Raptada
Espero en el pasillo de una de
las plantas del hospital, fuera de la habitación donde se encuentra Annie. Kayle ha venido bajo un glamour, con un disfraz de humano, escondiendo sus
alas para no llamar la atención, quiere hablar conmigo.
- Creo que todo este asunto no se
ha acabado, mi hermana siempre vuelve – me anuncia Kayle
- ¿Para volver a invocar a
Karthus? – pregunto
- Si, es ambiciosa, querrá
conseguir algo de él a cambio de traerlo de vuelta y liberarlo
- ¿Y si lo consigue que puede
pasar?
- Hay que impedirlo, de lo
contrario dejarías de conocer este mundo como tal, caos, muerte y destrucción, Karthus es un segador de almas,
solo le interesa devorar por donde pasa, ya ocurrió hace muchos siglos, pero
junto a Morgana puede ser devastador.
Arqueo las cejas y me imagino esa
situación y no me gusta. Atiendo a Kayle que continua hablándome.
- Me preocupa la niña, no
pude interrumpir la invocación antes y creo que parte de Karthus la poseyó,
puede que le haya dado poderes nuevos… vigílala, el inframundo debilita a
Karthus pero si parte de él está viviendo en Annie como huésped puede llegar a
controlarla.
Asiento con la cabeza y ella se
gira y se va caminando hasta el final del pasillo, tuerce a la derecha y desaparece de mi vista. Abro la puerta del
cuarto, Elizabeth sostiene una mano a la niña, todavía inconsciente, la aprieta
y con la otra mano le acaricia suavemente el dorso, la trata como una muñeca de
porcelana, con miedo a que pudiera romperse. Interrumpo entrando en la
habitación, la tía aún no se ha percatado de mi presencia, pero me aclaro la
garganta y el ruido la saca de su ensoñación, dirige su mirada hacia mí.
- Perdón, solo quería ver como
estaba… – le digo
- No se ha despertado, los
médicos no saben cuánto tiempo más estará en este estado de coma ni que es lo
que la mantiene así.
<< Yo sí, hasta que Karthus
decida despertarla la mantendrá en este estado de letargo…>>
- Llevas aquí casi dos días sin
salir, durmiendo mal y no estoy segura de que hayas comido suficiente,
es tarde, ¿porque no te vas a casa a cenar bien y descansar cómodamente en tu
cama?, yo cuidaré de ella.
Paso un par de horas paseándome
por el cuarto, viene una enfermera a cambiarle el suero y aprovecho para ir a
la máquina de refrescos a por una botella de agua y en la de aperitivos me
compro un sándwich mixto, vuelvo al cuarto, y me lo como mirando por la
ventana.
<<Que hambre… aunque nunca
me han gustado mucho estos sándwiches…>>
Con cara de indiferencia me trago
el último bocado, me siento un poco en la silla de al lado de la cama y observo
detenidamente a la niña, a veces da la sensación de que va a despertar, noto un
espasmo es sus dedos o ladea de vez en cuando la cabeza…, a veces arruga la
nariz y el entrecejo, como si tuviera una lucha interna, como si tuviera una
pesadilla.
Cuando me aburro de
observarla me voy a sentarme en la
butaca que es un poco más cómoda, pero como no me acostumbro cambio de posición
cada diez minutos. Pienso en mis cosas, a veces no tienen sentido, síntomas del
aburrimiento… de vez en cuando cojo el móvil (después de que la grieta se
tragara el mío me compre uno nuevo…), miro algo en Facebook o por internet, por
último abro un juego de cartas que tenía instalado en el móvil, aunque acaba por aburrirme también.
Cojo una de las revistas de salud que hay en el revistero. Sale un tío
macizorro en la portada corriendo por la playa, empiezo a leerla, pero por la
tercera página la vibración del móvil me distrae y lo saco del bolsillo. Es una
notificación del WhatsApp, Talon me está hablando, me pregunta que como estoy, que hago… le cuento
la aventura del otro día y él me explica lo que ha hecho últimamente cuando le
pregunto. Seguimos conversando.
<<No lo ha recibido… hasta
que despierte no lo verá>>
Sigo con la revista, poco a poco noto los parpados más pesados, sacudo la
cabeza y parpadeo fuerte para mantenerme despierta, pero el cansancio me
supera. La última vez que mire el reloj
eran las 04:15, apoyo la cabeza y me fijo en la portada de otra de las
revistas, es un verde prado, cierro los ojos.
Cuando los abro sigo viendo ese
prado, me encuentro en el, a simple vista parece bonito como el de la foto:
verde césped, coloridas flores, incluso una manada de ciervos a lo lejos, pero no
siento la calidez de la pradera, el ambiente es ajeno y artificial, solo eso,
una foto. Empiezo a correr y como si notara que me voy a estampar contra una
pared cierro los ojos y me tapo la cara. Atravieso el fondo de la foto
rompiéndola como un papel. Era todo una mentira, lo que en realidad hay es
tierra seca y agrietada, árboles quemados y animales muertos, es realmente
perturbador… me tapo la boca para no aspirar el hedor putrefacto que desprenden. De las grietas del suelo sale humo, es asfixiante, se me mete por todos los
poros de mi cuerpo y no me deja respirar, estoy a punto de desmayarme, caigo.
Me despierto jadeando y tengo esa
misma sensación de asfixia, Annie está delante de mí mirándome con ojos vacíos
e indiferentes, me estrangula con sus manos envolviéndome el cuello me
sorprende la fuerza que tiene. Se me está empezando a nublar la vista por la
falta de aire pero reacciono y de un empujón la despego de mi cuerpo y le tiro
al suelo.
- Pero que haces!! ¿Así agradeces
mi ayuda? – le grito
Annie se levanta del suelo
desorientada, parece que acabe de despertar de un sueño, me ve, y corre hacia
mí para abrazarme.
- Gracias por sacarme del parque,
si no llegas a estar habría muerto
<< ¿Pero de que va esta
niña? ¿Tiene doble personalidad o qué?... Voy a calmarme un poco…>>
- ¿A que ha venido lo de antes?
- El que antes, acabo de
despertarme – replica
- Lo de intentar matarme
-¿De quién estás hablando?
<<Esta conversación es
surrealista…, me está sacando de mis casillas, ¿realmente no sabe de qué le
hablo?>>
Interrumpen en la sala, entra la
enfermera de ayer con una tablilla de datos bajo el brazo.
- Ahh! Annie ya te has despertado – le dice la enfermera
- ¡Sí! – contesta Annie sonriendo
alegremente enseñando sus dientecitos
-Venía como seguimiento
rutinario, pero como has despertado sería recomendable hacerte unas pruebas,
¿te importaría venirte conmigo?, hay que comprobar que este todo bien…
- ¿Puedo acompañarla? – pregunto
- Mejor no, la sala es muy
pequeña además algunas pruebas tienen el peligro de
la radiación, no se preocupe, va a estar acompañada en todo momento, no la
perderemos de vista – me dice y sonríe amablemente
- ¿Me puedo llevar mi osito? –
Pregunta Annie – va siempre conmigo….
- Claro cariño
Annie rebusca en su mochila y
saca su querido osito, con ágiles saltitos va hasta la puerta donde espera la
enfermera.
- Usted puede dormir un rato más,
aún es pronto y las pruebas duraran un par de horas…
Noto un destello en sus ojos,
pero es solo el reflejo de la ventana.
- Lo intentaré – le contesto
- Adioooos, hasta luego – me dice
la niña
Cuando cierran la puerta me
dirijo a la ventana a mirar, hace un rato que la ciudad se ha levantado, oigo
el ruido de los coches. A pesar del susto de antes me siento cansada todavía,
habré dormido apenas cuatro horas. Miro el reloj 08:08, si es verdad que aún es
pronto. Me siento relajadamente en la butaca y cojo la revista que deje a
medias, no llegue a terminar de leerla.
Leo un par de artículos más, pero
acabo volviendo a cerrar los ojos y durmiéndome. Me despierto sobresaltada,
alguien me zarandea. Me quito la revista de la cara.
<< Me dormí
leyendo…>>
- ¿Dónde está Annie? – pregunta
Elizabeth
Me desperezo, bostezo y me rasco la cabeza para situarme.
- Se la llevo una enfermera a las
ocho de la mañana para hacerle unas pruebas – bostezo de nuevo y me tapo la
boca
- ¿Y aún la tienen? – me pregunta
de nuevo
- Me dijo que tardaría un par de
horas… ¿Qué hora es?
- Las doce menos cuarto
- ¿Perdón?... ¿qué has dicho? –
no razono aún
- Las doce menos cuarto!! – Me
repite gritando - ¿Dónde está? – pregunta histérica
Entra en la habitación un médico
e interrumpe.
Ambas le miramos con
incredulidad, Elizabeth esta como en shock, de repente se relaja y se desmaya,
el doctor le coge antes de que caiga al suelo.
- ¿Pero qué le pasa?
- Antes ha venido una enfermera y
se la ha llevado a hacerle unas pruebas – contesto
- Yo no he mandado a hacer
ninguna prueba
Aún no respondo, tardo unos
segundos en comprender que ha pasado.
<< Mierda, mierda… la ha
raptado delante de mis narices, ¿cómo he podido ser tan estúpida?>>
Salgo corriendo de la habitación
y por el pasillo me choco con un anciano que paseaba con el gotero y tropiezo,
me levanto deprisa y compruebo que está bien, empieza a maldecir e insultarme a
gritos, lo ignoro y vuelvo a la carrera, salgo del hospital y llamo a Zed.
- Necesito tu ayuda… – le digo
- Dime cuando y donde… – me
contesta


No hay comentarios:
Publicar un comentario