martes, 24 de mayo de 2022

UN PROPÓSITO MÁS GRANDE - CAPÍTULO 5

La sentencia

Zed surgió de entre la multitud corriendo hacia mi y en un rápido movimiento.

-¡Atrás! No permitiré que la queméis viva- alzó la espada contra uno de los guardias que la sujetaban y estrechó la hoja contra su cuello

Obligó al guardia que me retenía a soltarme, le veía dispuesto a abrirle un tajo si era necesario.

- ¿¡Quien osa?! - el sacerdote farfullaba sorprendido - ¡¡¡¡¡guardias!!!!!

A la orden Leona se adelantó hacía Zed para atacarle, el al verse acorralado apretó más la afilada hoja contra su cuello.

- Lo mataré si no te alejas - delante oí los gruñidos de Marcus y Nicole peleando para liberarse de los guardias que los habían atrapado
- No tenéis escapatoria, esto termina aquí y hoy, su luz se apagará antes del crepúsculo - anunció Leona

<<No, esto no termina aquí... he cometido errores, pero... ya he pagado por mis pecados>>.

-¡Leona! - grité, el guardia me pegó tal bofetón con su guantelete para que callara que hizo que se me volviera la cara y me mareara, me volví cabreada y le escupí en el casco sangre y saliva. Iba a volver a golpearme, pero Leona le dio el alto - sabes que no merezco esto, ¡morir así!, ¡humillada!, vosotros nos habéis obligado a ocultarnos en las sombras porque nunca habéis contemplado que pudiera haber más, que hubiera otra posibilidad. Y sabes que lo hay.... Has estado allí arriba, en la cima de Targon igual que yo... puedo notarlo.

<<Esa aura alrededor de ella... y su porte... me recordaban a mi después de ser elegida...sólo puede significar que ella porta la otra mitad de ese ser, el aspecto del sol...>

- Te eligieron, verdad - empezaba a notar como la cara de Leona se ensombrecía, como apretaba los dientes, estaba en lo cierto - Conoces las visiones.... sabes que nuestros destinos están entrelazados...incluso antes de que naciéramos. El día necesita a la noche al igual que la noche al día.
- Esas visiones no me pertenecen, son recuerdos ajenos
- ¿De que esta hablando Leona? Exijo una explicación - gritó el sacerdote rojo de ira

Leona ignorando al sacerdote miraba al suelo meditando

- Ahora son tuyos también, porque tu eres uno con el Sol a igual que yo lo soy con la Luna. Tenemos un propósito más grande que esta guerra absurda...No me callaré más, no aguantaré más masacres. 
- Soy la hija de Targon que unirá los cielos
- Unir no significa conquistar Leona, en el pasado las tribus del sol y de la luna vivían en paz... esta guerra ya dura demasiado, ¿Cuándo cesará esta eterna masacre?
- La paz construida sobre mentiras no dura, Diana
- Guerrera orgullosa, nunca me has creído y ni siquiera reconoces las visiones del aspecto que acoges. En una ocasión te perdoné la vida, ahora es tu turno de redimirte... Libérame y terminemos lo que llevamos tanto tiempo posponiendo...- levanté la mano que tenía libre ofreciéndosela

Leona tenía su rostro sembrado de dudas, miró con gran pesar a su superior. Dio un paso hacia mí, el hombre de la toga blanca le cogió del brazo enfermo de ira.

- ¿No te atreverías? ¿Nos traicionarás después de lo que hizo a tu pueblo? 
- Soy más que una simple humana, tengo un destino al que hacer frente
- Como capitana juraste proteger con tu vida, hasta tu último aliento nuestro pueblo y nuestra fe, ¿es que ya no te importa?, ¿fue en vano esa promesa? ¿en que te hemos fallado?
- Precisamente por ellos lo hago 
- ¡Te lo prohíbo! Esta hereje no dice nada más que falacias, de todos los adeptos tu siempre has sido la alumna más aventajada...¿es que lo has olvidado todo? 
- Hay más cosas en este mundo que no llegarías a comprender, cosas que solo son accesibles a unos pocos elegidos, como nosotras. Fuerzas que debemos combatir - Leona siguió avanzando hacia mi, decidida a ayudarme - llevo demasiado tiempo negándome a hacerle frente
- ¡Te arrepentirás de esa elección! Quedas destituida de tu cargo desde este preciso momento - se oía un murmullo de sorpresa entre los aldeanos - ¡Atreus! Átala a la estaca, ya hemos perdido mucho tiempo...

<<Atreus... ese es el cabrón que me capturó en el templo Lunari...>> Aquel ser, que parecía más un gorila de discoteca que un hombre, corrió y de un salto cayó sobre Leona derribándola, le inmovilizó las manos y ella forcejeó para liberarse, pero él era más fuerte que ella... sabía de lo que era capaz. Después, cuando los guardias ya la tenían bien sujeta, esa bestia vino hacia mí. Me levantó del suelo agarrándome del cuello, podría quebrármelo si quisiera con tan solo apretar un poco más de la cuenta. La cara se me estaba poniendo roja, estaba asfixiándome.

Nicole y Marcus gritaban protestas, pero ya no escuchaba... me estaba ahogando. De repente me estampó la cabeza contra la estaca de metal, haciendo retumbar en mi cabeza y mareándome. Vomité bilis del estómago cuando liberó la mano de mi cuello.

- Deberías haber tapado esa marca de su frente con la nuestra - le dijo al sacerdote en todo de burla - habría arreglado su cara un poco - con fuerza me apretó las muñecas por detrás del poste y los pies, mis extremidades se amorataron ligeramente en comparación con mi piel pálida. Atreus se alejó de mi una vez terminada su labor
 - ¡Que la justicia solar purifique el alma de esta hereje pecadora! - gritó el hombre de la toga - ¡destapad el ojo!

De reojo vi como tanto Leona como mis tres amigos forcejeaban para liberarse, esta vez no podrían ayudarme.

Aquella estructura metálica de oro macizo comenzó a relucir y la luz del mediodía se coló a través de las lentes dirigiendo un intenso haz de luz sobre mi cuerpo y sobre el poste de metal. Después de pocos minutos el poste estaba tan caliente que se hacía insoportable estar pegada a el, era como mantener la mano pegada a una olla hirviendo. A su vez el haz de luz que incidía sobre mi me estaba sofocando, empezaba a quemar poco a poco la tela de la camisa y la piel. Pronto mi cuerpo empezó a tomar un color rojo, como de alguien que ha tomado demasiado sol en la playa. Empecé a gritar de dolor, la piel se me estaba deshaciendo en la espalda y se quedaba pegada a la estaca de metal. Me ardía todo el cuerpo, tenía la garganta seca, de vez en cuando mi voz se interrumpía con ataques de tos sanguinolenta. Estaba cerca del límite de la inconsciencia. <<Mi tiempo se acaba, dame fuerzas para aguantar hasta que la noche caiga, aunque me ciegue el sol, se que estas siempre ahí observando...>>

La muchedumbre empezaba a perder el interés en mi y se fueron dispersando. Zed, Nicole, Marcus y Leona seguían ahí mirándome con pena y rabia. << ¿Acaso les van a obligar a estar ahí hasta que desfallezca?>>

- Son unos... despiadados....sádicos... - murmuraba febrilmente, a veces frases incoherentes - ...dame fuerzas...dame fuerzas... - me repetía como un salmo, como si solo pronunciar esas palabras ya me dieran la energía para continuar otro minuto atada ahí

El sol me cegó la vista, los síntomas de la deshidratación se hacían más acuciantes cada minuto que permanecía ahí. Había perdido la noción del tiempo. Finalmente me desvanecí.

Destinos entrelazados

<<
- ¿Diana...Sueles estar ocupada después de la clase de rakkórico intermedio? - era Leona, una chica de cabellos pelirrojos que relucían como el sol, solía ser la alumna estrella en casi todas las clases, se escondía un mechón detrás de la oreja nerviosa -Tengo la impresión de que no estoy aprendiendo tanto como debería en Oratoria, así que vengo a pedirte humildemente que me ayudes a mejorar mis facultades a la hora de elaborar y expresar argumentos convincentes.

- ¿Por qué me pides ayuda a mí? - <<¿Qué querrá esta de mi?, si soy la apestada de la clase... la marginada...>> - Ya no me dejan participar en la clase, la sacerdotisa soljurada Nemyah cree que soy irrespetuosa por compartir mis opiniones y cuestionarla en clase ¿Para qué vas a querer aprender de una persona con argumentos que nuestras instructoras consideran inútiles? Tal vez te convendría pedírselo a Sebina o a la chica esa con la que entrenas. Han demostrado ser compañeras muy leales que harían lo que fuese por contribuir a tu éxito.

- Al margen del contenido de tus argumentos, tus opiniones y reflexiones, con las cuales no siempre estoy de acuerdo, - <<ni tu ni nadie en este lugar al parecer...>> - pienso que, cuando se trata de desarrollar la lógica subyacente, tú eres la más hábil de nuestro curso, y posiblemente de todo el templo. Tus argumentos son concisos y están muy bien estructurados, siempre está preparada y deja por el suelo los argumentos de otras acólitas cuando los debates. - << Claro, predican las escrituras sagradas sin entenderlas, son como loros hablando>> - seguro que habrás oído algunos de los debates y las presentaciones de final de curso de las acólitos de otros años, ¿verdad?  - asentí - Sin duda creo que tú estás mejor dotada para darme lecciones que ninguna de ellas. Por favor, ten en cuenta que he considerado seriamente esta cuestión. Si hay algo que te esté costando, cualquier cosa con la que pueda echarte una mano, será un placer ayudarte a cambio de tu asistencia.

Me quedé atónita cuando Leona me pidió ayuda. Obviamente, no íbamos a quedar en persona. No quería que ninguna instructora mirase mal a Leona por pedirle ayuda a la hereje marginada, ni tampoco ninguna de nuestras compañeras. Dudo mucho que se fueran a meter con ella, porque es la niña prodigio de los juegos bélicos, pero a lo mejor sí que se burlarían y se reirían de ella. Y no quiero que le pase nada de eso, y menos cuando ha sido tan... ¿valiente? ¿Humilde? Lo suficiente de ambas como para recurrir a mí. Da gusto ver que alguien admite que no es la mejor en todo, y reconozco que me ha sorprendido que venga de ella. A lo mejor es porque nunca había visto a Leona flaquear en algo. Por ello accedí a ayudarla.

- Esta bien, te ayudaré. Pero con una condición - Leona se quedó expectante a que prosiguiera - mejor te enviaré cartas, no quiero que te vean conmigo - ella me miró sorprendida, ofendida - no me malinterpretes, no es que no quiera tu compañía, es para evitarte problemas, no quiero dañar tu reputación...

Después de eso nos despedimos y fuimos a la clase de historia solar, que fue tan aburrida como siempre. Le estuve dando vueltas al tema durante la clase, en realidad, me gustaba tener alguien con quien hablar de vez en cuando. Aunque sea alguien que cree con toda su alma en todo lo que nos enseñan aquí. Si asociarse conmigo significara perder todo el respeto que se ha ganado del resto, ¿Qué razón le quedaría para seguir hablándome?

>>

Ante mi cabeza pasaron una sucesión de imágenes de mi infancia, acalorados debates con Leona sobre las enseñanzas de las clases, intercambios de cartas, alguna pelea en los entrenamientos con escudo... o el día del festival del Crepúsculo diurno, cuando nos escapamos durante casi toda la tarde y parte de la noche para hablar sobre la vida y seguir con nuestros debates.


Esa noche fue la más feliz de toda mi vida, nos quedamos dormidas contando las historias de las constelaciones y estrellas que llenaban el cielo del monte Targon. Cerré los ojos contemplando el firmamento con Leona a mi lado, estábamos cogidas de la mano. De alguna forma el destino nos había unido, tan diferentes y a la vez iguales.... Cuando abrí los ojos de nuevo, esa imagen se había desvanecido, me encontraba en un sitio muy distinto. Blanco y luminoso, me costó acostumbrarme a esa intensa luz, finalmente comprendí donde estaba. << No he muerto...>> Mi cuerpo estaba dolorido, con abundantes vendajes y emplastos en mi piel, reposaba sobre una cama de hospital con un gotero a mi lado. Alguien descansaba a los pies de mi cama sosteniéndome la mano.

- ¿Leona? - ella alzó la cabeza sonriéndome

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