el mapa de Runaterra, había unos puntos en ciertos lugares de los continentes, como un botón, sobre todo en capitales << ¿será para estudiar geografía? No creo, que estupidez>>. Una mancha cubría parte del mapa era como una sombra que extendía sus retorcidos dedos hacía las principales capitales. Acaricié el relieve negro de la mancha, realmente era parte del mapa... una de esas ramas se extendía sobre Demacia y ¡se movía!, podía ver el leve movimiento de la mancha expandiéndose en todas direcciones, otro de esos dedos que se estiraba por el sur de Shurima hacia Targon, rocé la mancha en esa zona y apreté el botón de Targon casi inconscientemente. De repente una fuerza extraña tiró de mis hombros hacia arriba de la cámara haciendo que me contrajera de la velocidad, una luz cegadora lo cubrió todo. Apreté fuerte mi espada para evitar perderla, aunque un revoltijo en mis tripas a causa del mareo hacía que perdiera las fuerzas, cerré los ojos para no perder el equilibrio.

Cuando todo dejó de dar vueltas, abrí mis ojos, la luz se fue disipando y descubrí donde me encontraba. Era una estancia parecida al templo de Demacia, aunque esta era un poco más angosta y baja de altura. Cinco pares de ojos me miraban con recelo y me apuntaban con sus armas. 

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