martes, 18 de noviembre de 2025

LOS OJOS DEL HIELO - CAPITULO 10

La llamada del norte


Cuando Kayle me llamó a su despacho, su expresión ya me anunciaba que no traía buenas noticias… o al menos no para mí.

- La Academia de Combate y el Instituto de Guerra nos han enviado la próxima promoción de reclutas... Irás con ellos a la Grieta del Invocador, - dijo, usando ese tono que siempre empleaba cuando presentaba una orden disfrazada de oportunidad - Necesitan disciplina. Y tú… puedes aprender a trabajar con otros.

- ¿Con los novatos? - arqueé una ceja - ¿Otra vez?

- Eres de mis mejores agentes. Serás una instructora más que competente para ellos. Tómatelo como unas vacaciones después de tu última misión - la miré desafiante; hacer de niñera no estaba entre mis aficiones - Irás, no hay más que hablar. Y esta vez, Diana… contén tus impulsos.

Suspiré. Era inútil llevarle la contraria.

- Está bien - respondí - Pero si un cadete intenta lanzarme un hechizo sin apuntar, no me hago responsable.

Creo que la oí bufar, pero salí del despacho sin mirar atrás.

El aire olía a humedad cuando descendí del transporte. Frente a mí se abría la Grieta del Invocador: un valle partido por la magia, bordeado por bosques frondosos que marcaban la frontera difusa entre el sur del Freljord, Valoran y las Montañas Puntahierro, al norte de Noxus. Aunque la Grieta había sido un campo de batalla durante las Guerras Rúnicas, ahora servía como terreno de prácticas para el Instituto de Guerra y la Academia de Combate.

Los estudiantes, en cambio, olían… a inmadurez y nervios.

- Bien - dije mientras los reunía en el claro - Hoy tendremos práctica táctica en equipos. Y por práctica táctica quiero decir: intentad no incendiar el bosque ni a vuestros compañeros.

Uno de ellos levantó la mano.

- ¿Qué pasa si nos ataca una bestia del bosque?

- Le pedís perdón por interrumpir su día - respondí sin pestañear - Qué clase de pregunta es esa… ¿es que no os han enseñado nada en vuestras instituciones?

Hubo risas nerviosas.

- Tú  - señalé al chico de su derecha -  ¿Qué os han explicado de este lugar?

- Que es un lugar de prácticas y que fue un campo de batalla durante las Guerras Rúnicas.

- Buena clase de historia. Pero la pregunta era más a nivel estratégico: ¿qué tiene de especial este lugar?

Una muchacha levantó la voz con timidez:

- ¿La concentración de magia?

- ¿Lo preguntas o lo afirmas?

- La concentración de magia - repitió, ahora con más seguridad - Desde las guerras, la magia se ha condensado aquí, de hecho, las torres centinelas aún albergan esa energía rúnica.

- Exacto. Este lugar vibra con una fuerza primigenia. Buena respuesta. Esa es una de sus ventajas. La otra es que es un entorno seguro: un fuerte hechizo mantiene este lugar aislado, como en una burbuja, lo que significa que nada puede entrar, ni salir sin romperlo. De todas formas, si una bestia apareciese - miré al chico de antes - confío en que tengáis suficientes habilidades para salvar la situación por vosotros mismos.

A mi alrededor, el grupo de jóvenes cadetes observaba las ruinas con mezcla de respeto y nervios. Las torres antiguas, agrietadas por el tiempo, seguían emitiendo pulsos de energía azulada. Algunos árboles estaban carbonizados; otros, petrificados por hechizos olvidados.

 - Aquí aprenderéis a fijar objetivos, a escoger las mejores armas, a tender emboscadas y sobre todo, a confiar en la fuerza de vuestro equipo. Si intentáis ir en solitario, fracasareis. Bien. Se acabó el discurso. Toca pasar acción - recogí unos petos de colores y se los tendí a uno de los cadetes - Dos equipos, azul y rojo, repartíos como queráis - llamé al resto de instructores y desplegué un mapa del terreno- Combate real, con reglas de contención. Hospital de campaña en esquinas opuestas, detrás del nexo y la armería… - <<Espero que no sea necesario utilizarlo >> pensé.

Miré a mis alumnos tomando sus posiciones. Las antiguas torres centinelas, desgastadas pero operativas, se alzaban entre ruinas cubiertas de musgo y raíces, recordando que este lugar había sido escenario de guerras lo bastante poderosas como para quebrar continentes.

Pasamos la tarde entre duelos controlados, hechizos mal lanzados y explicaciones que repetí que repetí tantas veces que empecé a dudar de mi cordura.

Un joven mago casi derribó una torre centinela por calibrar mal un hechizo.

- No estas concentrado - le regañé con dureza - Estás intentando matar a alguien. Todavía no sé si a ti mismo o a mí. Si no fijas el objetivo, la magia se descontrola, eso puede ser muy peligroso...


La práctica terminó sin heridos graves. Para mí ya era un triunfo.

Durante el descanso de la tarde,  decidí apartarme a meditar. Necesitaba silencio. El cielo era una franja azul pálido y la luna, casi invisible, se insinuaba entre las nubes.

Cerré los ojos y respiré profundamente.

Entonces, caí.

Me encontré sobre un océano de hielo agrietado que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Líneas azul oscuro y púrpura se abrían bajo sus pies, como venas. Algo se movía allí abajo. Algo vasto. 

Un tentáculo chocó contra el hielo desde las profundidades, haciendo temblar el hielo. Otro. Y otro. Las fisuras se expandieron como un cristal rompiéndose.

De repente, un ojo gigantesco se abrió bajo la capa helada: un ojo hambriento, que no pertenecía a Runaterra.

El hielo se quebró y me hundí en el abismo de aquel mar lavanda.

Desperté ahogándome en el aire, jadeando como si hubiera corrido millas. El campamento seguía allí, los cadetes seguían practicando entre risas y las torres seguían vigilando. Pero mi corazón martilleaba mi pecho, cada latido al ritmo de aquellos tentáculos que golpeaban el hielo.

Esto no era una simple visión del aspecto de la Luna.

Era una advertencia. 

Ya me había enfrentado al Vacío. Y ahora estaba segura de que, en algún lugar del Freljord, había otra brecha.

Esa noche, mientras los jóvenes dormían y los instructores apagaban las fogatas, me alejé hacia el borde de la Grieta. Necesitaba pensar. Cuanto más intentaba calmarme, más fuerte sentía aquella llamada de advertencia que resonaba desde el norte.

“Debes darte prisa, pues el hielo está empezando a derretirse.”

La frase surgió en mi mente como si alguien la hubiera susurrado.

Apreté con fuerza el mango de mi espada lunar.

Si las criaturas que había visto eran reales, si estaban atrapadas bajo el hielo, y si una de ellas se había movido… entonces no había tiempo que perder. La Grieta del Invocador sería un santuario seguro, pero lo que dormía bajo el Freljord no lo era. La anterior misión en Shurima ya le había mostrado el poder que podía poseer el Vacío, tenía que asegurarme que ni Bel’Veth ni ningún o ente atravesaría a Runaterra.

Giré sobre mis talones y regresé al campamento. En la noche silenciosa, cogí mi capa, mi mochila y mis armas y dejé una única nota para Kayle en la tienda de los instructores.

“La luna me ha mostrado un peligro enterrado bajo el hielo.

Creo que es el Vacío.

Debo encontrarlo antes de que despierte.”

Sin mirar atrás, atravesé el hechizo de protección con mi escudo y me interné en el bosque helado.

domingo, 16 de noviembre de 2025

LOS OJOS DEL MIEDO - CAPÍTULO 9

Me adentré en la mente de aquel mago que avanzaba, sin saberlo, hacia mis dominios. Su presencia se hacía más nítida con cada sueño que compartíamos, cada vez estaba más cerca. Estaba convencido de que aquí encontraría la fuerza que necesitaba para su cruzada… pobre criatura. Cuando ambos despertamos de su visión, no pude evitar sonreír. Creía venir en busca de un arma para su causa, sin imaginar que será él quien acabaría sirviendo a la mía.

jueves, 13 de noviembre de 2025

LOS OJOS DEL HIELO - CAPITULO 8

Cambio de planes


SYLAS


El viento del norte ululaba entre las tiendas del campamento, cargado de la amargura de la derrota. Las llamas del fuego titilaban, débiles, reflejándose en los ojos cansados de los guerreros de la Garra Invernal. Nadie hablaba. El silencio dolía más que las heridas.

Sejuani permanecía junto a la hoguera, el rostro endurecido, la mirada fija en el horizonte helado donde Ashe se había alzado victoriosa bajo el amparo de la diosa del hielo. Su respiración era pesada; sus puños, aún tensos sobre el mango del mangual.

- No deberíamos habernos ido - murmuró, sin apartar la vista del fuego - Tendría que haber luchado hasta mi último aliento.

- Y habrías muerto - le respondí con calma - No puedes gobernar Freljord desde una tumba.

Ella me lanzó una mirada gélida.

- ¿Pretendes que me consuele con palabras de cobarde?

- Pretendo que pienses - contesté, dejando que mis cadenas se deslicen lentamente por la nieve - Tómalo como una pausa, no como una rendición. Eres una líder fuerte, pero necesitas soldados, no mártires. Cada uno de tus guerreros vale por diez avarosanos, pero Ashe te supera en número… y en aliados.

Sejuani soltó una carcajada amarga.

- ¿Y qué propones?  Ashe lleva años llenándoles la cabeza con cuentos de unidad y esperanza.

Sabía cómo hablarle. No de debilidad ni de pérdidas, sino de poder. Era el único idioma que Sejuani respetaba.

- Propongo adelantar nuestro pacto - dije, inclinándome ligeramente hacia ella - Ayúdame a liberar Demacia. Ayúdame a derribar sus muros y sacar de sus mazmorras a los magos que allí pudren sus dones. Ellos pueden ser tu ejército.